Escrito el: 28 Mayo 2009 15:59 | Autor: Javier Rodríguez | Archivado en: General | 1 comentario »
No es la primera vez que afirmo que Las Palmas no ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos que nos ha traído el fútbol moderno. A nivel de grandes hazañas y de una gestión aceptable siempre tendremos que remontarnos como mínimo a la década de los años setenta. A partir de ahí casi que no nos han ofrecido nada con una caída en picado a todos los niveles que nos ha relegado a lo que somos hoy en día.
Sin duda lo peor de todo esto es que al estar tantos años fuera de la élite y contar con los dedos de una mano los éxitos cosechados desde entonces, hemos ido cambiando. Nuestros mayores se nos van marchando por razones lógicas de la vida y va quedando en el olvido ese sentimiento de arraigo hacia lo que un día fue este club. Con esto no quiero decir que ahora no se valore lo que un día fuimos pero sí que las nuevas generaciones no han conocido a otra Unión Deportiva Las Palmas como aquella que sabemos que fue. Cualquier aficionado de menos de 30 años ha vivido más sinsabores que alegrías. Conoce mejor la Segunda División A e incluso la Segunda B que la Primera.
Lo mismo ocurre a nivel del periodismo que sigue de manera habitual a la UD Las Palmas. Los viejos rockeros que mamaron la época dorada del club van desapareciendo del panorama informativo y van dando a pasa a una nueva legión de locutores/informadores con una forma muy distinta de entender, bajo mi punto de vista, lo que significa esta Unión Deportiva.
Este período de decadencia amarilla, si ustedes me permiten este término, no sólo ha servido para acentuar nuestra peor etapa futbolística desde la existencia de este club. Además ha coincidido con otro hecho singular que ha venido a sumarse a la pérdida de identidad que ha sufrido la UD Las Palmas, la idiosincracia de nuestro fútbol. O lo que viene a ser lo mismo, la descanarización del equipo.
Que el fútbol haya abierto sus fronteras y no se haya trabajado en políticas favorables a los clubes de cantera, ha provocado que la UD haya caído también, con más pena que gloria, en la adquisición de futbolistas foráneos que han ido restándole la identidad que tenía nuestro fútbol. Algo que antes nos hacía diferenciarnos del resto y que además era un motivo de orgullo, ahora no es más que una vulgarización que nos lleva a ser uno más del montón.
Pero existe un tercer hándicap a mi entender que ha contribuído de manera notable a todo lo que estoy contando. El Estadio Insular era un emblema para el fútbol canario. Era el templo donde se respiraba el fútbol por los cuatro costados y donde perduraba el sabor añejo de las grandes ocasiones. Fuera el equipo mal o fuera bien, atravesar las puertas de la Naciente y sentir los muros de cemento y el olor a hierba fresca hacía revitalizar cualquier sentimiento amarillo al aficionado más pesimista.
Arrancar al equipo del Estadio Insular ha sido una de las peores traiciones que el Cabildo Insular haya hecho con la Institución deportiva más importante de Gran Canaria. Si durante toda su existencia la UD Las Palmas ha tenido un devenir íntimamente ligado al Cabildo que le ha permitido solventar momentos de dificultad económica y existencial, en esta ocasión la Corporación Insular arreó un golpe a los cimientos de la entidad privándola de su hogar natural para relegarla de prestado a un estadio desnaturalizado.
No cabe la menor duda que si se quiere hacer una UD Las Palmas grande e importante hay que trabajar a destajo para recuperar las señas de identidad perdidas en los últimos años. La llegada provisional de Paco Castellano y Mamé León al banquillo puede ser un soplo de aroma de antaño. Un cerrar los ojos y por momentos retroceder cuarenta años para respirar el aire de una tradición futbolística que persiste pero que dormita esperando a que alguien la rescate y apueste firmemente por ella.
El proyecto que preside Miguel Ángel tiene que contemplar entre sus líneas de actuación una vuelta a los orígenes que nos distinga del resto del mercado. Diferenciarnos de los demás y proclamar un fútbol y una forma de ser que van implícitas en el canario. Aplatanados y lentos pero resolutivos.
