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RELATOS PARTICIPANTES (SOLO LECTURA, NO POSTEAR)
Publicado: Sab Ago 26, 2006 7:02 pm
por Kramer
PRESENTACIÓN DE RELATOS (POR FAVOR, LEER ESTO ANTES)
¡TIEMPO!
Estimados compañeros:
Son las 19: 02 horas del 26 de agosto de 2006.
El balón acaba de empezar a rodar en el Estadio de Gran Canaria. Otra temporada más, aquí tenemos de nuevo el fútbol. Y, como todos ustedes ya sabrán, este momento marca la finalización del plazo de presentación de textos para el I Certamen de Relatos Cortos UDLASPALMAS.NET.
A partir de este instante, avanzamos un paso más en este nuestro certamen. Ha llegado el momento de publicar todas aquellas historias que ustedes mismos han ido presentando durante este casi mes y medio.
A continuación, podrán disfrutar de ellos. Por favor, tengan en cuenta el esfuerzo que cada uno de los participantes ha realizado, por lo que pedimos encarecidamente que los lean todos. Cada relato ocupa un mensaje, en un total de diecinueve textos (más uno pendiente de recibir, cosas del ciberespacio).
El próximo lunes se publicará un nuevo post, en el que se indicará cómo se va a realizar el proceso de votación. Mientras tanto, reflexionen y vayan eligiendo a sus favoritos, aunque, que quieren que les diga, para mí todos son ya campeones.
Solo un último detalle antes de dejarles con las historias. Por favor, con la intención de velar por un concurso limpio, fuera de ningún tipo de malentendido y que no cree suspicacias…
NO ESCRIBAN MENSAJES EN ESTE POST
Un saludo y disfruten de la lectura.
Enhorabuena y gracias a los participantes.
Publicado: Sab Ago 26, 2006 7:04 pm
por Kramer
001. UN CAMBIO EN MI VIDA
A las cinco y media de la tarde aterricé en el aeropuerto de Las Palmas de Gran Canaria. Comenzaba una nueva etapa de mi vida, un nuevo lugar, una nueva gente y yo tenia miedo ¿cómo debía de enfrentarme a algo que no conozco? Maldito nuevo trabajo, ¿por qué habían tenido que trasladarme?
Cogí mi maleta y me encamine en busca de un taxi que me llevara a mi nueva casa, puesta como no, por la empresa. Al llegar a ella me sentía sola, la veía demasiado espaciosa para una persona como yo. Me instalé y después decidí salir a caminar para buscar un sitio donde cenar.
A la mañana siguiente fui a mi lugar de trabajo. Tenía cierto miedo ya que no sabía como me tratarían mis compañeros. Nada más llegar me los presentaron, los cuales con una sonrisa me recibieron. Bien, pensé yo, comenzamos bien. Después uno de ellos se acerco a mi y tras presentarse de forma mas detenida comenzó a hablar conmigo, ya que según decía se me veía cara de asustada. Yo entonces le expliqué que no conocía nada de la ciudad, ni a nadie. El entonces se ofreció a ser mi cicerone en la ciudad y a la hora de introducirme en la cultura y las gentes grancanarias.
Pase la jornada adaptándome al nuevo sitio con ayuda de mis compañeros, que tuvieron la paciencia de enseñarme todo lo que debía de saber acerca de papeleos y funcionamiento, y no parecían disconformes con hacerlo... la de veces que yo había visto la cara con la que recibíamos a los nuevo en mi anterior ciudad... eso me hizo pensar que la gente de esta ciudad era diferente. Al terminar fuimos todos a tomar cervezas, así pude conocerlos a todos un poco mas y tomar por primera vez uno de los mitos de aquella isla, una cerveza Tropical. Lo pasé muy bien y al llegar a mi casa no me sentí sola, porque aparte de haberles conocido, algunos de ellos me proporcionaron sus números de teléfono por si necesitaba algo.
Y así, día tras día, iba conociendo la forma de trato que tenían conmigo mis compañeros y la gente en general de la isla, conocí también sus productos gastronómicos ( nunca podré olvidar mis primeros platos de papas con mojo, pata, mi primera Tropical y mis chocolatinas Tirma... ). Solo me faltaba una cosa por entrar en mi vida, la fiebre amarilla por la UD.Las Palmas. Durante días y días mis compañeros me habían contado muchas cosas acerca del equipo. Contaban que habían pasado por problemas económicos hasta no hacía mucho, también me explicaron como habían salido de ellos y me trataron de hacer ver cuanto quería el pueblo llano (y no tan llano) a su equipo. Eso al principio no me llamo la atención, ya que supuse que cada uno barre para lo suyo, y que serían simples exageraciones. Pero pronto me daría cuenta que no exageraban mis nuevos amigos ni lo mas mínimo, incluso se quedaron cortos.
Un domingo por la tarde quede con todos ellos. Habíamos quedado en el centro comercial “Siete Palmas”, al lado del estadio. Íbamos a comer y a un partido de la UD.Las Palmas, mi primer partido de fútbol allí. Todos ellos llevaban la camiseta amarilla del equipo, menos yo, porque no sabía que la llevarían. Después de comer me lleve mi primera sorpresa. Mis amigos llevaban una bolsa con un regalo para mí. Decían que era una buena forma de darme la bienvenida, así que corriendo abrí el regalo... y ví que era una camiseta amarilla como la que llevaban ellos. Con los ojos abiertos como platos me la puse, me hacía mucha ilusión recibir aquel regalo en mi primer partido con el equipo.
Al llegar al estadio me quedé impresionada, pese a que el equipo no estaba en primera división, el campo estaba plagado de gente, todos con su camiseta amarilla. Había niños pequeños con sus padres, abuelos y sus nietos, gente disfrazada... aquello parecía una gran fiesta a la que estábamos todos invitados. Al lado de donde yo me senté estaba un abuelo y su nieto de seis años, el cual vestía la equipación completa de la UD. Los oía hablar, el niño estaba muy emocionado por venir al estadio y su abuelo me contó que desde que era un bebé lo había traído varios domingos y que tenia incluso algunas fotos con los jugadores. A mi lado mi particular cicerone explicándome todo lo que ocurría, ayudándome a aprenderme cánticos, así no me perdí ninguna de las peculiaridades de aquel estado abarrotado de gente cantando al unísono canciones tales como “Hola Don Pepito”, que había formado parte de mi infancia, pero que nunca la vi cantar en un campo de fútbol. Así comencé a ver que el sentimiento amarillo era más de lo que me habían contado. Al terminar el partido mis amigos me tenían otra sorpresa preparada. No salimos inmediatamente, si no que bajamos de las gradas y me llevaron hacia una salida lateral. Tras esperar un rato corto vi que empezaban a salir jugadores, los cuales saludaron a uno de mis amigos. No me lo podía creer los jugadores estaban saludándonos y lo que era mas impresionante con una sonrisa se hacían fotos conmigo y les pareció curiosa mi historia, la cual le contaron mis amigos mientras se hacían las fotos y me firmaban en la camiseta. Después de darme dos besos se fueron despidiendo y nosotros nos fuimos a cenar juntos. Les agradecí todos los detalles que habían tenido conmigo y todos los buenos recuerdos que obtuve ese día, junto con las fotos y la camiseta firmada.
Ahí fue cuando la fiebre amarilla se comenzó a meterse en mis venas y fue cuando empecé a meterme en paginas webs, foros y a asistir a más partidos.
Quién me iba a decir a mí que, ese día que me trasladaron para fastidiarme, me iban a hacer el regalo más importante de mi vida. Y hoy, 40 años más tarde, sigo teniendo esa camiseta amarilla.
Publicado: Sab Ago 26, 2006 7:04 pm
por Kramer
002. QUE SEA ASÍ
230.00 espectadores, sudor frío, me tiembla la mano derecha y al intentar frenarla lo único que consigo es que se despierte la pierna contraria. Mi nieto me mira nervioso y me sonríe; sabe que su abuelo está tan nervioso es siempre por lo mismo, pero a sus pocos años sabe como tranquilizarme.
“¡¡PIO PIO!! “ grita lo más alto que puede varias veces y me mira satisfecho y orgulloso.
“¡Abuelo vamos canta conmigo! “ me sonríe de nuevo para darme alas para gritar pero mi desgastada voz y el nudo en mi garganta me lo impide por más que lo intento en dos ocasiones. Pero su reacción me parte el alma, se queda mirándome como confundido al inicio, pero después reacciona y confiesa en voz baja
“No te preocupes que si tu no puedes, yo lo haré por los dos.”
“¡¡PIO PIO!!”
“¡¡PIO PIO!!”
Ahora el resto del estadio le sigue en el ritmo y un sonar frenético retumba de una manera especial, inmensa, casi obligando al siguiente paso; y como si de un ritual profano se tratara, cuando más enfervorecida se muestra la afición, salen al campo.
