Las costuras amarillas, por Néstor CEBRIÁN

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Pronto dio la sensación de que el partido de la UD frente a Alcorcón se trataría de uno de esos encuentros en los que parece uno de los equipos juega en la parte de abajo de una calle en cuesta, en este caso, esa era Las Palmas. Minuto uno y penalti, parado por Barbosa, pero rápidamente se pudo comprobar que no daba la sensación de haber sido una mera circunstancia de juego. El conjunto amarillo no trenzaba y sobre el minuto 20, los vegasianos de Alcorcón ya habían batido la meta de los locales en dos ocasiones.

Salvando el partido de Elche, a causa de la no retransmisión, del que opinar obliga a ejercicio imaginativo subjetivizado por el locutor de turno, no se había visto una Unión Deportiva tan deslavazada en lo que llevábamos de Liga. El Racing no comprometió la portería amarilla hasta el minuto 80 y lo hizo a base de intensidad. El Lugo, por su parte, lo logró usando el juego de toque, no obstante no llegó a descomponer al equipo. Sin embargo, el Alcorcón, fue un rival totalmente inabarcable, obligando a cambiar el guión amarillo, de hecho dejó sin argumento a la UD que se presentaba con la baja de Pignol, suplida por Javi Castellano. En un cambio de cromos, David García pasó a la banda, Deivid al central derecho y el gemelo ocuparía la anterior demarcación del último. El resto de jugadores, los mismos que ante el Racing y el Lugo. Sin embargo, nada fue lo que era.

El centro del campo no existió. El equipo se colapsó por el medio y si esta Unión Deportiva falla en esa parte del campo metastasea —disculpen la licencia en forma de alarmante metáfora—. Sin creación en el centro del campo el juego de triángulos de Lobera pierde un vértice, de hecho pierde el vértice. El primer apoyo a la salida desde atrás. El peldaño inicial de la escalera. Ese vacío se podía observar perfectamente con unos madrileños tomando el centro y unos amarillos fluyendo a su alrededor. El juego carecía continuidad y movimientos, de lo que había dado buenas sensaciones en la apertura de la temporada, de su base del juego y seña de identidad hasta hace solo dos semanas.

Solo hubo que tapar con un dedo el centro y a partir de ahí todos incómodos. Los jugadores cambiaron su papel en la obra. El padrino hacía de novia, la novia de pastelera, la pastelera de cura y el cura se hizo ateo. Esta falta de un jugador central que pivote y en el que apoyarse obligaba a la conducción en solitario bajo la tormenta. La única vía de salida eran los laterales de apoyados en los mediapuntas exteriores. Aún así no lograba causar daño por fuera y con dos goles en contra el juego se descontroló. Fue a través de una de esas asimetrías cómo se halló el camino por el que llegó el único tanto. En el minuto 44, Murillo rompe por el centro, la primera vez que lo lograba el equipo sacando la pelota desde atrás, y tras una combinación desde la frontal y dentro del área que acaba con gol de Momo. Similar al del Racing o al del Lugo. Y aún y con esas la escuadra visitante tuvo una oportunidad antes del descanso para alejarse de nuevo en el marcador.

A la vuelta, la única oportunidad de Las Palmas pasaba porque el Alcorcón tuviera miedo a perder los tres puntos dedicándose a guardar su grano, ya que no daba la sensación los amarillos de poder acoquinar a su rival gracias a su juego. A partir de ahí, esperar que sin el problema de llevar la pelota hasta tres cuartos desde atrás y con la potencia de fuego ofensiva de la Unión Deportiva pudiera cambiar el partido. Y eso pareció al comienzo de la segunda parte. Thievy sustituía a Sergio Suárez dando mayor presencia por el centro y por las bandas. Deivid y David García, asimismo, intercambiaban posiciones. No obstante poco duró el reprise local, Las Palmas concedía un gol de córner, manifestándose el espíritu de las navidades pasadas. Los goles a balón parado.

De nuevo tocaba anotar un tanto para abrir otra vez el partido. Momo pasaría a ser el mediocentro creador y no se le veía cómodo. No por falta de intentarlo, todo sea dicho. Y es que el partido concluyó cuando la diferencia se volvió a situar a dos goles de diferencia, con un Alcorcón ejecutando a la perfección el manual de Bordalás sin dejar respirar a los amarillos, consiguiendo una victoria absoluta desde la táctica. Ayudándose reiterativamente, en la segunda parte, en las infames artes ilusorias del fútbol, innecesarias visto lo visto, pues ensombrece su notable partido desplegado.

Con volatizar, como hizo el Alcorcón, el centro del campo amarillo le bastaba y sobraba para destrozar a la Unión Deportiva Las Palmas. Dejando de paso al descubierto las costuras amarillas, su mediocentro, impidiendo el pase al medio. Lo que ocasionó, en definitiva, una preocupante carencia de un centro gravitatorio que bascule y sobre el que orbiten el resto de jugadores. Quedándose el equipo sin brújula. Por ello, Lobera y sus jugadores se acaban de encontrar con su primer gran reto de la temporada. Rearmarse su centro neurálgico, que no es poco.

por Néstor Cebrián
 @NestorCebrian
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