Escrito el: 25 Mayo 2009 16:27 | Autor: Javier Rodríguez | Archivado en: General | Sin comentarios »
La dolorosa derrota en Albacete volvió a fastidiarme una vez más el fin de semana. Después de volver a convencer por enésima vez a la parienta para estar temprano en casa y poder visionar el partido a costa de restarle tiempo a ella y a mi pequeña, volvió a costarme otro disgusto familiar y personal por la lamentable derrota y peor imagen que ofrecieron los amarillos en el terreno de juego.
Y es que esta UD Las Palmas de mis amores y mis penas me tiene el corazón roto. El desquiciamiento de Javier Vidales ha llegado a límites insoportables que le están costando caro a la entidad amarilla. Pocos recuerdan un divorcio tan extremo entre afición y jugadores como el que estamos sufriendo esta temporada por la ineptitud y los caprichos del técnico asturiano.
La UD Las Palmas ha pasado a ser un juguete roto en manos del rival de turno bajo la actitud contemplativa y consentidora de su entrenador. De querer implantarnos un sistema de juego característico lo único que nos han ofrecido es un equipo tosco, incapaz de dar tres pases seguidos y que a base de patadones intenta hilvanar alguna jugada aislada que por azar nos traiga un golpe de fortuna como sucedió en Vigo. Porque de fútbol nada de nada.
Pero si el primer equipo está fracasando estrepitosamente, el filial no se queda atrás con el descenso a tercera división. Y es que poco nos duró la alegría de vernos en la categoría de bronce tras casi cuatro lustros alejado de ella. El varapalo sufrido en Gijón deja muchas sombras sobre el trabajo que se está desarrollando en la base. Los asturianos demostraron mucha más solvencia y suficiencia para afrontar un partido límite y arrollaron literalmente a los hombres de Víctor Afonso que dieron una imagen paupérrima sólo comparable con los bodrios que nos regala el primer equipo en el último tramo de liga.
Algo falla en la parcela deportiva y el Director de esta parcela debería dar un paso al frente y ofrecer sus explicaciones por el estrepitoso fracaso de esta temporada de los dos primeros equipos de la entidad. En caso contrario, debería ser el máximo mandatario de la entidad, el Presidente Miguel Ángel Ramírez, quien le pida las explicaciones y se las ofrezca a una afición que está de uñas contra Juanito Rodríguez y que merecen una respuesta contudente ante este fracaso.
Escrito el: 22 Mayo 2009 19:00 | Autor: Javier Rodríguez | Archivado en: General | Sin comentarios »
A nadie se le esconde que la actual Unión Deportiva Las Palmas nos está generando un sentimientos contrarios que tienen al entorno amarillo dividido. Si por un lado tenemos un club saneado que cumple puntualmente con todos sus compromisos y que ha presentado superavits en los últimos ejercicios, por el otro tenemos un equipo de fútbol mediocre, perdido en la más absoluta vulgaridad, sin patrón de juego y que no cuenta con la confianza del aficionado.
Tal y como está montado el fútbol actual para figurar entre los grandes hay que tener dinero. Atrás quedaron aquellos años en los que los clubes modestos se valían de sus productivas canteras para con pocos recursos descubrir, preparar y formar futbolistas que luego pasaban a ser de su propiedad por el derecho de retención. Ya podía venir el club más poderoso del mundo con un talonario bajo el brazo que si no se consideraba oportuna la venta el futbolista debía quedarse en casa. Pero eso ya quedó atrás.
El fútbol moderno está hecho a medida para uso y disfrute de los clubes más poderosos. Así tenemos competiciones como la Copa del Rey o la Champions League (¿no era Liga de Campeones?) que así lo atestiguan con unos sistemas clasificatorios preparados para que siempre figuren los que tienen que estar y se repartan los títulos y el dinero.
En todo este cambio sistemático que ha tenido el fútbol en los últimos años la UD Las Palmas ha sido incapaz de adaptarse a los nuevos tiempos. Con la llegada de las Sociedades Anónimas Deportivas llegó el reparto de la tarta televisiva pero para entonces nosotros peregrinábamos en el pozo de la Segunda B. Desde las catacumbas de esa categoría saboreábamos todavía la esencia del fútbol canario gracias a la gran participación de jugadores canteranos en el primer equipo. En La Liga de Las Estrellas, mientras tanto, el dinero corría por doquier y los fichajes de galácticos copaban todas las portadas de los diarios deportivos del momento.
