Érase una vez…
Escrito el: 24 Mayo 2009 22:47 | Autor: Esteban Suárez | Archivado en: General | 1 comentario »ÉRASE UNA VEZ….
… una tierra cualquiera, como la de los cuentos y novelas de leyendas.
En esa tierra, como en cualquier otra, había ínsulas, penínsulas, mares, playas, ríos, montañas, valles y andurriales.
Se jugaba a cierto juego (valga la rebuznancia) que hacía furor entre la masa del pueblo llano. Cada fin de semana las poblaciones de esa tierra enfrentaban a sus entorchados contra los de las demás en una justa de todos contra todos.
Se ponía en juego el orgullo, la clase y el sentimiento de cada población para ganar el respeto, la reverencia y la envidia de los demás.
Veintidós poblaciones ponían en lid sus colores semana tras semana.
Empezaba el año en la ínsula del sur y sus habitantes sentían que este año conseguirían el objetivo de ser la admiración de la tierra que nos ocupa.
Al frente de los mancebos insulares se encontraban su gran caudillo, que había conseguido lo que nadie en la historia había osado. El año anterior relevó del mando al capitán de la ínsula, cogió a su tropa última y desahuciada y la puso entre las mejores.
En palacio, Luis XIII Ramírez, debía contentar al populacho y renovar su confianza en su caudillo. Mientras, su mano derecha, el Cardenal Richelieu Rodrigueau no muy contento con esta decisión comenzaba a mover sus hilos.
Avanzaban las justas y el caudillo de la ínsula no lo veía muy claro. Sospechaba de conjuras palaciegas y notaba que su tropa no le tenía el mismo apego que antaño.
Mediado el año de justas, Luis XIII Ramírez, ejecutaba la sentencia que durante tiempo y por desgaste tañían las campanas de Pío XII: La expulsión del reino de su caudillo.
Rápidamente, el Cardenal Richelieu Rodrigueau, sigilosamente susurró el nombre del nuevo caudillo:
-¿Él? (preguntole Luis XIII Ramírez).
-Sí, Majestad, Él (respondiole el Cardenal).
Su Majestad convocó al populacho para presentar al nuevo capataz de los jugadores de la ínsula.
Todos dijeron ¡¡¡ ¿Él? !!!
Y así les fue: Semana tras semana las justas avergonzaban al populacho; los mancebos campaban a sus anchas; unos apenas se esforzaban, otros se desorientaban con ¡¡¡ ÉL ¡!! y los de más allá se entretenían más en defender su escalafón de intocables que de poner a todos sus camaradas firmes en pos de la victoria.
Y pasó lo que siempre sucede cuando al populacho no se le da lo que se pide: LA REVUELTA.
Mientras ¡¡¡ Él ¡!! continuaba con sus andadas y daba una vuelta de tuerca más a la revuelta popular con sus insolentes comentarios, Luis XIII Ramírez convocaba en su corte a toda la plebe de la ínsula para explicarles lo que sucedía, y defendía a su Cardenal a capa y espada.
El Rey contaba con que las cuatro últimas plazas del torneo sería para cuatro poblaciones a cuál peor:
- Las Reverendísimas madres de los Infantes del Sur llevaba tiempo desahuciadas.
- Las Madres de Costa Este de la península acaban de ser eliminados.
- Los Santísimos Padres del Norte iban a caer en breve.
- Y los Apostólicos y canónigos hijos de la Vitoria resistirían hasta última hora.
Richelieu Rodrigueau, ganaba de nuevo y volvería a ser, un año más, quién dirigiera desde palacio los hilos desde la sombra de sus aposentos. Sabía que estaría ante su último cartucho. El Rey, no aguantaría más otro año de sublevaciones y revueltas.
Fuera el caudillo de principios de año y con el populacho revoltoso por la impudicia del Rey y del Cardenal, la siguiente jugada maestra de Rodrigueau no era otra que la que ya había tenido en mente desde un principio: Quitarlo a ¡¡¡ ¿Él? ¡!!
Y quién era ¡¡¡ ¿Él? ¡!!
Ya lo habrás adivinado.
Él era….
…. La Gárgola.
Y, colorín, colorado, ¿Este cuento ha acabado?

