Lágrimas de impotencia
Escrito el: 19 junio 2010 23:29 | Autor: Miguel Hernández | Archivado en: General | Etiquetas: Miguel Ángel Ramírez, Nicolás Ortega, Rondón | 1 comentario »

Ante el Nástic el gol fue de la afición
Por desgracia no pude estar en el Estadio de Gran Canaria en este sábado tan señalado. Los exámenes me amarran físicamente a Madrid, aunque mi cabeza y mi alma llevan varios días en Gran Canaria. Viví, aislado en temores, el encuentro a través de un majo enlace a la Televisión Canaria por internet. Una delicia de la tecnología esto del streaming. Los amigos y las llamadas telefónicas hicieron el resto.
Les hemos contado en udlaspalmas.net una semana apasionante. Llena de energía positiva que terminó con una asistencia espectacular al Estadio de Gran Canaria. Cerca de 30.000 personas se dieron cita en el recinto de Siete Palmas, una lección, como reconocía Jémez, de lo que es amar unos colores. El equipo amarillo no ha dado un solo argumento en estas últimas cuatro temporadas para justificar este respaldo. Pero ante el Nástic no se defendían argumentos ni dinámicas, se defendía los 60 años de un club histórico y la posibilidad, en el anhelo de los más adultos, de volver a ver al amado equipillo en latifundios de mejores bonanzas. Los ánimos del jugador número doce y el gol de Rondón hicieron el resto.
Entraremos de lleno a partir de este domingo en la crítica de un proyecto fracasado. Con todas sus letras. Es necesaria una reflexión profunda de lo que pasa en Pío XII. Más aún cuando me cuentan historias de héroes anónimos que, en su amor por este club, derraman lágrimas de impotencia.
Al término del encuentro la megafonía del Estadio explotó. Los habituales, como es menester, quisieron despedir al equipo como se merecían después 90 minutos de apoyo a ciegas y de una temporada insidiosa. La pañolada fue notable, los cánticos evidentes y las protestas airadas. El mismo Nicolás Ortega reconocía, sobrecogido por la intensidad del momento, la manifestación del aficionado de a pie.
Lo que no se puede tolerar en un club con la solera de la Unión Deportiva Las Palmas es el gesto complaciente y meditado por los mandamases de intentar acallar la legítima protesta de la afición. El Viva la vida de Coldplay poco menos resultaba un irónico mensaje después de tanto sufrimiento. Fueron muchos los que lloraron de impotencia por no poder expresarse libremente, por ver como al elevar sus críticas proporcionalmente subía el volumen de la megafonía.
Un gesto nada elegante de una entidad que comienza un nuevo ciclo. Tratar de mitigar el pensamiento del aficionado no es la manera, ni mucho menos, de empezar con buen pie esta segunda etapa de Miguel Ángel Ramírez al frente de una entidad, que sí, sigue derramando lagrimones. No de alegría: de rabia. Una vez más se trata de ningunear a una parroquia, cansada de rezar el credo, que ha vuelto a demostrar que es el mayor tesoro que posee este club.
A levantarse que no hay nada que celebrar. Y mucho por cambiar.


Viva la vida, Miguel….Así somos, jajaja. La cara de Ramírez era tan compungida que parecía que estaba en un duelo.
Pero lo de no dejar que la afición mostrara todo su cabreo al final del partido, el querer evitarlo de esa manera tan estúpida, demuestra la masa gris que rige nuestros destinos.
Viva la vida, viva la vida…