El ‘Loberismo’ es una cuestión de fe, por José MENDOZA

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OPINIÓN| Desde el principio, el ‘Loberismo’ ha sido una cuestión de fe. Ningún aficionado de la UD había visto un partido de los equipos dirigidos por este entrenador. Ninguno había oído hablar de él hasta que se le citó como posible asistente de Tito Vilanova. Sin embargo, desde que aterrizó nos encandiló con su discurso y sus intenciones. En este club inestable deportivamente y acostumbrado a segundas o terceras etapas de entrenadores con libretos ya conocidos, la sangre nueva fue bienvenida. Thievy parecía una escopeta de feria en el Espanyol, y Murillo, el jefe de la defensa que se necesitaba, llegaba de Segunda B. Más tarde Tato llegaba de un Xerez hundido. Dio igual, pensamos que si este entrenador desconocido les fichó es que algo tenían que tener. La fe tuvo premio.

En la primera jornada se confirmaron las más altas expectativas. Luego llegó aquella serie de derrotas que dio con nuestros huesos en el descenso. Se pinchó el globo, pero cualquier otro entrenador hubiera sido destituido con semejante racha. El equipo ha ido creciendo poco a poco desde entonces y ahora se encuentra en una posición de privilegio. El modelo de juego no es ni mucho menos el que se esperaba, pero en ocasiones no ha estado excento de vistosidad. La fe tuvo premio.

La última vez que ese sentimiento ha sido puesto a prueba fue este mes de pinchazos que ha culminado en una semana de inquietud con final feliz. David González puso la puntilla con sus declaraciones a los compañeros de ‘Doble Pivote’. El análisis del centrocampista fue tan acertado como inoportuno. Acertado porque el equipo ha pecado de jugar al contragolpe, estilo en el que Thievy ha sido la principal baza, y porque las rotaciones han sido escasas. Lobera respondió dando entrada a un Javi Guerrero que en ocasiones ejerció de mediocentro, el equipo sobó la pelota, metió atrás al Numancia, llevó la iniciativa y ganó el partido. Ahí estaba el plan b. La fe tuvo premio.

Por un mísero punto la UD depende de sí misma en la última jornada. Y ese punto es el punto de la fe. El de la esperanza en un entrenador desconocido y en fichajes que parecían erróneos. El de la credibilidad en un equipo que no se la ha merecido en varios tramos de la temporada. El de los goles en el descuento: Vitolo al Murcia, Hernán al Barcelona B, Murillo al Almería y Thievy a la Ponferradina. El de las paradas de un monumental Barbosa. El de la mano salvadora de Mario, guardameta del Racing, también en el descuento y contra la Ponferradina. La fe ha sido alimentada en multitud de ocasiones. Falta un último empujón. Sergio Lobera y, por extensión, toda su plantilla, está tocada por una varita. Me resisto a creer que la fe no tendrá el premio gordo.

[box size=”large”]nrobaina_200por José Mendoza
twiter_25 @JoseMendoza24 | Periodista de SportYou.es y colaborador de udlaspalmas.net
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