La mitad del estadio se tiñe de amarillo en un mosaico de color, junto con los efectos de luz que la tecnología nos ha traído; de esta manera queda pintado sobre nuestras cabezas un león caído, derrotado, símbolo del rival, y unas letras encima que dicen ¡¡ARRIBA D’ELLOS!!.
El otro fondo ruge con su equipo y los gritos de ánimo se mezclan, en francés unos, y por otro los nuestros. Empieza el encuentro y por primera vez me doy cuenta que estoy en una final, una final que marcará una historia, una final que indicará el premio a muchos años de sufrimiento, y una final que yo no podré volver a vivir.
Me olvido de eso gracias a los saltos de mi nieto, que rebosante de alegría canta una y otra vez todo lo que años y años pasó de padres a hijos. Me recuerdo a mi mismo y me veo saltando en unas sillas de colores, de plástico, con los zapatos llenos de arena para haber llegado a él.
Una risa me hace volver en mí, y de nuevo ese pequeño granujilla me mira picándome el ojo, y sin esperar mi respuesta grita:
“¡¡PIO PIO!!”
“¡¡PIO PIO!!”
Pasan los minutos y todo se nos viene en cara, conseguimos el primero, marcamos el segundo, quedan ya prácticamente los últimos instantes para ser campeones de Europa, se que estoy viviendo lo máximo a lo que puedo llegar a aspirar y me recorre un escalofrío cuando entiendo que será el amarillo el color que reine en el viejo continente.
-PIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII PIIIIIIIIIIIIIIIIII PIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII
“¡¡Somos campeones abuelito!! “, me dice mientras me grita y salta a mis brazos, llorando emocionado como lo que es, como un niño; pero yo también lloro, yo también me emociono y no soy un niño.
“¡Corre llama a la abuela que verás que se alegra mucho, corre abuelo… !”
Ahhh esto es lo que siempre quise sentir, esto es lo que siempre quise vivir, esto es lo que siempre soñé cuando era joven; la llamo y le digo cuento lo feliz que soy por esto, por haberla conocido, por ser quien he sido, pero se pierde la cobertura, se oye cada vez más lejos…
- La grabación de realidad virtual está a punto de terminar señora, su marido está a punto de volver al estado de semi-consciencia y ya sabe lo que eso significa.
- Sí, lo se doctor, son muchos mese en este hospital visitándolo y se que es como el querría irse, hablando conmigo y viendo a su UD de fondo…
Qué pasa, por qué se oscurece todo, por que me siento tan a gusto, de repente todo es negro, todo es oscuro……… no, no todo, veo algo al final, es una luz, un pequeño tono de color……. de color, amarillo.
Publicado: Sab Ago 26, 2006 7:05 pm
por Kramer
003. MI HISTORIA (U. D. LAS PALMAS)
Mi nombre es Unión Deportiva Las Palmas. Si, soy esa que a pesar de todo lo que he pasado nunca ha dejado de enseñar mis dientes en forma de escudo con una sonrisa y la que no se quita nunca la corona. Realmente la corona cansa un poco llevarla siempre pero es que para muchos soy como una reina y no me dejan quitármela ni para descansar.
Pero de eso ya hablaremos más adelante. Hoy rompo el código ético de todos lo equipos de fútbol que dicta que no podemos ponernos en contacto con los seres humanos. ¿Por qué? Pues por varios motivos. Uno de ellos es que en estos últimos años he pasado miedo, mucho miedo porque nosotros los equipos de fútbol vivimos muchos años y unos pocos elegidos son eternos e inmortales. Mis padres del que he heredado los dientes, que son 5 en total, dieron su vida para que yo consiguiera la inmortalidad y hubo momentos en los que creía que les había fallado. Fueron momentos difíciles en la que me ofrecieron la vivir en coma, el suicidio o la reencarnación. Como creía que no podía defraudar a mis padres opté por vivir en coma aunque no tenia esperanza.
En esos instantes de profundo sueño de los que creía que no despertaría tuve muchas sensaciones que no puedo explicar. Una de ellas es que me sentía como si estuviera en un hospital y 6.000 personas me iban a visitar siempre porque aún tenia esperanza.
Pero la realidad es que necesitaba una operación muy costosa y con pocas probabilidades de éxito. En esa sala de hospital escuchaba conversaciones. Una de ellas fue la del doctor más prestigioso del mundo. Le escuché decir que si mantenía mis constantes vitales es gracias a esas 6.000 personas que rezan por mí pero que si quería tener una mínima esperanza esos rezos se deberían multiplicar por 5.
Lo daba por perdido sinceramente. Pero cual fue mi sorpresa cuando escuchaba cada uno de esos rezos y aunque alguno no los terminaban conté más de los que necesitaba y de buenas a primeras desperté. El gran médico con la ayuda de la fe de miles de personas realizarón la operación más larga de la hostoria que duró meses y desperté.
Es duro salir de un coma, mis primeros movimientos fueron torpes. Ya no volveré a ser la de antes pensé. Necesitaría la ayuda de un grandísimo rehabilitador que me enseñe y muchas personas que me apoyen. Parecía una difícil tarea pero lo cierto es que esas personas nunca las he dejado de tener en ningún momento y el médico que hizo mi operación conocía a un rehabilitador perfecto. Un rehabilitador que me amaba. A medida que avanzaba el tiempo, mejoraba rápidamente por la actuación del amigo del médico y sus compañeros a la vez que se sumaban más personas a mi ayuda.
Con un grandísimo esfuerzo han conseguido todos que vuelva a tener la salud de un recién nacido. Ahora no sólo tengo la responsabilidad de no defraudar a mis padres, tampoco puedo defraudar al médico, al rehabilitador ni a todos ustedes que nunca me abandonaron. Esto me da más fuerza, al igual que pensar que hubo muchos que me eligieron una lápida. No sé que me deparará el futuro pero les juro que intentare darles las máximas alegrías posibles.
GRACIAS.
Publicado: Sab Ago 26, 2006 7:06 pm
por Kramer
004. EL HIJO PRÓDIGO
Carlos salió abatido del barranco de la ballena, no daba crédito a sus ojos, pensaba que había tocado fondo, nunca pensó que sus hijos, Jaime y Abel, iban a contemplar lo que acababan de ver.
Se dirigían caminando en silencio hacia el centro comercial, donde Eva, su mujer, les esperaba haciendo unas compras, para después ir juntos a comer a un restaurante italiano que habían abierto recientemente. Después de buscar en varios comercios la encontraron y ella en seguida se percató de que algo había ocurrido. Aunque intentó, en repetidas ocasiones, sonsacarle lo ocurrido, Carlos se mantenía distante y frío, no tenía ganas de relatar lo que habían vivido, por lo que decidió dejar a los niños con ella y marcharse a dar una vuelta para despejarse. Había perdido el apetito.
Sin darse cuenta y después de caminar cerca de una hora, se encontraba en la puerta un bar, ese sitio era el punto de encuentro con los miembros de la peña con la que años atrás acudía al estadio para animar a Las Palmas. Se animó a entrar, se acercó a la barra y pidió una caña, la cual bebió con ansiedad ya que estaba sediento. Tomó dos cervezas más y decidió marcharse. Acababa de salir del bar cuando, a su espalda, escuchó una voz familiar que le llamaba. Se giró y reconoció a Tano, un amigo y compañero de la peña “Ultra Insular”, al cual hacía mas de dos años que no veía, y que estaba acompañado por Sergio y el “Pulpo”, que también pertenecían a la peña, pero a los que no conocía tanto.
Tano, insistió en que entrara con ellos al bar y se tomara una cañita, a lo que accedió a regañadientes. Comenzaron a recordar anécdotas y momentos vividos en el viejo Insular, en especial cuando Tano le recordó a Carlos su aventura como momia con los rollos de papel, que habían colocado en las vetustas gradas del Estadio Insular, de cómo se paseaba, imitando a Tutankhamon, con lo brazos extendidos por ellas hasta que tropezó con un aficionado que estaba fumando y se prendió el papel que le rodeaba todo el cuerpo.
Anécdota tras anécdota, cerveza tras cerveza, Marcos se fue abriendo con los demás, hasta que Tano le preguntó que le ocurría, le dijo que no era el mismo Carlos que tiempo atrás había conocido, éste se sinceró y les contó el sufrimiento que llevaba en su interior, se encontraba vacío y desencantado con lo que hacía.
Carlos y Tano buscaron una mesa en la que hablar con algo de intimidad, allí Carlos comenzó a relatar como poco a poco, desilusionado con la situación deportiva y económica de la U.D. Las Palmas y su posible desaparición, sin saber exactamente el porque, se fue distanciando de la peña, del estadio, incluso hasta del equipo. También le contó que intentó rellenar ese hueco con el otro equipo capitalino, del cual se hizo socio, asistía a sus partidos e incluso empezó a llevar a sus hijos también. Pero que nunca consiguió sentir nada parecido a los que llegó a sentir por el equipo amarillo. Incluso, en su vida privada, esta situación estaba ocasionándole problemas, se estaba convirtiendo en una persona amargada y huraña, pagaba su frustración e ira contenida con los mas allegados.
