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Juramentarse

Escrito el: 26 abril 2010 10:18 | Autor: | Archivado en: General | Sin comentarios »

Aquellos barros han dejado estos lodos. Una vez más, toca a la afición, jugadores y todo el entorno amarillo juramentarse, apoyarse y unirse para evitar el cataclismo del descenso, tal y como se hizo el año pasado, sin ir más lejos.

Como se dijo hace doce meses, a final de temporada, una vez conseguido el objetivo de la permanencia, hablaremos de quiénes han sido los culpables que nos han llevado a esta situación, que son muchos. Unos deliberadamente, otros, inconscientemente, han llevado a nuestro equipo a la deriva de la desilusión y el hartazgo, pero ahora toca olvidarnos de ello.

Esa frase famosa de que “El pueblo que olvida su historia es capaz de repetirla” tiene visos de ser una advertencia. No es la primera vez que nos jugamos una especie de final contra el Betis.

Fue en mayo del 88. La UD realizaba una de las temporadas más extrañas hasta entonces. Tras un comienzo titubeante, logró remontar posiciones en la tabla clasificatoria con la vuelta de Roque Olsen. Ese año se lograron gestas, como meter cinco goles al Sporting en media hora, cuatro al Valladolid, o ganar fuera de casa a Zaragoza o Español, y arrancar un empate en el Camp Nou. Pero, a raíz del partido contra Osasuna en casa, el equipo comenzó a tener la rutina de perder todos los partidos como locales, sacando algunos puntos fuera. De tal manera que se llegó a la última jornada, donde nos jugábamos todo contra el Betis, que estaba igual que nosotros.

A pesar de que se juramentó la afición, de que llenamos el campo, con banderitas, pintamos aquel día el estadio de color esperanza. Pero aquel manojo de nervios que era aquel equipo, víctima de una inseguridad aplastante, fueron un lastre grande. Un gol de Gay, ante un nervioso Manolo, y otro de Zafra, contrarrestaron el gol local de Narciso. Aquel día, bajamos a Segunda División. Aún recuerdo los nervios en el estómago subiendo, desilusionados todos, las escalerilla de la curva.

Este año ha sido, para variar, otro más que apuntar al carro de la desilusión. Íbamos a estar peleando por otros objetivos, pero nuestras contradicciones y nuestras carencias nos han puesto donde merecemos. Tal vez por ello, debemos ser consciente de lo que nos estamos jugando, y deberíamos hacer como hacíamos en el Insular, jugar nuestro partido. Olvidarnos de los sinsabores, de las contradicciones, de la falta de profesionalidad, dentro y fuera del campo, de algunos miembros de la entidad amarilla. Pasar otra vez por el umbral de la Segunda B puede ser la muerte definitiva de este club. Y eso si que no lo podemos permitir los que no podemos vivir sin estos colores.

Contra el Betis se inicia una serie de partidos que debe hacer ver a todos lo que nos importa este club. Dejemos la crispación y el ambiente enrarecido para el final, cuando no se pueda aprovechar de ello el rival. No demonicemos a jugadores, porque los necesitamos. Por nuestra ilusión, por aquellos que ya no están, salvemos entre todos a este equipo.


Bandazos

Escrito el: 13 abril 2010 11:12 | Autor: | Archivado en: General | Sin comentarios »

La directiva de la UD tomó ayer una decisión difícil. No tanto por el trabajo y por los resultados ofrecidos a lo largo de la temporada, sino porque este cese supone el sexto, en cinco años, de un entrenador en la etapa de Miguel Ángel Ramírez. El presidente no sabe lo que es tener a un entrenador una temporada completa. No hay proyecto que madure a lo largo de una sola temporada. Ni siquiera el año del ascenso, aquel que nos llevó el gol de Nauzet en Anoeta.

Al contrario, Ramírez utiliza su instinto protector para volver a traer probablemente al hombre más demonizado de la historia amarilla. Como si de un juego se tratara, donde se midiera la paciencia de la afición, vuelve Juanito a la palestra (aunque parece que, según los indicios, nunca se había ido). Al mismo tiempo, los resortes que utiliza el club se encargan de desfocalizar la realidad que perciben los aficionados. En ese sentido, Ramírez está cometiendo el mayor de los errores.

