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Punto de no retorno

Escrito el: 16 abril 2010 15:35 | Autor: Miguel Hernández | Archivado en: General | Etiquetas: , , | Sin comentarios »
Uno más. Con Kresic ya son ocho. Márquez, sin embargo, lo ve como algo normal "en el fútbol"

Uno más. Con Kresic ya son ocho. Márquez, sin embargo, lo ve como algo normal "en el fútbol" / Foto: DIARIO AS

Durante estos cuatro años en la Segunda División si hemos aprendido algo en la mediocridad reinante es el apoyo incondicional en puntos de no retorno. Siempre los hubo: hemos coqueteado con el descenso en todas estas temporadas, convirtiéndonos en expertos en estas lides tan infructuosas como desgarradoras. En el año de la ambición, de la ilusión por bandera, del caviar y champagne francés, nos vuelva a tocar arrimar el hombro. De nuevo.

Porque no hay otra alternativa. Llega Paco Jémez al banquillo en sustitución de Sergio Kresic. Los jugadores, nuevamente, decidieron no continuar con el técnico. Son ocho ya los que se han cargado. Lo curioso, lejos de procesiones y lamentos, es la frivolidad de discurso con la que argumentan sus pérdidas: «es más fácil echar a uno que a veinticinco», «el fútbol es así», etc. Imparten cátedra en echar balones fuera. En tirar la piedra y esconder la mano.

Hay futbolistas que empiezan a ser conscientes de lo que pasa dentro del viciado vestuario amarillo. El Consejo de Administración también ha sido lacónico: en el comunicado de destitución de Kresic señaló que el ex cuerpo técnico no era el único culpable. Es evidente que algunos futbolistas  quieren estar cómodos a expensas de su mediocridad. Sin embargo, renuevan contratos, viven como Reyes y juegan a tener despachos en Pío XII.

Llegamos a otro punto de no retorno: el equipo necesita el apoyo del público, el calor del Estadio de Gran Canaria. Son muchas las temporadas agridulces y desgraciadas. Es normal el estado de indiferencia en el que vive la parroquia amarilla. Pero hay que hacer un último esfuerzo: llevar la venda, taparnos los ojos y animar a los que van de amarillos. A pesar de que muchos no se merezcan vestir nuestra adorada camiseta. ¡Ni de lejos!