Le relató lo vivido esa mañana. Había asistido al partido del Universitario C.D. el cual se jugaba el ascenso a 2ª. Le extrañó, que a pesar de lo importante que era el partido y lo que significaría la victoria, lo tranquilo y sereno que se encontraba, al contrario de lo que sintió en los partidos significativos de ascenso de la UD temporadas atrás. Se planteaba, viendo como estaba, si era consecuente seguir con esta farsa, seguir a un equipo que no significa nada especial para uno.
Cuando el rival marcó el gol que significó que no ascendería el Universitario, no sintió tristeza ni alegría, solo indiferencia, que se convirtió en ira cuando se montó una monumental refriega en el terreno de juego, entre jugadores y técnicos de ambos equipos. Sus hijos le miraban y preguntaban que pasaba, porque ocurría eso. No pudo contestarles, no supo que contestarles. Simplemente decidió que daba por terminada su etapa como aficionado al fútbol. Se sentía perdido y sin ilusión, no quería privar a sus hijos de que fueran aficionados al fútbol, pero estaba seguro de que lo que estaba haciendo era lo mejor para ellos.
Tano, que le había escuchado con atención y en un intento de ayudarle y no dejarle solo en esos difíciles momentos, insistió hasta convencerle de que acudieran juntos al estadio para ver el partido decisivo para el ascenso de la UD. Se jugaba ese mismo día, unas horas mas tardes. Carlos no estaba especialmente motivado, se encontraba un poco fuera de lugar, llevaba la camiseta del Universitario y eso le incomodaba.
Poco a poco, fueron llegando mas miembros de la peña, muchos le resultaban conocidos, alguno incluso le reprochó que llevara tanto tiempo sin aparecer y que fuera ese partido el elegido para volver y encima con la camiseta del otro equipo de la ciudad. Sin embargo, otros lo acogieron fenomenalmente. Tano habló con Suso, el “capo” de la peña, éste le facilitó una camiseta de la misma y animó a Carlos a que fuera uno mas de ellos y que disfrutara del ambiente y del partido.
A medida que se acercaba la hora de comenzar el encuentro, iba notando un cosquilleo en el estómago, una sensación que hacía mucho tiempo que no sentía. Comenzó a cantar tímidamente al paso de la guagua de los jugadores de la UD. Silbó y abucheó un poco mas animoso al paso de la del equipo rival.
Cuando apenas quedaban cuarenta minutos para empezar el partido, decidieron que era el momento de entrar al estadio. Notó un fuerte subidón al entrar y ver que había ya mas de veinte mil personas y que el ambiente en nada se parecía a las últimas veces que había estado por allí. Cuando se quiso dar cuenta, tenía la cara pintada con los colores del equipo, una bufanda alrededor de la cabeza y una bandera en la mano. Pero sobre todo, era feliz, muy feliz.
Disfrutó como hacía mucho tiempo que no lo hacía, se sorprendía de que aún recordara las canciones con las que la peña animaba. En el descanso, prácticamente no tenía voz, su afonía era evidente, casi tanto como su cara de satisfacción. Era uno mas en medio de esa masa de corazones en llamas en la que se había convertido la grada.
Al concluir el partido su alegría se desbordó, se abrazó a Tano y lloraron juntos, le agradeció lo que había hecho por él y le pidió perdón por haber dado de lado al equipo y a la peña.
El final para Carlos fue apoteósico, no solo por el resultado, ni por el ascenso del equipo, sino porque al fin había comprendido el porque de su situación, que no era otro sino que había enterrado en el fondo de su corazón aquello que mas quería junto con su familia.
Se había dejado llevar por las circunstancias y las opiniones que rodeaban el entorno de la U. D. Las Palmas, permitiendo que una ilusión vana y vacía intentara sustituirla, como si algo pudiera sustituir el amor por una madre.
Publicado: Sab Ago 26, 2006 7:07 pm
por Kramer
005. EL ÚLTIMO PARTIDO
Aquella noche Paquito se sentó allá escorado, donde la Tribuna se acercaba a la Curva. Aunque solía comerse el bocadillo en la caseta de vigilante que le habían instalado justo en la entrada del túnel de vestuarios, quiso despedirse del campo donde vio al equipillo por primera vez. No creyó que pasara nada por faltar de su puesto un par de minutos y ya nadie querría entrar en aquel campo triste y desmantelado que la piqueta arrasaría al despertar el sol. Paquito fue siempre un sentimental. Así que decidió echarse esa última cena de vigilia en el mismo lugar en el que su padre y él se sentaron durante más de 20 temporadas; justo desde aquel Las Palmas Real Madrid de la 51-52. De aquellos equipos ya poco quedaba; tampoco estaba ya el viejo y el estadio, con el terreno de juego de un marrón que nada tenía que ver con sus mejores tardes, pronto sería un aparcamiento, o un parque, o un centro comercial. Que con este Ayuntamiento ya se sabe lo que ocurre.
Paquito Se sentó con ceremonia y empezó a dar cuenta del bocadillo de lomo con queso de plato y la tropical bien fresquita. Pero aquella noche no iba a ser como las demás. Después de comer, el vigilante fue al baño para aliviar la vejiga y un rumor que llegaba desde el campo le hizo salir sobresaltado del excusado. El césped volvía a ser verde y una luz amarillenta envolvía al viejo recinto de Ciudad Jardín. Miró hacia arriba y advirtió con sorpresa que los focos estaban apagados. Pero aquella luz vieja tan familiar volvía a iluminar un campo ahora resplandeciente y recién regado; hasta olía a césped. Pero aún quedaba lo más sorprendente. Así, como por arte de magia, los graderíos empezaron a llenarse de aficionados. Algunos iban con traje, corbata y sombrero; otros iban con patillas y pantalones de campana; otros con vaqueros... El miedo se apoderó de su cuerpo y corrió hacia la puerta exterior del Estadio. Desde allí no se oía nada y, es más, todo se encontraba a oscuras.
Intrigado, Paquito volvió a subir la escalera del vomitorio y nada más cerrar el portón, la luz volvió a encenderse aún estando apagada. Y las gradas volvieron a llenarse de aficionados. Paquito se escondió tras la abertura de acceso a Tribuna sin creer lo que estaba viendo. Cuando miraba hacia el exterior allá estaba el público, las luces, el ruido, la humareda de los puros y hasta aquel olor a calamar seco que inundaba cada una de las tribunas del estadio. Pero los focos continuaban apagados y, es más, no se oía un solo murmullo más allá del umbral de los vomitorios de Preferencia. Salió tres veces del Estadio y desde la calle no se advertía lo más mínimo.
–Qué coño me habrá puesto esta mujer en el pan –pensó más de una vez. Aquello no podía estar ocurriendo. Pero era tan real que acabó por abandonarse a lo que sucedía en los tendidos del viejo Insular, llenos como antaño. Se colocó tras la columna del vomitorio en un lugar donde apenas podía ser visto desde el campo.
Desde su escondite pudo ver como el equipo saltaba al césped. Montes, Cedrés, Tonono, Guedes, Tacoronte, Peñita... Aquello no podía ser. Sobre el césped había jugadores que no habían coincidido nunca en un terreno de juego. ¡Estaban todos muertos! El detalle terminó por descolocarlo del todo, aunque, lejos de salir por pies, como la cordura imponía, continuó allá escondido a verlas venir mientras los jugadores hacían los estiramientos previos al partido. Un cabreado Roque Olsen daba las últimas instrucciones desde el banquillo. En frente, otros peloteros míticos que habían pasado por aquel tablero verde a lo largo de más de 60 años de historia se preparaban para medirse a los amarillos. Todos eran jóvenes. Parecía como si no hubieran pasado las últimas 30 ó 40 temporadas.
Aunque se perdió casi un cuarto de hora de partido, Paquito le echo huevos al asunto. Tragó saliva y salió del escondite. Caminó por el pasillo de Tribuna baja y cogió camino de la Curva. El corazón le latía deprisa, pero un presentimiento le empujaba a seguir adelante pese al pavor que le producía aquel espectáculo fantasmal. Al llegar a la última escalera alzó la vista y lo vio. Allí estaba el viejo. Sentado en el siento como si nada hubiera pasado. Hacía ya nueve años que era difunto y Paquito no pudo reprimir unas lágrimas de emoción. El vigilante subió el tranco y pidiendo permiso a los que ocupaban las primeras filas se sentó junto a su padre.
- ¿Dónde estabas?
- En el baño, - respondió Paquito
- Tú siempre igual. No ves que el partido ya empezó.
- Sí Papá. Ya veo.
- Pues siéntate coño, que no dejas ver a los de atrás
Paquito obedeció al instante y se sentó junto a su padre. Quería preguntarle muchas cosas. Contarle otras tantas. Hablarle de la niña de Adrián, de que Lucía, al final, había logrado terminar la carrera de Derecho, de lo sola que se había quedado su madre tras su muerte, de lo duro que es enterrar a un padre... Pero no le dijo nada. Se limitó a ver el partido sin decir palabra. Como tantas y tantas veces a lo largo de tantos y tantos años.
