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La metáfora del Maestro Zen

Escrito el: 28 Julio 2010 13:39 | Autor: Néstor Cebrián | Archivado en: General | 1 comentario »

Extraído de la película “La Guerra de Charlie Wilson”

Hace muchos, muchos años, en el lejano Oriente, se cuenta la historia de un niño que nació en una familia muy rica por lo que cuando su madre dio a luz todo el mundo empezó a decir “Que niño más afortunado”.

Entonces el Maestro Zen dijo: “Ya se verá”.

Pasó un tiempo, el niño creció y sus pudientes padres le llevaban a montar a caballo. Un día el niño se cayó del caballo y se rompió las dos piernas. Todo el mundo empezó a decir: “Que mala suerte. Que niño más desafortunado”.

Entonces alguien preguntó al Maestro Zen y el respondió: “Ya se verá”.

Al cabo de unos meses estalló una guerra. Todos los jóvenes tuvieron que ir a la batalla excepto el chico que como tenía las piernas rotas se salvó de ir a la guerra. Entonces todo el mundo empezó a decir: “Que suerte. Que niño más afortunado”.

Alguien se acercó al Maestro Zen para preguntarle. Y el Maestro Zen dijo: “Ya se verá”…



El cuento del Lazarillo del Muelle Grande y la espera insufrible

Escrito el: 24 Julio 2010 03:03 | Autor: Néstor Cebrián | Archivado en: General | Sin comentarios »

El día amaneció con el tiempo ‘raro’. Parecía que se quería levantar pero no terminaba de lograrlo. Los alisios habían traído unas nubes que darían un toque épico al final del día. Regalándonos la vista con camisetas embarradas como si de la Paris-Roubaix se tratase.

La temporada empezó igual que ese día. Rara. No se había ganado en pretemporada ningún partido. Y el primero, en Palma, ante un Mallorca recién eliminado en la previa de la Champions, 0-3. Luego no se marcaría ningún gol durante las siguientes cuatro jornadas.

Aquella mañana, y aquella tarde todos estábamos inquietos. Y eso se percibía. Como Hiro Nakamura nos concentrábamos mirando el reloj para adelantar el tiempo. Normal. No siempre se recibe a tamañas personalidades.  Aquella noche teníamos una oportunidad para gritarle al fútbol que no se olvidara de nosotros. Y más importante, para gritarnos a nosotros que no nos olvidáramos de nosotros. Que podemos tener éxito. Que  sabemos cómo. Ese día jugábamos contra el Real Madrid. Por segundo año consecutivo.

Y ese grito se manifestó en el minuto 75

Alberto, con su clásico movimiento pendulante, alza la cabeza. Rubén se está moviendo. Le da un pase desde casi el círculo central. El pase. Al pie. Picando la pelota entre los dos defensas internacionales Fernando Hierro y Míchel Salgado. Los zagueros confiados, habían dejado un espacio sin percatarse que aquel que andaba suelto sin marca era el Lazarillo del Muelle Grande. Y le permitieron presentarse ante a Iker Casillas, quien ya le había comido mucho terreno, menguando su margen de maniobra.

Pocas opciones tenía el isletero. Astutamente se la consigue colar por debajo de las piernas del cancerbero. Sin embargo, éste la toca ligeramente, lo justo para que el esférico cambiara su trayectoria y se desviara de la portería por unos centímetros. Por algo le llaman “El Santo”. El tradicional sino del modesto frente al equipo blanco. Clemente primero, ajusticiado después.Comparadas con aquellos segundos, todas las inacabables horas previas, pasaron tan rápidas como un ‘sketch’ de Los Simpson. Los que iban  desde que la pelota sale de su pie hasta la suerte final.

Rubén, quien no estaba dispuesto a contarle a sus nietos el gol que no le marcó al Madrid, esprinta. Salta varios metros. Estira su pierna izquierda buscando la parte exterior de la base del poste. Y contacta con el cuero para hospedarlo en el gol. Benditos los que protagonizan nuestras glorias.

