Creo que es lo mejor que se puede decir de Vidales, que siempre da la cara, o, por lo menos, lo parece. También que sería capaz de vender hielo a un esquimal en el Polo Norte, pero que sabe un rato lo que se trae entre manos y que está implicadísimo en su trabajo, incluido ese accidente del que nadie, por lo visto, se enteró, y que yo tampoco recogí muy bien. Merece un poco más de suerte porque, con fallos y aciertos, me parece más que cualificado profesionalmente.
Otra cosa, y perdonen el mínimo desvío anterior, es el diario machaqueo de cierta prensa, con Rafa León a la cabeza. Este hombre es insufrible y da la impresión de que nació emputado, cabreado con el mundo, y aun no ha conseguido la medicina para mitigar su permanente estado de nervios. A su consabida velocidad de crucero a la hora de enfrentarse al micrófono une unas formas histéricas en comentarios, entrevistas y monólogos.
Lo de Pablo Sánchez clama al cielo pero, ni tan siquiera después de la consiguiente aclaración de Vidales, se la envainó: " que coja un taxi, que coja un taxi", espetó, otra vez tan férreo en su postura como inútil en su discurso, lenguaraz, torpe, tragicómico, vehemente en exceso e inutilmente enrabietado una vez más. Intenta ser polémico pero sólo llega a parecerse a un pequeño bufón insolente y malcriado, a un pequeño "butanito" de la ultraperiferia, asalvajado, impertinente, grosero y excluido de esa picardía necesaria para por lo menos parecer inteligente.
La próxima vez haría bien en contrastar, porque sus errores son cada vez más imperdonables y ridículos. Aunque a él, en el fondo de su orgullo pendenciero y bobalicón, se la traiga al pairo. Lo que importa es la carroña, viejo buitre.
Salud.