Sin embargo, esto no debe ser óbice para ser críticos con el equipo técnico. Aunque se trabajaba en unas condiciones difíciles, ya que desde dentro del club se alimentaba este resultado final, eso no quita que un entrenador con el prestigio de Kresic ofrezca no sólo este espectáculo, sino la falta de respuestas a una situación difícil. Además, se anuncia la vuelta de Juanito y, desde entonces, tenemos un espectáculo de defensas de verbena, goles ridículos, y vergüenza en el aficionado que siente estos colores.

Uno no recuerda, y mira que hemos tenido equipos impresentables, ver al equipo llegar a este nivel de miseria moral. La falta de fe, de profesionalidad, en jugadores que, sin estudios, cobran diez veces lo que gana uno. Equipos muertos resucitan de forma milagrosa como si se convirtieran en una nueva versión del Bayern Munich de los años 70; jugadores que eran considerados buenos fichajes al principio de temporada se han diluido como azucarillo; otros, que no llegan al nivel de aprobado en aptitud, ve como se le renueva el contrato ya que la plantilla está tan descompensada que una lesión, o cualquier excusa, convierte al suplente en titular indiscutible.

Desde fuera, mirando el fútbol y los resultados que ofrece el equipo, esta decisión parece la más acertada. Pero Ramírez ha sido el gran culpable de esta situación. Por no dejar trabajar tranquilos a un equipo técnico solvente, por no darle una plantilla competitiva y compensada, por propiciar las críticas injustas desde dentro del club. Como dicen los aficionados más críticos, como si fuera un guión elaborado hace tiempo que culmina con la vuelta de Juanito.


Descomposición

Escrito el: 05 abril 2010 13:12 | Autor: | Archivado en: General | Sin comentarios »

Ya llegó ese momento crítico y cíclico que cada cierto tiempo nos toca vivir a los aficionados de la UD as Palmas. Amén de los escasos resultados que ponen a todos en tela de juicio, tenemos el agravante del anuncio por parte de Ramírez de la vuelta del inefable Juanito. Este anuncio, junto al espectáculo tan deprimente ofrecido el pasado sábado, ha devuelto al desánimo de una afición que le cuesta asimilar toda esta serie de cambios y vuelta de alguien que cuenta con un rechazo casi generalizado.

“La UD es de todos, pero cuando toca pagar, es Miguel Angel Ramírez quien paga y este año han sido 2,5millones de euros. Si no me puedo permitir el lujo de contratar a quien yo decido, ¿Qué hago yo aquí?”, se plantea con una lógica tan aplastante como incoherente. No cae en la cuenta de que el capital de la UD, la afición, con sus juicios semanales, sus debates, sus foros, es más fuerte de lo que cree, a pesar de que sea él el que pague. Es así de cruel. La afición es la que da el reconocimiento, la que sube a los altares o baja a los infiernos a presidentes entrenadores o jugadores.

Se adivina, más bien, un hartazgo de ese proyecto que nunca se consolida: todos los años de Ramírez han contado con plantillas infumables, ceses de entrenadores, proyectos interrumpidos, debido a los malos resultados. En lugar de ir reforzando las carencias, ha ido dejando escapar lo bueno que había. Este año ha aportado dinero de su bolsillo; el proyecto, por distintas circunstancias, no ha funcionado, y las críticas a la elaboración de una plantilla descompensada, más el desgaste de imagen de unos jugadores que han aportado mucho al equipo en otros años, parece algo difícil de asimilar para el presidente. Se cae, una vez más, el castillo de arena.

Da la sensación de que Ramírez no quiere seguir. Realiza los fichajes más impopulares y no cambia los pilares del vestuario, como intentando comprobar hasta qué punto es capaz el aficionado de aguantar. Amén de otras cuestiones del club, ajenas al vestuario, y que ya han sido comentadas aquí recientemente. Parece buscar una especie de suicidio, a costa de su popularidad, para tratar de largarse del club. El rumor de que nuevas caras podrían aparecer en el Consejo de Administración quizá sea eso, un rumor. Porque Ramírez parece,por lo que cuenta, que está deseando largarse y estaría deseando que eso sucediera. Pero, suceda o no, mientras tanto, ¿Qué hacemos con nuestro equipo?