La mala hierba del viejo Insular
Publicado: Sab Sep 12, 2009 11:49 am
LA MALA HIERBA DEL VIEJO INSULAR
Así era la Grada Naciente del viejo Estadio Insular. LP/DLP
MANUEL NAVARRO CÁCERES
Todo viene a cuento, de un cuento que no por ser cuento me resisto a recontar. Era una vez un lugar, misterioso, parecido a un oasis en pleno desierto, pequeñas dunas alrededor, y allí en el centro, todo verdor, con algunos espacios salpicado de palmeras, a modo de simples y valientes viseras, dando un poco de sombra, que invitaba a soñar con el simple entorno, que por vivencias, se nos antojaba eterno. (Barrio de Arenales, viejo Estadio Insular) a caballo entre Las Palmas y el Puerto.
Se acudía quincenalmente a dar rienda suelta a las vivencias sufridas, cada uno en su quehacer diario, al tiempo de disfrutar de uno de los espectáculos que junto a la vela y lucha, entretenían al noble pueblo grancanario: el fútbol.
Y se llegaba al lugar caminando, en guagua o coche, existiendo toda posibilidad de aparcamiento, quizás por la escasez de transporte o la amplitud del espacio dunar, donde a veces se enterraban los coches, y aparte de empujar, teníamos que poner las alfombrillas debajo de las ruedas, para ayudar a su movimiento y marcha, y eso, después de que el Madrid como siempre, nos ganaba, y nuestro ánimo estaba algo más que calentito.
No es mi propósito, recontar el sublime sentimiento y la grandiosa generosidad, que a pesar de la sana rivalidad, llega a reunir a los emblemáticos y rivales equipos del fútbol local, Marino, Victoria etc., pero sí, cantar, algún viejo himno perdido, donde su melodía loaba la virtud de nuestras gentes, sobre todo en momentos míticos para nosotros, cuando de unidad se trataba, consiguiendo sin intermediación, desde la División Provincial, con sus duras y humillantes esperas, el logro de nuestra Universidad, tras una larga silenciosa y penosa marcha, y sin ningún genero de dudas el nacimiento de la Unión Deportiva Las Palmas, aglutinando rivalidades y pasiones de barrios, en busca de una casa común, el recordado añorado, y maltratado Estadio Insular.
Y al llegar ansiosamente buscábamos a nuestro compañero de asiento, donde con antelación a veces de horas, comenzaban las discusiones rememoradas tal vez de aquel Marino y Victoria, que si Molowny o Silva, o bien Correa o Germán, todo ello, bajo un solajero que partía las piedras.
El tiempo pasaba raudo y veloz, y la hora de comienzo, después del partido de los chiquillos, donde ya apuntaban las futuras figuras, la marcaba la llegada de los uniformados seminaristas que para evitar su contacto con los posibles improperios, se situaban en un "palco" a modo de jaula abierta, en lo alto de los servicios, en su cubierta, y allá en la grada curva,?. pequeñas licencias concedidas de Monseñor Pildain. (sotanas revoloteando al son del riqui raca).
Y recordemos, mujeres y soldados, gratis. Y? qué decir de la montaña de arena, o continuación hacia el infinito de la histórica grada curva, allende el Paseo de Chil. Esa grada arenosa, ya llevaba tiempo a tope de aficionados, donde al correr del ron, y chupando los tollos, nuestra visión, pese a la distancia, mejoraba por calidad y ambientación a las actuales gradas del estadio de Gran Canaria, donde seguimos echando de menos algún evento no mundial, acaso local de lanzamiento de jabalina o una mínima carrera de atletismo. Llegarán en cualquier momento tales eventos, y como casi nunca, los grandes pensadores, tendrán razón.
Cuidado, Gran Canaria, dediquémonos al menos a defender el Gran, no sea que en el devenir de la historia, nuestro Gran desaparezca, igual que aquel iluso que contaba viejas majaderías de subcampeonatos de ligas y copa, intervenciones en Europa, en fin de una milonga (el Insular), en un estadio cristiano que nunca existió.
Ya no la tendremos, esa famosa y herida grada curva, que servía incluso de termómetro a modo de vitola cuando se ocupaba en mayor o menor medida, dependiendo del líder político que al pié de la masacrada y dolida hierba nos prometía el oro, y el moro, desde las iniciales y acaloradas convocatoria de elecciones generales o locales, y que con sus mítines, de alguna forma, alguien sintió adquirir el poderío de la verdad, como para erigirse en verdugo que asestara el definitivo golpe a una parte que no por pequeña, gloriosa época de nuestra admirable y recordada historia.
Algunos, aún criticados, nos llevaremos allá donde sea, y custodiando, algunas verdades de viejas y sucias heridas, nunca reconocidas, por quienes quizás, el devenir de los tiempos y la historia se les recuerde como ?.hombres sin piedad. Dicho todo ello sin acritud, pero sí con el dolor, por la traicionera daga que marcó su definitiva muerte , nunca reconocida y mucho menos explicada, quedando en la conciencia de algunos , el angustioso silencio por responsabilidad, y que la historia, notario insobornable, algún día tal vez pregonará.
Y llegan los tiempos moernos (como diría nuestro Pepe Monagas) y es el tiempo, que nuestros espabilaos, utilizan en clara "desventaja" y sin ningún tipo de pudor, nuestro hito histórico, para no sé que fines, poniéndolo a competir con un proyecto de nuevo estadio que cubre vanidades y encierra lecciones de múltiples disciplinas, fundamentalmente basadas en principios que se sostienen menos que los actuales postes del recordado Insular.
Y es curioso que se elimine, fulminándola, una dotación para la ciudad que funcionaba perfectamente, centralizada, y que es anterior a todo lo construido en su entorno, que constituía un hito formal e histórico, no respetando el devenir de los planeamientos su veterana y funcional situación, no siendo así en otros espacios y usos, donde por culpa de todos, se debió respetar junto al nuevo desarrollo, teniendo en cuenta que la ciudad disponía de espacios alternativos y generosos, y no molestar lo que por funcionalidad e historia llevaba tiempo ocupado y ofreciendo servicio, y no solo eso, sino el suponer un punto de encuentro de los que nuestra ciudad , está escasamente dotada. Y la ciudad, raramente perdona.
Poco o nada, nos dice las soluciones urbanísticas mostradas en respetuosas y recientes ideas del concurso de ordenación del espacio donde se coloca la grada curva a modo de zona verde en buena pendiente, lindante con una vía rápida (paseo de Chil) donde no transita ni los caminantes por prescripción médica. Como ejemplo de utilidad y uso, no tenemos más que recorrer el Paseo de Chil desde el Estadio hacia el Sur, para ver varios y variopintos ejemplos del uso de las zonas verde, donde alguna vez quizá se reunieron algunas personas para oír el sermón de las siete palabras o tal vez el romper de las olas con el dique Reina Sofía.
Nos asisten, cinco, quizás diez, que digo, quince mil millones de razones para que, mirándolo desde otro ángulo, y allá en un lado de la ribera, pensemos que tal vez llegará ese jubiloso y enamorado día, posiblemente lejano, pero cierto, cuando las aguas de Las Alcaravaneras y Canteras, por el tan repetido calentamiento global (o local) se fundan en un abrazo, rebrotando de nuevo, esta vez para siempre, y sin pistas? la buena y nueva hierba del viejo Estadio Insular.
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