De vez en cuando, Paquito giraba la cabeza hacia atrás para intentar reconocer a los rostros de aquella infancia ya lejana. Para ver otra vez a los vecinos de grada que compartieron años de fútbol. Estaba Antoñito, el palomero de Escaleritas; Marcial, de la Isleta y hasta Juanito el papa arrugá. De repente, Paquito perdió el miedo y se sintió a gusto. ¿Qué podía temer de gente que conocía desde hacía tantos y tantos años? Ninguno le preguntó como había envejecido tan rápido. Quizás lo seguían viendo como al niño que fue durante aquellas temporadas en las que el pequeño equipo de la pequeña ciudad se convirtió en uno de los más grandes. Paquito se abandonó a la ilusión y allí, en compañía de su padre, disfrutó de un partido más de la UD Las Palmas. Del último partido juntos.
Aunque el resultado era lo de menos, al final se ganó. El choque estuvo emocionante y fue una genialidad lo que dejó los puntos en casa: una de aquellas jugadas que tantas veces se repitiera sobre el verde de Las Alcaravaneras. El balón pasando de banda a banda con el contrario ofuscado en olerlo. Guedes cogió la pelota; la pisó; levantó la cabeza y la puso muy arriba, casi en la línea de fondo. Tonono no tuvo más que meterla en el área para que Tacoronte, en plancha, hiciera inútil la estirada de un Iríbar soberbio durante todo el partido. La gente se volvió loca y cuando el árbitro pitó el final y los jugadores tuvieron que salir dos veces para saludar al respetable. Paquito pasó el brazo por encima de su padre y lo besó.
-Buen partido viejo.
- Sí, muy bueno, muy bueno, -respondió don Sebastián algo sorprendido, aunque satisfecho, por aquel gesto de cariño de su hijo.
Clareaba cuando Paquito se despertó. Estaba sentado en su asiento de toda la vida, allá donde Tribuna se junta con la Curva; al lado del asiento de su padre. –Parecía tan real, - se lamentó. Aquella mañana, recoger las cosas para volver a casa fue más duro de lo habitual. Después de salir del Estadio, cruzó la calle para tomarse el café de todas las mañanas. Un leche y leche fuertecito para aguantar tener que cruzar toda la ciudad a pie antes de dormir.
Antes de empezar a beber un señor mayor que estaba un poquito más allá le comentó: – Bueno el partido ¿eh?
Paquito se quedó paralizado y balbuceando respondió que sí. – Sí que ha estado bueno.
- El de Arucas este como la toca el jodío. No sé que va a ser de nosotros cuando nos falte, - volvió a hablar el señor.
- El equipo ya no será el mismo cristiano, nunca más, - respondió Paquito aún asustado e intentado asumir que todo lo que había pasado aquella noche era real. - ¿Usted también ha visto el partido?, - preguntó para terminar de asegurarse.
- Pues sí. Soy socio desde el 49 y en todos estos años no me he perdido ninguno.
Paquito cogió el café y dio un pequeño sorbo y contestó – yo desde el 51 y tampoco he faltado más que cuando murió mi padre...
Cuando alzó la vista se dio cuenta de que hablaba solo y que los camareros se reían tras la barra. No había otro cliente más que él. Al salir del bar, el sol ya despuntaba por las Alcaravaneras y una excavadora amarilla empezaba a echar abajo la fachada de Naciente del viejo Estadio Insular.
Publicado: Sab Ago 26, 2006 7:09 pm
por Kramer
006. SENTIMIENTO ETERNO
Apenas me quedaban fuerzas… cada suspiro podía ser el último. Las horas se consumían lentamente y, con ellas, mi futuro y cualquier posibilidad de subsistencia se desvanecían. La habitación, oscura y fría, deshabitada de humanidad, estaba cerrada a cal y canto a la espera de decisiones. El silencio imponía su ley, únicamente alterada por un débil griterío proveniente del exterior que mantenía activo el aparato al que me habían conectado, y a mí, a mí me daba vida. ¡Mi nombre, gritaban mi nombre! ¡No estoy sola!
Me habría encantado poder levantarme y agradecer las muestras de apoyo de aquellas personas que se habían congregado bajo mi ventana, pero me resultaba imposible. Una y otra vez lo intentaba. No estaba en mí… No podía abrir los ojos… mi cuerpo no respondía a ninguna orden. “¿Qué me han hecho? ¿Por qué no puedo moverme?” me repetía incesantemente, intentando, en vano, huir de aquel extraño lugar. La angustia se apoderaba de mi cordura por momentos... Yo era totalmente consciente de lo que sucedía a mi alrededor, pero cualquier intento de acción o de comunicación con el exterior quedaba en impotentes pensamientos internos que me debilitaban aún más, física y psicológicamente. Tenía que mantener la calma y aunar fuerzas, por todas aquellas personas, tan desconocidas pero al mismo tiempo tan mías, por ellos, que me gritaban desde fuera, noche y día, sin descanso. Estaba muy débil, pero jamás me habría perdonado fallarles. Traté de tranquilizarme, relajé el cuerpo cuanto pude y me limité a mirar hacia el techo concentrada en el aparato y los ánimos de la gente.
De pronto se abrió la puerta. Otra vez las voces que me habían visitado días atrás y que, reunidas entorno a mí, debatían, sin ponerse de acuerdo, mi porvenir, pensé. ¿Habrían tomado ya una decisión? Uno tras otro fueron entrando a la habitación, con paso ceremonioso, despacio y en silencio. Aquella tarde hubo más movimiento del habitual, intuía más gente a mi alrededor. Una de las voces, de las pocas que no me resultaba familiar, se acercó hasta la ventana, desde donde atisbó el gentío, oculto tras las cortinas. - ¡Pobres ilusos! – exclamó en voz alta, provocando la sonrisa de los presentes. Acto seguido cerró casi por completo la persiana, dejando que se colaran apenas unos rayos de luz por los recovecos que no cubría el aluminio. Otra vez el silencio y más oscuridad. Me sentía observada.
Instantes después se acercó al cabezal de la cama en la que yacía, otro de los negociadores. Un destello luminoso, cuan oro y brillantes, recorrió en milésimas de segundo todo mi cuerpo, hasta posarse en mis ojos. - ¡Ay que ver a lo que has llegado, querida! - ironizó. - Tú que te paseabas tan coqueta y alegre allá donde fueras, conquistando los corazones de todo el que te observaba… ¿Qué hacemos ahora contigo? - Podía oler su aliento, sentir su respiración, su sonrisa. Era la primera vez que venía a verme, pero su voz… su voz era inconfundible. No quise esperanzarme, ¿tú también me traicionarás como lo han hecho ellos? ¿también has olvidado aquellas celebraciones que gozaste en primera fila? le pregunté desde el inconsciente. Obtuve una carcajada por respuesta.
- Creo que lo mejor será desconectar y no prolongar la agonía. Estamos perdiendo el tiempo. La gente lo entenderá, no tardarán en encapricharse con su sustituta y olvidar lo que esta puta de mala muerte les ha dado. Estoy seguro. – afirmó mientras se apartaba de la cama bruscamente.
- ¿Y si no fuese así? ¿Y si la gente nos recriminara su muerte? ¿Sabes qué significaría eso? – Preguntó otro de los presentes, uno de los más influyentes, por lo que pude intuir en el trato con el que la mayoría se dirigía a él en anteriores reuniones. También uno de los más nerviosos esa tarde, le temblaba la voz y no paraba de dar vueltas de un lado a otro de la habitación. Se palpaba la tensión más que nunca, el tiempo se les echaba encima. - Más nos valdría desaparecer de la isla, nos jugamos el cuello, todos, tú, y tú… tú también… y tú… - fue señalando uno a uno a los congregados, con un índice tembloroso y amenazante. - ¡Todos! ¡Estamos perdidos! – concluyó, aflojándose el nudo de la corbata.
- Sabes mejor que nadie lo fácil que es manipular a la sociedad en esta tierra. Contamos incluso con el apoyo de los medios de comunicación, ¿qué puede fallar? – respondió, frotándose la barbilla, sonrisa irónica, y un gesto de complicidad hacia otros dos negociadores, periodistas, quienes asintieron con la cabeza.
Ya habían dictado sentencia. No pude contener las lágrimas, ardiendo en rabia y desengaño fueron desfilando una a una por mi rostro. Por qué me hacen esto… qué mal les he hecho yo… ¿Acaso no escuchan a la gente, sus gritos? ¿acaso no es suficiente el amor de todo un pueblo? Por qué me hacen esto, ustedes, que en tiempos gloriosos fueron los primeros en proclamar amor y fidelidad hacia mí… ustedes, todos y cada uno de ustedes. Ahora me obligan a morir, a espaldas del pueblo, de quien realmente me ama. Por qué ahora, cuando más les necesito, cuando dependo de ustedes… Aún tengo fuerzas para seguir, quiero seguir… No me dejen ahora, por favor… no me dejen ahora… suplicaba en vano. Ninguno me escuchaba, se negaban a hacerlo. Ninguno salió en mi defensa.
