Balones al suelo: La papa dulce
Publicado: Vie Dic 05, 2008 8:15 am
Antonio Sánchez; Canarias7
Siete segundos tardó el presidente de la UD Las Palmas en reaccionar en la conferencia de prensa del martes, cuando le pregunté qué haría si mañana la suerte no acompañara ante el Celta y los aficionados reclamasen su dimisión. Miguel Ángel Ramírez, de quien no se puede olvidar lo que hizo en la época de la gestión concursada (con el apoyo del juez Cobo, acreedores, varios ex consejeros de la sociedad y el Cabildo grancanario), salió por la tangente, trató de esquivar la aclaración solicitada y finalmente dijo que los accionistas son los que mandan en el club, que los abonados no tienen esa potestad, y que hay aficionados que no son ni abonados.
Eso es respeto a los seguidores, sí señor. Los aficionados sólo interesan para que se hagan abonados o para que llenen el estadio frente al Tenerife y dejen 400.000 euros en las arcas del club; para lo demás, ni pinchan ni cortan. Salvedad hecha de que la petición de los aficionados se dirigiera hacia el entrenador. Si lo que pide la grada es la cabeza del técnico se le destituye, pero si la reprobación fuera dirigida al presidente, la resolución a la protesta no puede ser la misma, él es incapaz, siquiera, de plantearse una retirada, pero sí de prescindir de un entrenador si el graderío lo pide dos veces. La papa dulce para el presidente y la amarga para los demás.
Más de veinticuatro horas después de la destitución oficial de Juan Manuel Rodríguez (de facto estaba hecha mucho antes) sigo percibiendo repulsa por la forma de actuar del consejo de administración. Lo que sí es significativo, y me molesta mucho más, es que a un entrenador canario le cuesta Dios y ayuda llegar a la UD y se le humilla para echarlo y luego se le entrega el equipo en bandeja a cualquier foráneo. No hace falta enemigos, están en casa.
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Siete segundos tardó el presidente de la UD Las Palmas en reaccionar en la conferencia de prensa del martes, cuando le pregunté qué haría si mañana la suerte no acompañara ante el Celta y los aficionados reclamasen su dimisión. Miguel Ángel Ramírez, de quien no se puede olvidar lo que hizo en la época de la gestión concursada (con el apoyo del juez Cobo, acreedores, varios ex consejeros de la sociedad y el Cabildo grancanario), salió por la tangente, trató de esquivar la aclaración solicitada y finalmente dijo que los accionistas son los que mandan en el club, que los abonados no tienen esa potestad, y que hay aficionados que no son ni abonados.
Eso es respeto a los seguidores, sí señor. Los aficionados sólo interesan para que se hagan abonados o para que llenen el estadio frente al Tenerife y dejen 400.000 euros en las arcas del club; para lo demás, ni pinchan ni cortan. Salvedad hecha de que la petición de los aficionados se dirigiera hacia el entrenador. Si lo que pide la grada es la cabeza del técnico se le destituye, pero si la reprobación fuera dirigida al presidente, la resolución a la protesta no puede ser la misma, él es incapaz, siquiera, de plantearse una retirada, pero sí de prescindir de un entrenador si el graderío lo pide dos veces. La papa dulce para el presidente y la amarga para los demás.
Más de veinticuatro horas después de la destitución oficial de Juan Manuel Rodríguez (de facto estaba hecha mucho antes) sigo percibiendo repulsa por la forma de actuar del consejo de administración. Lo que sí es significativo, y me molesta mucho más, es que a un entrenador canario le cuesta Dios y ayuda llegar a la UD y se le humilla para echarlo y luego se le entrega el equipo en bandeja a cualquier foráneo. No hace falta enemigos, están en casa.
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