Cuando volvimos al fútbol profesional olvidamos nuestros orígenes y quisimos ser como ellos. Llegaron empresarios dispuestos a ponernos a prisa y corriendo en la Primera División. Y lo lograron. Más tarde que pronto, pero lo lograron. La llegada a la máxima categoría tuvo unos consecuencias casi mortales que a punto estuvieron de costarle la desaparición a la entidad.
Gracias a la consabida Ley Concursal que milagrosamente puso en nuestro camino el ex-consejero Agustín Ojeda, la UD Las Palmas logró sobrevivir y sobreponerse a una situación económica límite aún partiendo desde la Segunda División B. Algo inédito hasta el momento.
Desde el inicio del procedimiento concursal hasta la fecha el club ha ido sorteando innumerables obstáculos y a la par consolidando un proyecto deportivo que, salvo esta temporada, ha ido a más año tras año. Sin grandes ambiciones deportivas pero marcando un horizonte claro de adonde se quiere llegar, Miguel Ángel Ramírez ha apostado por su cuarta temporada en la división de plata como el año clave para hacer algo importante en la categoría.
No entraba dentro de los planes de Ramírez ni del cuadro técnico la tremenda decepción que se ha levantado esta temporada con el juego y los resultados del equipo. El desencanto de la grada ha ido en aumento y las protestas se han repetido hasta la saciedad en todo el entorno. Desde todos los frentes le exigen un proyecto deportivo ambicioso que catapulte a la Unión Deportiva Las Palmas a lo más alto. Le piden mejores fichajes que, al fin y al cabo, se traducen en gastar más pasta a la hora de traer futbolistas.
Quizá el entorno amarillo deba hacer un análisis concienzudo de la realidad en la que se mueve el club. Hacer un equipo grande no debe ser tarea sólo de quien Preside esta entidad y sus consejeros. Un gran Club conlleva la implicación de todos los estamentos de nuestra sociedad con la conciencia bien clara de lo que supondría tener a Las Palmas en la Primera División.
Sin apoyo empresarial, político y social la UD Las Palmas siempre navegará en la mediocridad. La apuesta debe ser firme desde todos los sectores y el nivel de exigencia tiene que ser acorde a los medios que se manejan para lograr los objetivos. Si la Unión Deportiva Las Palmas es de todos debemos exigir el compromiso de todos. Es en estos momentos cuando realmente hay que demostrar lo que se apuesta por este club. De nada nos vale que luego se apunten al carro cuando volvamos a Primera División. Que ya sabemos que muchos lo harán. Ahora es el momento
Escrito el: 18 Mayo 2009 17:04 | Autor: Javier Rodríguez | Archivado en: General | Sin comentarios »
La humillante derrota ante el Alicante no ha venido sino a alimentar la desesperación del aficionado ante el estrepitoso fracaso con el que se está desenvolviendo la UD de Javier Vidales. El pasado sábado volvió a hacerse sentir el divorcio absoluto que existe en estos momentos entre la grada y lo que se presencia en el terreno de juego.
La semana no había comenzado bien cuando apenas se había incidido en la importancia vital que tenía este partido para garantizar casi la permanencia. El entorno amarillo vivió los días previos al partido bajo un entorno de relax que restó tensión y trascendencia al partido. La prensa supo desviar la atención del aficionado enfatizando las noticias en renovaciones de jugadores o barajando nombres de técnicos para la próxima temporada. Craso error.
Vidales, tal y como reconoció en la rueda de prensa posterior al partido, entonó el mea culpa por no haber sabido aislar a los jugadores de esta presión mediática y ser incapaz de mantener la concentración en la importancia de los tres puntos en juego. Y así sucedió porque los jugadores saltaron a la cancha ante el Alicante sobrados, faltos de tensión y con dos marchas menos que el rival para afrontar el partido.