- Será lo mejor – dijo alguien desde el fondo del habitáculo.
Infinidad de recuerdos comenzaron a pasear por mi mente. Cientos de imágenes, vivencias, tristezas, alegrías… Recuerdos de quienes dieron la vida por mi honor… Tonono, Molowny, Guedes, Silva… los diablillos amarillos… aquel Insular repleto de “cachorros canarios”, de banderolas amarillas y azules… los cánticos desde Ultra Naciente contagiando al resto de aficionados… aquellas tardes de fútbol… las victorias heroicas… las lágrimas de mi gente en los momentos difíciles…
Uno tras otro, los recuerdos fueron apoderándose de mi conciencia y, lentamente, fui perdiendo las pocas fuerzas que me quedaban. Me apagaba sin remedio… De fondo, la voz de aquel pequeño que, desde su cuarto, aquella misma tarde le escribía una carta a los negociadores.
Señores empresarios: Me llamo Sebastián, pero mis amigos me llaman Seba. Tengo 8 años y desde pequeñito soy aficionado a la Unión Deportiva Las Palmas. Mi padre siempre me lleva al estadio, con la camiseta amarilla. Él siempre dice que no podría vivir sin la UD, y mi sueño es llegar a ser futbolista de la UD para que él se sienta muy orgulloso de mí. Antes de ir al fútbol jugamos un rato en los aparcamientos que están al lado del estadio. Mi ídolo es Nauzet Alemán, e intento jugar tan bien como él. Desde hace algunos meses mi padre está muy triste, ya no sonríe como antes cuando me viste para ir al fútbol. La semana pasada lloró después de ponerme la camiseta de la UD. Me dijo que ese podía ser el último partido al que fuésemos. ¿Es verdad eso? Por favor, no dejen que muera. Mi padre se pondría muy triste, y como él muchísima gente que ama a este equipo, y yo no podría ver cumplido mi sueño. El fútbol no tiene sentido si no juega la Unión Deportiva. Por favor, hagan todo lo posible por salvarla…
Alguien se acercó al aparato, dispuesto a desenchufarlo y acabar con 57 años de historia. Ya me tenían sustituta, decían. Resignada al destino que me esperaba, pensé en todas y cada una de las personas que me han amado en todo este tiempo…
Un fuerte portazo detuvo el aire en seco. ¡Alto! – se oyó, al tiempo que un grupo de señores irrumpían en la habitación, para sorpresa y asombro de los presentes. Todos empalidecieron al instante, como si hubiesen perdido toda la sangre de sus cuerpos. Dos hombres, uno alto, corpulento, de pelo cano, y otro más bajo, delgado, y con gafas, de unos cuarenta y cinco años ambos, encabezaban la comitiva asaltante. El más corpulento se acercó sin mediar palabra hasta la ventana, levantó por completo la persiana y abrió los cristales.
- ¿Escuchan eso? – preguntó. Los gritos enardecieron… vítores, tambores, silbatos… cualquier objeto servía de improvisado instrumento a las miles de personas que, ataviadas con mis colores, cantaban…
Es la Unión Deportiva Las Palmas,
nuestro equipo señero sin par,
con su juego brioso y brillante
vencerá, vencerá, vencerá...
Mientras una sola de esas personas, y sus hijos, y los hijos de sus hijos… mientras una sola persona en el mundo siga amando a la Unión Deportiva Las Palmas, la Unión Deportiva Las Palmas vivirá – añadió, apartando de un empujón al hombre que se disponía a desenchufar la máquina.
Entonces, abrí los ojos y contemplé el abrazo entre Miguel Ángel Ramírez y Juan José Cobo Plana, el abrazo entre aficionados desconocidos, unidos por un mismo sentimiento, en el estadio y en el exilio, abrazos envueltos en lágrimas de alegría. Había marcado Marcos Márquez, a centro de Nauzet Alemán. ¡Volvía la U.D. Las Palmas!
Publicado: Sab Ago 26, 2006 7:09 pm
por Kramer
007. HISTORIA DE UN GOL
Día: 10 de junio de 2006.
Hora: 21.30 (hora canaria)
Lugar: cocina de mi casa
Mi padre y yo hemos terminado de cenar, lo hacíamos viendo la segunda parte del choque entre la UD Las Palmas y el filial de la Real Sociedad, el “Sanse”. El partido está tenso, la UD parece que domina, pero el peligro acecha. Sí, ganamos 1-0 en la ida, pero un gol nos complica la vida… La tensión puede cortarse con un cuchillo, tanto que mi madre no se atreve a entrar en la cocina. Un ruido; mi padre abre el congelador para sacar una tarrina de helado. Para helado estoy yo, que estoy hirviendo de los nervios.
Venga, todo va bien, vamos 0-0 y tenemos a la mejor defensa del campeonato… Córner, minuto 80, ¡venga Curro! ¿¡Pero qué haces!? “A la calle Curro” - me dice mi padre… Amarilla, ya son dos, expulsión. ¡Venga, no pasa nada! Corner de la Real, minuto 82… “Gol de la Real Sociedad, qué jarro de agua fría para los jugadores de la UD” – qué razón tiene Jesús Alberto Rodríguez… Gol de la Real, mientras mi padre termina de servirse su helado más enfurecido de lo que parece, yo me llevo las manos a la cara. ¡Parece mentira! “Esto está jodido…” Que no hombre, que no, que la UD nos ha enseñado a sufrir, ¡esto se remonta!
Ya tengo mi taza con helado… Empieza a derretirse, el partido está muy tenso. “Atención a la contra del Sanse, jugada rapidísima, es un tres para dos y….¡Gol! Gol del Sanse, Díaz de Cerio acaba de poner el 2-0 en el marcador!” Golpe en la mesa, me levanto, mi padre sigue a lo suyo, es tan aficionado a la UD como yo, o más, pero él es mucho más calmado… Estoy ciego de rabia, salgo de la cocina, no quiero entrar. Es el maldito minuto 86, ¡Qué manera de echar a perder una temporada! ¡Tiene cojones! ¡Y el Juanito este, menudos cambios! “Otro añito en Segunda B” – mi padre tiene razón, pero esta vez no quiero escucharle, ni siquiera quiero volver a la cocina…
Vuelvo a sentarme, el helado es ya líquido, mi madre espera en el marco de la puerta, y mi padre y yo miramos atentamente al televisor. ¡Víctor, no rifes la pelota hombre! Ya es el minuto 89…¡Vamos David, centra! Darino falla y cae al suelo, en la frontal del área. Me levanto, ¡Darino, no me jodas hombre! “…El balón que queda, ahí va Nauzet…. ¡GOOOOOOOOOOOOOL!” ¡¡¡No puede ser, los de la Autonómica están cantando un gol de la UD!!! Golazo de Nauzet, me levanto, empiezo a saltar, a gritar gol, mi padre está en pie, cantando, gritando, como nunca lo he visto hacerlo… Mi padre y yo nos miramos mientras en un instante mágico para todos los canarios, Nauzet se va al banderín de córner de Anoeta para celebrarlo. Después de una décima de segundo y en medio de nuestros gritos, mi padre y yo nos fundimos en un abrazo que, si bien pudo durar menos que el abrazo de la UD al autor del gol, fue el más intenso que he vivido nunca. “No podía ser otro, no podía ser otro…” Repite Manolo el de Arucas como una voz lejana, a kilómetros de mí. Mi padre y yo nos separamos, pero seguimos locos de alegría, la UD Las Palmas acaba de meter el gol que va a darle la clasificación para la siguiente fase, y el fútbol, una vez más, vuelve a enseñarnos que es más que un deporte, el fútbol es pasión, afición, alegrías, tristezas, momentos de emoción… El fútbol, el ser de la UD en este caso, el sentir amarillo es ese gol de Nauzet Alemán, son esos segundos en los que el balón toca la red de la portería de Anoeta, y miles de canarios, como lo hicimos mi padre y yo, se funden en un enorme abrazo que resume la pasión de este deporte.
Publicado: Sab Ago 26, 2006 7:10 pm
por Kramer
008. SIN TÍTULO
Cada sábado de mi nutrida infancia esperaba ansioso a que una voz ruda, varonil y convincente dijera: “vamos al fútbol”. La cara se me iluminaba, como si fuera un milagro, y me enfundaba mi roída casaca amarilla y mi bufanda del “Pío Pío”. Fueron muchas ocasiones en las que mi padre, yo y mi hermano avistábamos el césped del glorioso y vetusto Estadio Insular desde la empinada Grada Curva.
Con el tiempo se va madurando, se van tirando por la borda cosas de la infancia y, al mismo tiempo, reafirmándose actos producidos durante la niñez, dulce y mágica en todo momento. Quizás esa magia fue la que me embaucó. Esa magia personificada en los goles, en esos gritos maldiciendo nuestra suerte, en esos hombres que defendían con orgullo, honor y garra nuestros colores, nuestras ilusiones. Me enamoró la Unión Deportiva Las Palmas, me enamoró su escudo, su gente, la pasión con la que se siente.
