Una para aprender, por Miguel Hernández

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El tiempo ayuda a reflexionar, a mirar de forma más objetiva el pasado y a aclarar las ideas por entonces difusas. Esta temporada de consolidación de la Unión Deportiva Las Palmas en Primera División extrae distintos asuntos que no deben caer en el olvido. Aprendizajes necesarios para el crecimiento de un club que –no lo olvidemos– ha cumplido con creces su objetivo este curso.

Abordar la renovación de Quique Setién a mitad de temporada parecía una buena idea, pero no se pensó en las consecuencias, quizá porque por entonces había buena sintonía. De salir bien, la historia habría sido distinta. La sensación que queda es que las partes se fueron distanciando y la negociación, al final, era una simulación por un lado y por otro. Los dos querían separar sus caminos, aún a sabiendas de lo bien que mezclaban estos dos ingredientes en un cóctel que dejó un regusto maravilloso durante todo el 2016.

Es difícil de concretar la exposición negativa que toda la negociación televisada de Setién ha dejado en el equipo. Se percibe cierto desaliento entre los jugadores. Ahora sí se puede afirmar que los hechos de Madrid en enero dejaron heridas sin cicatrizar. Setién, harto de ciertos comportamientos, decidió hacer público su enfado y sanciones. Y desde entonces, todo se rompió.

El técnico cántabro ha hecho algo grandioso en su etapa en la Unión Deportiva, algo que se recordará por décadas. Revivir el espíritu del fútbol que se practica en Gran Canaria, identificar a la gente con un modelo de juego y hacer creer que no es una idea en absoluto descabellada. Hacer un fútbol atractivo y obtener resultados era posible.

No se dejen llevar por el último tercio de competición: sin tensión competitiva este modelo –ya de por sí riesgoso, como todo aquel que toma la iniciativa en cualquier aspecto de la vida–, es un peligro. Hay que acordarse de las garantías que daba el equipo con la misma idea de juego, independientemente del rival y el contexto durante el año pasado.

Setién ha marcado un camino correcto. Ahora el bólido necesita un conductor nuevo que no se desvíe y, a poder ser, que congenie bien con sus ocupantes durante el trayecto. Un buen papelón para una Dirección Deportiva que suele acertar en los últimos años.

opiMiguelHernandez

Twitter: @mhernandez

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