El castigo propinado por la grada con pitos y pañoladas se queda corto con los merecimientos ganados a pulso por el técnico y los jugadores. Quienes debieran significarse como profesionales se mostraron endebles, conformistas e irrespetuosos con los más de ocho mil valientes que se atrevieron una vez más a presenciar otro lamentable espectáculo en el Gran Canaria.
El desastre comenzó a fraguarse con otra nueva cabezonería de Vidales quien sorprendentemente ofreció la oportunidad de una titularidad al venezolano Samuel Rondón, un jugador que a buen seguro tendrá muchas cosas que ofrecer pero que en los últimos meses ha estado ausente fuera de la isla, no ha entrenado con sus compañeros y mucho menos tiene ritmo de competición para afrontar desde el principio un encuentro de esta naturaleza. Un capricho más del técnico asturiano que tuvo que rectificar en el descanso cuando ya se había tirado por la borda la mitad del partido.
Gracias a la benevolencia del Alavés el desastre del sábado no pasó a mayores por su empate en casa ante el Eibar, pero mucho ojito con los tropiezos porque la historia nos ha marcado a fuego algunos descensos que se consumaron en situaciones parecidas a esta en las que parecía que la permanencia estaba garantizada a pocas jornadas del final.
Sólo nos queda esperar el paso de estas cinco semanas que restan para el final del campeonato para así poner fin de una vez a esta larga pesadilla que no merece ninguno de los aficionados amarillos. El Presidente ha sido muy claro en su discurso y ha mostrado su tremendo malestar con lo que el equipo le está ofreciendo a los aficionados. Ahora sólo resta que la autocrítica que hemos escuchado por parte de todos, directivos, técnicos y jugadores, se traslade a los terrenos de juego y nos regalen una victoria el próximo sábado en Albacete. Y si además lo hacen jugando al fútbol mejor que mejor.
Escrito el: 13 Mayo 2009 20:28 | Autor: Javier Rodríguez | Archivado en: General | Sin comentarios »
La llegada a la Presidencia de Miguel Ángel Ramírez marcó sin duda un punto de inflexión en la historia reciente de la Unión Deportiva Las Palmas. Con un club hundido en las catacumbas de la segunda división B, acosado por las deudas y con el peligro inminente de la desaparición en cualquier momento, Ramírez accedió con valentía a coger el timón y reconducir el rumbo de la entidad.
La tarea no era sencilla ni plato de buen gusto para asumirla. Tampoco existían demasiados candidatos con un perfil adecuado para encomendarles una misión de esta naturaleza. Cuando el Juez Cobo Plana sondeó la posibilidad de buscar la figura de un nuevo Presidente para el club, todos miraron para otro lado. Nadie quería ostentar el “sambenito” de Presidir a la UD Las Palmas en el momento de su desaparición. Pero para su Señoría esto no suponía ningún problema y no tuvo dudas en ningún momento. Miguel Ángel cumplía con las características adecuadas para liderar el nuevo proyecto amarillo.
Desde un primer momento Ramírez marcó unas directrices claras en las líneas a seguir. La profesionalización de todos los estamentos del Club y rodearse de gente de su confianza fueron sus primeros pasos, amen de su lucha continuada mano a mano con el Juez Cobo Plana para ir sorteando los innumerables obstáculos encontrados en el largo proceso del Concurso.
Su gestión en el plano económico ha sido inmaculada como así lo atestiguan los superavits obtenidos desde su llegada a la entidad. Bajo su batuta de mando la UD Las Palmas ha ido tomando mayor protagonismo y ha consolidado su profesionalización a todos los niveles. Una página web oficial actualizada diariamente, una emisora de radio con una parrilla de una calidad más que notable, una Escuela de Fútbol que ha empezado a dar sus primeros pasos, una Residencia para jugadores que muy pronto se pondrá en marcha, una Ciudad Deportiva que cumplirá el gran sueño de todos los amantes del fútbol base, un museo oficial que pondrá al alcance de todos los mayores recuerdos amarillos,… son claros exponentes de un proyecto serio y basado en el espíritu de construir un club grande.