Hoy, a punto de cumplir la mayoría de edad, sigo confirmando mi enfermedad por la Unión Deportiva Las Palmas, el equipo de mis abuelos, de mi padre y será el de mis hijos. Acudir al Estadio de Gran Canaria es para mí una de las cosas más importantes, no es que le de la espalda a otras alegrías que nos da la existencia, pero para qué negarlo, la Unión Deportiva Las Palmas es un parte de mi vida. No sabría que hacer sin ella, a lo mejor no creer en el fútbol, o pasar simplemente de él. Es lo que tiene el primer amor, como él no hay ninguno, o eso dicen…
Si tenemos sentimiento amarillo y el amor es sentimiento, ¿significa eso que amamos a la Unión Deportiva? Sin duda, pero algo más que eso. Nuestra fidelidad debe ser eterna, meteórica, infinita. Sólo así lograremos que las futuras generaciones amen, mamen y palpen este sentimiento como lo estamos haciendo nosotros y lo han hecho nuestros antepasados. Luchar por nuestros ideales, luchar por nuestros símbolos, por el espíritu canarión. Amor, fidelidad y lucha: tres palabras que pueden resultar triviales y poéticas, pero que si se usan en conciencia sentarán la base de un futuro triunfal y apoteósico para nuestra querida Unión Deportiva Las Palmas.
Publicado: Sab Ago 26, 2006 7:11 pm
por Kramer
009. HISTORIA DE UNA ILUSIÓN
Souleymane había llegado a Gran Canaria junto a Amy, su esposa, desde un país del África subsahariana en el que reinaban el hambre y la miseria. Le habían dicho que con un poco de suerte aquí podría conseguir un trabajo con el que alimentar a su esposa y al hijo que venía en camino. Pronto comenzó a trabajar en una obra en el sureste de la isla, y pronto también nacería Henri, su primer hijo. Una de las primeras cosas que había hecho al llegar a la isla había sido ir a ver un partido de la UD Las Palmas invitado por unos compatriotas; antes de saber decir gracias o por favor ya sabía decir pío pío. El amarillo y el azul le recordaban el colorido y la alegría de su África natal y enseguida se convertiría en un hincha más, como su hijo canario lo sería años después.
Desgraciadamente la madre de Amy había enfermado y no tenía a nadie en su país que la cuidara, unido esto a que Amy no conseguía encontrar trabajo le hizo tomar la dura decisión de dejar a su hijo y a su esposo para volver a su país natal a ocuparse de su madre, esperando reencontrarse con su familia en poco tiempo. Los años pasaron.
Hubo unas Navidades en que Henri le dijo a su padre: “Papá, quiero ser como Guayre, como Jorge, como Valerón, pero para eso primero necesito la camiseta de Las Palmas”. Souleymane era totalmente consciente de que no podían permitirse lujos de ninguna clase; todo aquello que no fuese ropa, comida o facturas que pagar sobraba. Pero en esta ocasión algo le pareció distinto. Con la madre de Henri en la lejanía, aquella camiseta podía convertirse en una especie de madre espiritual para el niño, un sueño, una ilusión a la que agarrarse como a un clavo ardiendo. Llegó el seis de enero y con él llegó la anhelada camiseta.
A partir de entonces Henri se acostaba todas las noches enfundado en su camiseta de la UD Las Palmas y soñaba que marcaba un gol en el Estadio de Gran Canaria, con la consiguiente locura y algarabía de la afición amarilla. Ése era su sueño más recurrente, pero a veces también soñaba que debutaba con Las Palmas en Primera División y que sus padres, desde las gradas, se emocionaban al verle saltar al terreno de juego con los primeros acordes del himno.
A veces también soñaba que no existían las palabras racismo ni pobreza y que la paz reinaba en todo el mundo, pero esto normalmente lo soñaba despierto.
Las hojas del calendario seguían arrancándose en casa de Henri, y de jugar en el parque de su barrio con Ayoze y Yeray, sus mejores amigos, pasó a jugar en algunos de los mejores equipos de la capital grancanaria. Pero su sueño seguía siendo el mismo que cuando tenía diez años: vestir los colores de la UD Las Palmas, el equipo que le unía a su padre, el equipo que le hacía sentirse parte de un pueblo entero, el equipo que le proporcionaba el momento de mayor felicidad de toda la semana, el equipo que un día le había regalado al mundo el talento de Juanito Guedes o Germán Dévora.
Un día antes de cumplir los dieciocho años Henri había conseguido que le hiciesen una prueba para entrar en los juveniles de Las Palmas. ¡Al fin lo había conseguido! Pero el día más feliz de su vida se iba a convertir también en el más triste, y esa noche no iba a poder darle la excelente noticia a su padre. Souleymane fallecía en accidente de tráfico al volver de una obra esa misma tarde. El destino a veces puede llegar a ser muy cruel y la vida se puede tornar en una montaña rusa de formas imposibles, pero la horrible casualidad en aquella ocasión no había sido tan inexplicable o inconcebible. Souleymane volvía todos los días de trabajar en una furgoneta junto a otros cuatro compatriotas. O trabajaba diez horas diarias, dos por encima del máximo legal permitido, o no trabajaba; obviamente, ni él ni sus compañeros tenían elección alguna. El cansancio y la carretera hicieron el resto.
Dos años más tarde, la UD Las Palmas conseguía ascender a Primera División con una joven promesa de la cantera canaria llamada Henri en sus filas. Se pueden imaginar a quién le dedicó su primer gol en la Liga de las Estrellas. Mientras, Souleymane no podía más que sonreír desde el cielo al ver a su hijo cumplir su sueño, a la vez que repetía aquellas palabras que le cautivaron desde el primer día que llegó a la isla: ¡Pío pío!
En pocos años Henri se convertiría en el primer pichichi de la historia de la UD Las Palmas en Primera División y llegaría a disputar varios mundiales con la selección española. Pero ésa es otra historia, aunque en realidad es la misma: la historia de una ilusión.
[Este pequeño relato pretende ser un modesto homenaje a la Unión Deportiva Las Palmas, el club que fundaron nuestros abuelos un 22 de agosto de 1949, auténtico pegamento emocional que une a miles de canarios de nacimiento o de corazón, en las islas o allende los mares. También pretende ser una loa al fútbol (al puro, al de verdad) como elemento integrador en nuestra sociedad y como garante de valores tan básicos y a veces olvidados como la tolerancia, el respeto, la igualdad, la nobleza y el compañerismo. PÍO PÍO.]
Publicado: Sab Ago 26, 2006 7:12 pm
por Kramer
010. UNA HISTORIA ENTRE TANTAS
Pedro es un niño de unos dieciséis años. Buen estudiante y gran amigo de sus amigos. Desde pequeñito le gustó siempre el fútbol. Su equipo, la UD Las Palmas. Siempre va con su camisa amarilla a todos lados. Con orgullo, como si fuera su bandera. Andrés, su padre, le regalo su primer equipaje el mismo día que nació. Un 23 de Julio. Siempre fue su ilusión, tener un niño que llegase a jugar en los filiales de su equipo, el de su tierra, el que él llevaba amando desde pequeño. Pero eso nunca ocurrirá.
Pedro seguía a Las Palmas por radio y por televisión siempre. Nunca dejó de seguir ni un solo partido. Un día, Pedro que tenia que hacer la comunión, en el último momento cuando ya estaba entrando por la puerta de la iglesia de la Luz, se arrepintió, dio media vuelta y entró en el bar, desde donde todos estaban viendo a Las Palmas jugar. Por más que sus padres lo intentaron llevar de vuelta a la iglesia, Pedro no hizo la primera comunión.
Es tan noble que no dudaría quedarse sin comer por darle unos céntimos a un pobre. Casi siempre se queda sin comer en el recreo, solo porque reparte su bocadillo que tan cariñosamente le prepara Carmen su madre.
Una vez, desde mi ventana pude ver como le daban una buena paliza por defender a su amigo Carlos. No dudo en interferir en la pelea, a pesar de que ellos eran cinco y mucho más grandes que él. Desde mi ventana también veo como anima a sus amigos cuando juegan al fútbol. Pedro siempre es él árbitro, o simplemente siempre se queda fuera.