Todos los sinsabores, todas las decepciones de la UD han merecido, y merecerán la pena, por esos dos segundos de espera insufrible. Y por el siguiente. Alberto Santana no pasará a mis relatos por su temporada, sino por dar el mejor pase que jamás he visto. Amnistiaré los vaivenes de Rubén Castro, por el sprint más brutal que he presenciado. Por haber metido la pierna cuando la pelota se escapaba por unos malditos centímetros. Y por anotar el gol más bello jamás marcado.

PD: Puede que aquellas camisetas no salieran tan embarradas de aquel del césped del Insular. Ni que todos y cada uno de los grancanarios se levantaran nerviosos aquella mañana. Ni que el pase de Alberto fuera desde el centro del campo. Ni que Rubén saltara varios metros, o que marcara el gol más bello. Pero así lo grité. Y como tal lo recordaré y lo contaré.


La selección y mi elección

Escrito el: 04 Julio 2010 22:40 | Autor: Néstor Cebrián | Archivado en: General | 6 Comentarios »

En estos días en los que el fútbol de clubes se encuentra en ‘stand by’ hasta la conclusión del Mundial siempre anduve con una duda existencial ¿Por qué no me vuelvo tan loco por la selección como me ocurre con la UD? Veo las banderas rojigualdas y videos, escucho el himno y soy incapaz de sentir lo que siente el macho Camacho. Mis pelos no se ponen como escarpias como a él, y como a muchos españoles. No digo casi todos, porque tengo muchos amigos a los que el fútbol, ni frío, ni calor.

Preocupado fui a un curandero españolista. Me habló del furor por la patria, por los colores de la bandera. Me relató la gloria pasada del Imperio de Felipe II y de su padre Carlos, intentando insuflarme espíritu, pero nada oye. Así que cuando me marché de su despacho me indicó que quizá mi respuesta la encontraría en una animadversión subconsciente.

Así que me acerqué a un curandero independentista canario.

- ¿Por qué no se me pone la piel de gallina escucho corear el ‘lolololo lolololo’? ¿Por qué me atrae más La Marsellesa?   ¿Por qué no creo que todo el mundo confabule contra los españoles? Le pregunté

- Porque nos llevan oprimiendo cinco siglos, y tu yo-interior se rebela ante esas manifestaciones. Como Francia es el enemigo histórico español junto a la pérfida albión, tus neuronas lo toman como algo bueno.  Me respondió.

Debe ser una cuestión política, pensé. Una cuestión de relación Canarias-Estado, de feeling, como diría Guardiola. Pero entonces, ¿por qué la selección de Basket si levanta mis bajas pasiones? No puede ser sólo política, prefiero que España gane a que pierda, como prefiero el agua con gas, al agua sin gas. Ni lo de la selección de baloncesto  será por culpa de Pedro Barthe y de los arbitrajes pro-Yugoslavia.

Andaba en penumbra hasta que leí una entrada del blog de Enric González, y creo que encontré mi respuesta. Nunca fui, ni seré un patriota español al uso.  Me une a mis paisanos más la forma de ver la vida, la guasa y la alegría, que el amor irracional a una bandera o a unas notas musicales que no me dicen gran cosa. Me di cuenta que los éxitos de la selección no me “sulibellan” porque sus fracasos no me frustran. Y no hay mejor victoria que la que viene desde el sufrimiento. Y comprendí, que al igual que a los amigos y a la familia, los clubes los eliges y la selecciones te tocan.

“La Roja” se te asigna cuando naces, algo que a la mayoría le encanta. Pero en cuestión de Mundiales y Eurocopas, mi opción es disfrutar y apoyar a aquellas que me llegue su fútbol, su discurso, su trayectoria. Fútbol en ausencia de filias y fobias. El pasado Mundial iba con una, en éste con otras. Me llegan las más humildes o las tapadas, porque me siento reflejada en ellas. Sin importarme sus banderas, y su cercanía física. En cuánto más exóticas y más ofensivas, mejor.

Sin embargo a Las Palmas la elige uno (o ella te elige a ti). A la UD, se le ama sufriendo durante todo el año. Lo siento, pero “la amarilla” no me deja hueco en el ropero a otros colores.