Una fe a prueba de pecados, por Carlos TORRENT

Carlos Torrent | 09 septiembre, 2012 | 18:56 |  

Si es cierto que de los errores se aprende, ayer sábado Las Palmas se llevó una clase maestra. Un correctivo que se quedará en la memoria colectiva para subsanar actitudes, conceptos, intensidad y, lo que es peor, fallos imperdonables para una plantilla profesional que por un día pareció reflejarse en el espejo de categorías infantiles. Un desastre que martirizó a los aficionados que empiezan a resignarse demasiado temprano. Porque no es normal que en la jornada cuatro el equipo compitiera con el alma de las últimas jornadas de la pasada campaña en las que vagábamos por tierra de nadie y el Estadio comenzó a asemejarse a un desierto. Uno abandonó el recinto de Siete Palmas con la perplejidad de no saber qué habrá podido pasar para que un equipo que lucha por ascender saltase al terreno de juego con la mayor de las apatías.

Podríamos individualizar en Barbosa, que vivió bajo la sombra del larguero; en Corrales y David García, que fueron la antítesis de la idea de jugar con laterales de calidad; o en Deivid y Murillo, cuyas espaldas fueron una autovía sin peaje. Podríamos señalar a Javi Castellano, que no logró conectar con nadie; o a Sergio, que fue una vez más intermitente. También podríamos apuntar con el dedo acusador a un Momo falto de ritmo o a un Vitolo empeñado en atravesar muros con camisetas del rival. Podríamos perfectamente decir que el denominado “mejor jugador de Segunda División” fue una caricatura de sí mismo o que Chrisantus deambuló por la parcela atacante sin pena ni gloria. Incluso podríamos detestar el planteamiento de Lobera y aborrecer cómo colocó a sus jugadores y los cambios que efectuó. Pero es que entonces estaríamos encontrando doce culpables.

Simplemente creo que fue uno de esos días. Poner en jaque el proyecto que, creo, sigue siendo ilusionante pese a los primeros tropiezos, y la filosofía de un entrenador para quien todo eran vítores hasta hace diez días, sería de mal gusto. Entiendo la frustración transitoria. Yo fui el primero en sentirla. Pero no podemos enviar los sentimientos al paredón en septiembre. En estas fechas en las que todos veneramos a la Patrona de la Isla, perdonemos sus pecados. Eso sí, siempre después de establecer un propósito de enmienda, que ya ha llegado, y de una justa penitencia, que estoy convencido de que llegará. Solo así la fe permanecerá intacta.

 

por Carlos Torrent

 @ctorrent 

Más artículos de Carlos Torrent