En el apartado deportivo Ramírez confío su gestión a un hombre de la casa. Con una experiencia profesional intachable, Juanito Rodríguez, cumplía con todos los requisitos que exigía el máximo mandatario. Con el reto ineludible de salir del pozo de la segunda B en un plazo máximo de dos años, el tinerfeño logró su objetivo al primer intento. Sin duda un éxito dificilmente reconocido por las tremendas dificultades para fichar jugadores debido la escasa o nula credibilidad que ofrecía la UD Las Palmas de entonces.
Alternando errores y aciertos el deambular en la categoría de plata se ha ido salvando bajo los parámetros previstos. La UD de Juanito se ha curtido a base de sufrimiento y de jugar siempre bajo la presión. Sin contar con el beneplácito social, el de Güimar ha sido defendido a capa y espada por Miguel Ángel Ramírez insisitiendo en reiteradas ocasiones que su persona pasa como pieza clave dentro de su proyecto de retorno a la Primera División.
Admitiendo que a estas alturas pase lo que pase esta temporada será decepcionante, la temporada que viene se presenta como el gran reto para el Presidente Ramírez. Su promesa de ascenso o de al menos luchar por él en su cuarta temporada consecutiva en La Liga Adelante, crea un clima de excepticismo e incredulidad en los aficionados más exigentes. Si para ser competitivos hace falta disponer de mayores ingresos la UD Las Palmas llega a las puertas de la temporada de 2009/10 en el peor momento económico-social de los últimos años. La crisis no perdona a nadie y el mundo del fútbol no escapa a la falta de liquidez que existe en el mercado.
Ramírez se apresta por tanto a uno de sus grandes retos dispuesto a calmar las ansias de una afición desencantada que ha ido abandonando de manera paulatina las gradas del Gran Canaria. Sin dejar de admitir su extraordinario trabajo en la gestión de un club que iba camino a la deriva, el aficionado de a pie exige dar un paso más que le haga sentir el orgullo de una camiseta. Recuperar el camino perdido no será tarea fácil para un Presidente que, aún con todo, ha demostrado en reiteradas ocasiones su capacidad de superar mayores obstáculos. Que así sea.
Escrito el: 10 Mayo 2009 11:23 | Autor: Javier Rodríguez | Archivado en: General | Sin comentarios »
A nadie se le esconde que la presente temporada está resultando una auténtica pesadilla para los aficionados de la UD Las Palmas. Resulta casi imposible seguir los partidos de los amarillos sin desprenderse del intrínseco deseo de mandarlo todo a hacer puñetas y dedicar la atención a otros menesteres más productos. Al menos para la salud y el buen estado de ánimo.
Vidales ha terminado por colmar la paciencia del más compresivo de los aficionados. Su insistente cabezonería en un sistema de juego para el que no dispone de las piezas necesarias para llevarlo a cabo, así como su capricho reiterado en determinados jugadores que vinieron de su mano, han producido un resquebramiento constante entre la grada y su forma de entender el fútbol.
El partido ante el Celta nos ha traído el mal menor, la victoria. Esta frase sacada de contexto puede resultar contradictoria cuando el equipo de nuestros amores se ha alzado con la victoria en campo visitante y ganándole el gol average a un rival directo por la lucha por la permanencia. Pero quien hubiera tenido el valor y el aguante de resistir los noventa minutos sin levantarse del sofá merecería el mayor de los premios a la fidelidad amarilla.
Me consta que desde las altas esferas del club se está a la espera de la consecución matemática de la permanencia para poner fin a esta pesadilla. Hay disconformidad de cómo se están haciendo las cosas y se sabe del descontento del aficionado con lo que está presenciando una semana sí y otra también dentro de los terrenos de juego.
Sólo nos queda finiquitar un año más la consolidación en la Liga Adelante, como la llaman ahora, y empezar a trabajar seriamente en un proyecto deportivo serio y ambicioso que recupere la credibilidad del aficionado. El buen trabajo en lo extradeportivo y lo económico no puede ser empañado por la mediocridad que se refleja en los terrenos de juego. El aficionado de a pie, el que no entiende de números, balances, presupuestos ni desfases económicos, mide su grado de satisfacción por el equipo en fución de lo que presencia la cancha. Ya es hora de una alegría. La merecemos.