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La reconversión del Moco

Escrito el: 31 Agosto 2009 18:20 | Autor: Francisco Mayor | Archivado en: General | 1 comentario »

Había mucha expectación en el Estadio de Gran Canaria el pasado sábado en el estreno de nuestro equipo amarillo. Un nuevo proyecto basado en un golpe de timón ejercido por la junta directiva: un equipo técnico solvente, una plantilla con savia renovada y mejorada, un objetivo claro y una afición que ha reseteado su ilusión para esta nueva temporada.

La pretemporada ya dejaba entrever los primeros cambios que todos hemos percibido. El primero, la actitud. La filosofía ganadora de Kresic y su capacidad para mentalizar al equipo para la victoria dio sus frutos. La lucha del equipo dejó satisfecho a los aficionados a pesar de no conseguirse la victoria. Había pocas incorporaciones nuevas en la alineación, pero resulta curioso comprobar la transformación que han sufrido algunos jugadores, como David González y Salomón Rondón.

En el debate que siempre se ejerce sobre David González, totalmente hamletiano, se ha abierto un nuevo capítulo. Y es que llama la atención verlo situado junto al mediocentro repartiendo el juego desde tan atrás. Y el resultado ha gustado muchísimo. Queda la sensación de que ha llegado alguien que ha entendido al mayor genio incomprendido que ha vestido la camisa amarilla: adorado por la afición, nunca ha jugado de forma regular. Nadie hasta ahora ha apostado decididamente por él ni ha aprovechado esos recursos únicos y valiosísimos que posee ni le han pulido los defectos para que explote todas sus virtudes.

David juega siempre un partido diferente al resto. En la segunda parte, antes del primer cambio, ya daba la sensación de estar agotado. Sin embargo, fue al final del partido, los últimos veinte minutos, donde se vio lo mejor y lo peor de él.

Causaba un orgullo indisimulado comprobar cómo los defensas le vigilaban a dos metros mientras no daban un centímetro a los demás. Se palpaba el pánico en los txuriurdines cada vez que González sacaba el balón con jerarquía y se acercaba al área. Sin embargo, no acabó el partido porque en lugar de tropezarse, David metía el pie para cortar dos jugadas con cierto peligro. Y Rivas, el gran protagonista del equipo realista, en el campo.

David González, que se ha convertido en nuestro particular Xavi Hernández, debe trabajar algunos aspectos. Saber evitar las embestidas, los choques que le atropellan, ganar confianza y saber claramente lo que debe hacer en su posición, porque las prestaciones de juego que ofrece no las veo en muchos jugadores que han jugado toda la vida en primera división.

Y es que el fútbol moderno es así. No parece hecho para un artista.


Felicidades, UD Las Palmas

Escrito el: 22 Agosto 2009 16:52 | Autor: Francisco Mayor | Archivado en: General | Sin comentarios »

Algo que uno cree es común a todos los aficionados amarillos de la UD Las Palmas es la identificación de cada uno de nosotros a la entidad y a su recuerdo. En nuestra memoria colectiva anidan miles de recuerdos, buenos y malos, alegres y tristes,… pero siempre queda como una imagen pegada a un lugar recóndito de nuestra memoria la primera vez que uno vio jugar a nuestro equipo.

Hoy, que nuestra entidad cumple sesenta años, me permito recordar, como homenaje a nuestra club, la primera vez que logré entrar a nuestra santuario de Pio XII. Fue un 21 de mayo de 1973, y el rival, el Valencia C.F. Era el último partido de aquella temporada, y aunque ya había visto a nuestro equipo en la pequeña pantalla, entrar al Estadio Insular aumentó más, si cabe, el interés por estos colores. Como una imagen añeja que he visto mil veces, recuerdo antes de entrar vivir un ambiente de optimismo. Tras el paso obligado por el Viena y alrededores (cuántas horas sentado esperando…), te tropezabas con amigos del cole que iban también acompañados de sus padres. El olor a jarea, el bullicio de la gente, todo un aperitivo de lo que se cocinaba dentro. Entré de la mano de mi padre por las puertas de la Grada Sur, subí los escalones que te llevaban al primer pasillo y me quedé helado durante varios segundos mirando el verde del césped, oliendo su intenso aroma, viendo a tanta gente junta: el estadio, lleno a rebosar. Las banderas, alineadas en función de su situación clasificatoria; el marcador, rudimentario, eran unos carteles grandes, del tamaño de una persona (o a mi me lo parecía…) que lo cambiaba un señor que siempre estaba medio colgado de la estructura del mismo. Cada gol era obligado mirar el marcador para comprobar la veracidad del resultado y las mañas de aquel señor que colocaba esos carteles con el número correspondiente.

Una vez comenzado el partido se cambió el chip y el público comenzó a jugar su partido: aplausos, abucheos, reproches, exigencias, alegrías…una suerte de factores que provocaban la alegría y el enfado en pocos instantes. Partido algo bronco, un Valencia timorato metido atrás y un gol de Germán en las postrimerías que hizo justicia.

A partir de ahí, y hasta hoy, nuestro equipo ha sido siempre objeto de mi interés: lloré la muerte de Tonono, vi al equipo meter cinco en la UEFA, disfruté la clasificación para la Final de la Copa del Rey, lloré su descenso en el 83. Y vuelta a disfrutar años más tardes. Siempre así: alegrías y tristezas. Todos los sentimientos tenían cabida cada semana. Pero si algo me enseñó fue la identificación de una tierra con sus colores.

Llegaron tiempos malos: muchos abandonaron el barco, otros se apuntaron…y la UD siguió viviendo, a veces presa de su propio recuerdo y exigencias. El fútbol cambió y el destino nos colocó en otra situación, donde muchos años después tratamos de revertir.

Pero hoy, cuando voy a Estadio de Gran Canaria, tengo los mismos cosquilleos. La sensación de que algo grande voy a vivir. Estamos en Segunda, algo impensable en mi infancia y en mi juventud, pero mucha gente tiene la misma ilusión o más, si cabe, que entonces.

Gracias, UD. No creo que solamente deba felicitarte por tu sesenta cumpleaños. También creo que debo darte las gracias por estar siempre ahí: en mi memoria, en mi interés por verte y en la convicción de amar al mejor equipo del mundo.