Pedro, a pesar de lo que ama a Las Palmas, nunca a jugado con un balón. Nunca jamás a jugado ni un solo minuto al fútbol. Pedro, nunca ha entrado al viejo Insular. Solo ir de casa al colegio es para el un reto enorme. Bajar una grada, eso es para Pedro algo imposible. Solo ha entrado una vez al Estadio De Gran Canaria. Un día en el que sus padres después de tanto tiempo pudieron convencer a dos amigos mas para que los ayudasen. El partido fue el que la U.D. Las Palmas jugo contra el Rayo Vallecano, este mismo año. Pero tuvo que verlo desde la explanada que esta arriba del todo de la grada curva. Ese es el día más feliz de Pedro. Por primera vez pudo ver a Las Palmas jugar. Por primera vez escuchó a Ultra Naciente cantar. Cuando Marcos Márquez marcó no pudo evitar llorar. Su padre, que en todo momento no le quito la vista de encima, también lloro. Andrés estaba tan emocionado que tubo que abrazar a su hijo. Pero Pedro estaba contento. Era lo que siempre había soñado y por fin se había cumplido. Nunca olvidará como rugían las gradas. Ya todo le daba igual, ya no le importaba su situación. Ya no pensaba que el no era un niño normal. Le traía sin cuidado que no pudiese jugar al fútbol con sus amigos. Ni nadar en la playa de Las Canteras. Pedro sabía que seria feliz hasta su ultimo suspiro de vida. Ya no le importaba que nadie lo tuviera en cuenta. Que cruzar una calle fuese peligroso, que no podía salir prácticamente a ningún sitio sin sus padres. Que no podía ducharse sin ayuda, ni ponerse la camisa amarilla que tanto quería, sí su madre la había colgado en lo alto de la puerta.
Ese día cuando llegó a casa aun podía escuchar el PIO-PIO en el fondo de su mente. Le costó tanto dormir que parecía que dormía en una cama de tachas. Pero al final se durmió. Soñó que se ponía las botas y que saltaba al Gran Canaria como un jugador más. La megafonía decía su nombre y la afición le gritaba su apoyo. No solo soñó que jugaba sino que además marcaba todo un papazo a pasa de su ídolo Nauzet. Pero al final se despertó, como tenia que ser. Volvería a ser como antes. Otra vez a estar sentado todo el día. Su inseparable y vieja silla. Con su pegatina atrás del espaldar, donde se podía leer: U.D. Las Palmas.
Pedro siguió como siempre.
Sigo viéndole desde mi ventana aislado de los demás la mayor parte del tiempo, mientras sus amigos juegan al fútbol y donde cada uno interpreta el papel de un jugador de su amado club, ese que el ama más que a sí mismo. Ese al que seguirá viendo por televisión y que si algún día puede, volverá a ver en directo.
Tampoco pudo celebrar el ascenso en la Plaza De La Victoria, era demasiado arriesgado mezclarse entre tanto alboroto con su silla. Pero Pedro lo disfrutó en casa. Con su padre agitando la bandera desde el bacón. Este día Pedro fue muy feliz.
Esta historia aunque inventada, se la dedico a aquel muchacho que vi en silla de ruedas el día del Partido del Rayo.
Publicado: Sab Ago 26, 2006 7:13 pm
por Kramer
011. ÁNGELES DEL FÚTBOL
Allá arriba, muy en lo alto en el cielo, estaban sentados en una nube San Pedro y Dios, mientras comentaban la escena que se reproducía bajo de ellos…
- Padre, ¿cómo ves el partido de hoy frente a las hordas de Belcebú?
- Bueno, Pedro, es cierto que hace décadas que no nos enfrentamos contra ellos. Habrá que verlo, pero tengo especial confianza en este equipo. Los querubines han entrenado mucho. Llevamos entrenando años, hemos ensayado la táctica y estrategia. Hemos apuntalado la plantilla. Confianza, Pedro, tengo mucha confianza… se trata de eso.
- Pero… señor, ya sabes como se las gastan Satanás y los suyos… llevan practicando juego sucio toda la Historia. Entre patadas y triquiñuelas, no hemos podido ganarles todavía. No entiendo cómo has aceptado jugar de nuevo contra ellos…
- Tranquilo, hijo mío, contempla el juego y ya veremos qué pasa hoy…
Desde esta posición, los dos personajes divisan el campo comunal del Limbo, donde se ha iniciado el encuentro. A la derecha, de azul celestial, numerados del uno al once, esa misma cantidad de criaturas aladas se enfrentan frente a un temido equipo, a la izquierda, igual cantidad de espectros, de rojo, con cuernos en la frente y cola… las horribles “Hordas de Belcebú”.
El juego, como de costumbre, está siendo duro. San Pedro se tira de sus largas barbas y se muerde las uñas. Dios, en cambio, está sorprendentemente tranquilo, algo bastante inhabitual para este tipo de encuentros. No quiere perder tropas aladas por lesión o agresión, lo usual cuando te enfrentas a los infernales de abajo. De hecho, fue esa la causa por la que los partidos se suspendieron durante años. El Diablo, por su parte, ríe a mandíbula batiente, con sus ayudantes del banquillo, confiado de nuevo en la victoria de los suyos.
Pasan los minutos y el juego se limita a pases de técnica en el centro del campo por parte de los Celestes, mientras los rojillos cortan y, por qué no, coartan de forma continuada la creatividad angelical. El árbitro, otro de los puntos de eterna discusión en las conversaciones bilaterales Cielo-Infierno, le ha tocado por fin, a Dante Alighieri. Era la única manera de que se pudiera disputar el partido. Llevábamos años ante su negativa, consciente de tamaña responsabilidad, pero, finalmente, por obra y arte de San Patricio, vecino histórico del Purgatorio, ha cedido a gestionar el encuentro.
Nada nuevo se ofrece sobre la cancha. Se llega al descanso con notable aburrimiento por parte de la hinchada. Hasta los arcángeles han empezado a abuchear a los contendientes, acción normalmente destinada a los demonios del Fondo Hades. Cosas de divinidades, supongo. En la nube, mientras, la discusión continúa:
- Señor, ¿has accedido a jugar para esto? Si es lo de siempre… No se tratará de aquello de “poner la otra mejilla”, ¿no?
- Pedro, ¿dónde está la persistencia que nos ha mantenido vivos durante tantos siglos? ¿Crees que si hubiéramos decaído, habríamos superado a los emperadores romanos? ¿A las cruzadas, a la Contrarreforma o al ateismo? ¿Tú confías en mí, Pedro?
- Padre, ¿cómo osas de dudar de ello? Incondicionalmente…
En el campo, se reanuda el partido con la misma tónica del primer período. Avanzan los minutos, y no se exhibe nada nuevo en la cancha. Siguen los minutos, sigue todo igual. De repente, una señal de El Diablo en el banquillo hace que su escuadra endurezca el partido. Mientras Miguel se dispone a hacer un cambio de juego, Lucifer le entra por detrás, rebañándole la zurda y, de paso, la pelota. Dante hace mutis por el foro, y deja seguir el juego. Lucifer avanza directamente hacia el marco de Lucas, inactivo durante todo el encuentro. Ningún ángel es capaz de frenarle. Ya se encuentra al borde del área. Pero Lucifer no cuenta con la última línea celestial. Frente a él se postra el líbero angelino, con excelente colocación, un corpulento número cinco, de nombre Antonio. Cuando Lucifer se dispone a golpear con violencia hacia el marco contrario; se da cuenta que le han birlado la pelota con limpieza propia de ángeles. El esférico vuelve a feudo de los Celestes.
El líbero, de gran porte, se mueve a través del terreno propio con depurada técnica, avanza desbordando rivales, que únicamente pueden intentar recurrir al juego sucio, a las patadas y a los agarrones para frenarlo. Pero él continúa elegante, majestuoso, hacia el centro del campo.
Cuando alcanza la media cancha, Antonio alza la vista, como gran mariscal de campo, y a lo lejos, en banda derecha, divisa a su compañero, el número seis, de nombre Juan. La misma acción de fijarse en su posición significa enviarle de un certero pase la pelota a sus pies. Juan recibe con el interior de la pierna y el esférico queda muerto en el suelo. Se sitúa en la esquina del área. Observa el panorama. Sus compañeros están todos férreamente marcados. Los contrarios le rodean. El partido exhala, nunca mejor dicho, sus últimos minutos de vida. El cero a cero sigue campeando en el marcador. Juan, regio, toma el mando de la situación y decide lanzar un zurdazo, aprovechando la posición adelantada del portero demoníaco.
El balón se cuela por la escuadra del marco. Es gol, un grandioso gol, un gol celestial, providencial para las huestes del Cielo. La grada enloquece: los ángeles rugen de alegría. Hoy se les está permitido cometer excesos. Por fin, han acallado al Fondo Hades, que guarda eterno silencio. Los Celestes se ponen, por primera vez en siglos, con guarismo favorable. Además, justo cuando el partido está a punto de fenecer. Arriba, en la nube, la escena es indescriptible…
- ¡Te lo dije, Pedro, te lo dije! ¡Gol! ¡Qué golazo! ¡Y qué jugada!
- ¡Síiiiiiiiiiiii, síiiiiiiiiii…! ¡Hemos ganado, Padre! ¡Lo hemos conseguido!
- Confianza, Pedro, tenía mi arma secreta, que llevo depurando desde hace años…
Abajo, el juez del encuentro decreta el final del encuentro. Los Celestes han vencido por uno a cero. Algarabía y fiesta en El Cielo. Mientras, El Diablo arde de rabia contemplando a sus jugadores retirarse con el rabo entre las piernas.
