“Nos pueden criticar, pero no nos ofendan por sistema. Incluso me pueden ofender a mí, pero no a los jugadores. Yo no conozco el miedo de esta profesión”
La cita anterior es de Sergio Kresic. La pronunció el 6 de abril de 2000, un jueves sobre las 13.30 horas, en la sala de prensa del Estadio Insular. Restaban algo más de 48 horas para que la Unión Deportiva Las Palmas, que entrenaba el técnico croata y que acumulaba tres meses sin ganar como local, recibiera en la jornada 34 la visita del líder de Segunda división: la UE Lleida de Víctor Muñoz. En ese momento, una derrota o un empate, unidos a la triste igualada firmada días antes en Las Gaunas ante un Logroñés al borde del desahucio (1-1, con gol de Robert Jarni), hubieran eliminado –prácticamente– en ese momento de la carrera por el ascenso al equipo amarillo, al que sólo le valía una victoria para mantener al alza sus opciones de ascenso a Primera división.
Aquel partido, claustrofóbico, lo ganó la UD Las Palmas (1-0). El tanto que certificó aquella victoria lo anotó, de cabeza, Renaldo, tras un calculado centro, desde la banda derecha, de Pablo Lago. Ese gol rubricó el triunfo y aquella conquista orientó al equipo amarillo hacia su último ascenso a Primera división [tras derrotar al Lleida el conjunto grancanario encadenó cuatro victorias consecutivas y seis semanas después certificó el salto de categoría], pero el éxito de aquella aventura se incubó en la destartalada sala de prensa del Estadio Insular aquel 6 de abril de 2000.
“Llevo vinculado al mundo del fútbol toda mi vida y jamás había notado un clima tan negativo, tan destructivo, como el que se respira aquí”.
El 6 de abril de 2000 Sergio Kresic se lo jugó todo a una carta. Junto a sus colaboradores, Diego Quintero y Zósimo San Román [ahora regresan a la entidad de Pío XII junto al técnico croata], lanzó un envite en un momento delicado para él y decisivo para los intereses de la UD Las Palmas. Restaban, en ese momento, dos meses para el término de la competición y las vacilaciones, en torno a la capacidad del equipo para alcanzar la meta del ascenso, amenazaban con devorar el proyecto.
Durante las 33 jornadas disputadas hasta esa fecha, el juego de la UD Las Palmas había sido plomizo. Ese fútbol tan gris, tan rácano, resaltó cierto desarraigo entre el modelo del técnico balcánico y los viejos valores de la entidad, al perder la gente de la casa todo el protagonismo. Kresic tuvo el dudoso honor de ser el primer entrenador en tener sobre el terreno de juego un once sin futbolistas formados en la cantera de la entidad [ante el Sporting de Gijón en El Molinón] y ser el primer técnico en formar una alineación titular sin jugadores canarios [ante Osasuna en Sadar].
No ayudaba tampoco, por aquel entonces, la tensa relación que Kresic mantenía con buena parte de los medios de comunicación que seguían a la UD Las Palmas [siempre con el gran Paco Suárez, por aquel entonces jefe de Prensa del club, tratando de poner en paz en medio del fuego cruzado]. Mal encajador de una cantidad ingente de críticas, el técnico croata [junto a sus colaboradores] optó en algunos momentos por la confrontación directa, actitud que, en la mayoría de las ocasiones, avivó los enfrentamientos y acabó en lamentables capítulos de vetos, plantes, desplantes e, incluso, causas judiciales.
Pero el 6 de abril de 2000, el principal contratiempo no era la tensión entre Kresic y la Prensa. Ni siquiera era el malestar existente entre la afición por la ausencia de jugadores canarios en las alineaciones. Tampoco la causa mayor de agitación era el fútbol tristón practicado por la UD Las Palmas. El gran problema eran los resultados, los malos resultados que acumulaba desde hacía semanas un equipo que se manejaba sin brújula.
La efectividad había sido, desde la primera jornada, la gran apuesta de Sergio Kresic. El resultado, en su predicameto, lo era todo. Se le había contratado para lograr el ascenso y no importaba el método, sólo la conclusión. El problema, entonces, era que aquella UD Las Palmas del 6 de abril de 2000, cargada de urgencias históricas [definición de Ángel Cappa], ni era práctica, ni excitaba, ni antojaba nada bueno.
Entre el 4 de enero de 2000 y el 8 de abril [justo hasta antes del partido ante la UE Lleida], la UD Las Palmas acumuló seis partidos, de manera consecutiva, sin ganar en el Estadio Insular ante Sporting de Gijón (1-1), Toledo (0-0), Atlético de Madrid B (1-1), Osasuna (0-2), Córdoba (1-1) y Extremadura (0-1). Con esa dinámica, el reto del ascenso apuntaba a ser un delirio.
“Da la impresión de que si la Unión Deportiva asciende y va bien, algunos medios de comunicación perderían gancho, porque viven de la crítica despiadada, de mentiras que, a fuerza de repetirse cada día, muchos llegan a creer como verdad”
Pero un rumor, un bulo que algunos medios dieron rango de noticia [el presunto desinterés de algunos futbolistas por lograr el ascenso, éxito que supuestamente provocaría una limpia considerable de la plantilla] sirvió a Sergio Kresic como estímulo para sus jugadores justo antes de gastar la última bala: la visita del líder [la UE Lleida] al Estadio Insular.
Ante semejante disparate, el técnico croata decidió convocar una rueda de prensa. La fecha, el 6 de abril. El lugar, el Estadio Insular. El motivo, desmontar una teoría conspiratoria que apuntaba directamente a una plantilla confusa. El reto, descargar de presión a los futbolistas y confeccionar un escudo protector para el grupo de cara al tramo final del campeonato.
La jugada de Kresic resultó ser maestra. La UD Las Palmas derrotó a la UE Lleida y, en línea, superó a Salamanca (0-2), Albacete (2-1), Badajoz (0-2) y Getafe (2-0). Ni siquiera el accidente en Ipurua [goleada ante la SD Eibar (4-1)] frenó a un equipo lanzado, que el 21 de mayo, en el Estadio Insular, goleó al Elche [4-1, con tantos de Sarasua, Eloy (2) y Pablo Lago] certificó su último ascenso a Primera división y cerró un periodo de 12 años lejos de la elite.
“Un camino lleno de espinas”
Así definió Sergio Kresic su ascenso a Primera división con la UD Las Palmas en 2000. Ahora, nueve años después, el club amarillo vuelve a recurrir al técnico croata para lograr el mismo objetivo. Su regreso, junto a la incorporación de Óscar Arias a la dirección deportiva del club, han regenerado el ambiento alrededor de la entidad de Pío XII, que no hace mucho era un solar lleno de ruinas.
Nueve años de travesía por el desierto dan para mucho. Tanto como para guardar, casi en el olvido, viejos recelos sobre un técnico que, con su método, ya llevó una vez al éxito a la UD Las Palmas; para valorar en Arias más sus éxitos con el Recreativo [ascenso a Primera división y permanencia durante tres temporadas], que su único fracaso [un descenso a Segunda]; para dar un periodo de tiempo lógico antes de analizar [para bien o para mal] un nuevo modelo; y para no olvidar que la entidad estuvo al borde de la desaparición y ahora pretende volver a su hábitat natural.
Algo se mueve en la Unión Deportiva Las Palmas.