- Señor, ¿a qué te refieres con un “arma secreta”?
- Pedro, llevo décadas viendo fútbol allá abajo… Muchos partidos, muchos minutos, muchos atletas y futbolistas… hasta que un día, como por arte divina, encontré un equipo en una pequeña isla del Atlántico. En Gran Canaria había un equipo maravilloso, allá por los setenta… la Unión Deportiva Las Palmas ¡Ellos sí que jugaban como los ángeles!
- No tenía ni idea…
- Sí, Pedro, de hecho... ¿has visto al número cinco y al número seis, nuestros nuevos fichajes?
- Por supuesto, Padre, qué poderío, qué saber hacer de estos dos… ¿Quiénes son?
- Nunca podré perdonármelo, Pedro, pero he de confesarte que ese a quien tú llamas Antonio, los canarios de aquel genial equipo lo conocían por “Tonono”. Era un genio del balón. Un auténtico mago. ¿Y el seis, Juan? Era conocido como “Guedes”. ¿Has visto que porte y qué pierna? Sí, Pedro, los contemplé jugando durante aquellos años y supe en seguida que los quería para el cielo. ¿No te das cuenta? ¡Eran ángeles sobre la tierra! ¡Ángeles del fútbol! Pero, además de eso, eran grandes personas, nobles y caballeros… No pude resistir la tentación, y me los traje conmigo.
Pedro, entretanto, le miraba atónito…
- Sí, Pedro, a veces hasta Dios comete errores cuando atisba la belleza. Me equivoqué, por dos veces y aunque, como ves, ha merecido la pena, dejé a esa gente huérfana de dioses balompédicos. Solo me percaté de ello el día de sus entierros. Había provocado una conmoción en aquellas gentes… no sé si me lo podré perdonar, pero los necesitaba aquí conmigo. Era una necesidad. Pero, al tiempo, continué observando aquella tierra, con tremenda lástima por mi error… hace poco me di cuenta de que ese equipo y esa gente podían superar todos los embates del destino, porque, como te he dicho, ¡son un equipo de ángeles del fútbol! No me cabe la más mínima duda que no habrá otro Juan u otro Antonio, pero habrá muchas tardes de gloria, porque, el Destino celebra y premia a aquellos que, simplemente, se lo ganan en la cancha y en la grada…
Publicado: Sab Ago 26, 2006 7:14 pm
por Kramer
012. VIVIR Y VER
Dieguito tenía ocho años y apenas levantaba dos palmos del suelo, era bastante pequeñito de estatura para su edad. En el cole resultaba gracioso verlo al lado de sus compañeros de clase. Siempre que podía llevaba puesta una camisa de la Unión Deportiva Las Palmas, él la llevaba orgulloso ya que veía que su papá también se la ponía todos los fines de semana.
Los demás niños del colegio, sus amigos Brian, Kevin y Rayco,.. también solían llevar camisas de fútbol,pero no la amarilla sino la de otros equipos,Brian del Barcelona, Kevin del Real Madrid y Rayco del Valencia, además se sabían las alineaciones de esos equipos de carretilla y presumían en el colegio cuando sus equipos conseguían algún logro importante. Dieguito nunca había podido sacar pecho con su camiseta amarilla ya que su equipo y el de su padre no pasaba por sus mejores momentos.
Aún así , para él ,cada día de partido era una fiesta, era feliz yendo a ver, cada quince días junto a su padre a la Unión Deportiva Las Palmas al estadio , cosa que sus amigos no hacían, ellos eran felices viendo a sus equipos por la tele. Dieguito vivía el fútbol, ellos únicamente lo veían.
Se acercaba el final del curso y ya sus amigos no llevaban las camisas de fútbol, ya no hablaban de fútbol, semanas atrás unos reían y otros lloraban con los éxitos y con los fracasos de sus equipo, el Barcelona había ganado todo y el Madrid nada, pero ahora no hablaban de fútbol, esos equipos ya no salían por la tele, la liga había acabado y las vacaciones venideras eran el único tema de conversación entre ellos.
Dieguito se sentía un bicho raro, la Unión Deportiva jugaba en segunda B y la liga todavía no había acabado, quedaba un único partido para acabar la liga y se jugaba ese sábado.
Dieguito llegó al estadio una hora y media antes de que comenzara el partido, estaba expectante, como en una nube, casi todo el mundo llevaba la camisa del mismo color que la suya, amarilla .Él formaba parte de la fiesta. Todo salió a pedir de boca, la Unión Deportiva Las Palmas ganó, vió llorar a su padre de alegría y cuando se dió cuenta estaba caminando sin rumbo en medio de una riada humana llena de cánticos, ondear de bufandas y banderas en una algarabía generalizada.
Mientras tanto en la casa de Kevin, estaban Brian y Rayco y el propio Kevin jugando a la “Playstation”.En un descanso pusieron la tele y vieron una fiesta amarilla recorriendo las calles de su barrio, se asomaron los tres a la ventana y vieron pasar una guagua escoltada por policías con jugadores encima, seguida de miles de personas llenas de júbilo y alegría, entre ellas distinguieron a su compañero de colegio Diego, como no, con su camiseta amarilla.
Dieguito también los vio asomados y cruzaron saludos, ellos balanceando la mano y Dieguito besándose el escudo de la camiseta. Dieguito estaba en la fiesta, ellos únicamente la veían.
Dieguito estaba viviendo el fútbol, ellos únicamente lo veían.
Publicado: Sab Ago 26, 2006 7:15 pm
por Kramer
013. YO BALÓN
Ya sé que mi principal función es la de ser pateado pero qué decir que aunque no lo crean también tengo mi corazoncito. Este junio pasado, precisamente el 24 día de San Juan, pude llegar a sentir el palpitar de más 30.000 almas pendientes de mí. Sé que por mi condición de simple balón sólo soy eso, un simple balón, y que por lo tanto no debiera tomar parte alguna. Pero he aquí que he sabido por antecesores míos que hace ya muchas lunas y soles nacientes, hubo una vez un equipo que más que patearnos se caracterizaba por su buen y exquisito trato del balón, moviéndonos con elegancia y sublime destreza sobre el verde césped.
El pasado sábado 24 de Junio, día de San Juan, había sabido que ese mismo equipo que jugaba con la casaca amarilla tenía ante sí un partido vital. Entre otras cosas se jugaban toda la ilusión y todo el esfuerzo de una temporada entera. Se trataba ni más ni menos, que de una cita con la misma Historia de un gigante y noble sentimiento llamado Unión Deportiva Las Palmas. Conocía de los momentos muy duros y difíciles que el Club y su fiel Afición habían vivido, sabía de las ansias por retomar la senda de antiguas glorias y recordé todo lo que me habían comentado. Y aunque no soy más que un balón para ser lanzado e impulsado sobre la verde alfombra, ese día deseaba como nunca había sentido, tener vida propia y por mí mismo poder servir a sus propósitos. Para mi fortuna que lo logré, lo conseguimos, besé las redes adversarias con una alegría inusitada en mí. De un certero cabezazo me encontraba camino a la red, traspasé la portería y entonces que lo pude oir, un enorme clamor estalló en todo el estadio, más de 30.000 almas amarillas desataban toda su pasión. Me llené de orgullo y casi que de gloria, yo era el balón de la épica victoria.
Publicado: Sab Ago 26, 2006 7:16 pm
por Kramer
014. UN ÚNICO CORAZÓN
El aliento de la grada llena los corazones de los bravos jugadores amarillos, canarios de las siete islas y alguno de adopción. Los Zuppo, el Bandera y Juanito el goleador acompañan a Ultra Naciente por el resto del abarrotado estadio. Manolo el de Tacoronte no pierde detalle en su asiento, al tiempo que escucha las palabras de don Juan José, quien ve el partido como uno más, entre la gente a la que él tanto le dio sin pedir nada a cambio.
Canarias entera late en ese momento en el estadio de Gran Canaria, también algunos bañezanos y otras personas de los lugares más recónditos del globo. Esos miles y miles de latidos están en perfecta comunión con los del Victoria, Arenas, Gran Canaria, Marino y Atlético. Corazones que nunca dejaron de latir.
La acción sigue en el campo. Montes saca raso para Manuel Pablo, este la echa al centro para Tonono, quien haciendo gala de su clase cede a Guedes con un toque celestial. Guedes avanza, driblando a cuantos rivales salen a su encuentro. Pasa a Germán, al primer toque abre a la derecha para Paquito, centrando este para Orlando. Amaga el tiro y pasa el esférico a Antoñito Jorge. La Unión Deportiva es campeona con un tanto del primer goleador de su historia.
Es la Unión Deportiva Las Palmas, nuestro equipo es campeón desde que alguien pisa el Insular o el Gran Canaria por primera vez. O cuando un niño que apenas sabe hablar entona el “Pio, Pio”. Un bichillo que cuando sea mayor, su canción más sentida acabará así:
Ra, ra, ra, nuestro equipo vencerá.