Once Auténticos Gladiadores
Publicado: Lun Oct 19, 2009 6:11 pm
Transcurría finales de agosto, quizás principios de septiembre -no me he detenido a buscar la fecha exacta-, Sergio Kresic se dirigía a la afición y en un discurso directo al centro del alma, que no a un costado, vellos como escarpias, arengaba a todos con un ¡¡ Vamos a la guerra !!. Y la adrenalina se disparaba a borbotones en el Gran Canaria y en los amarillos que estaban frente al televisor en esos instantes. La Unión Deportiva se presentaba dando un primer paso vencedor al frente.
Empieza la Liga y la ilusión que no se mantiene, va in crescendo. En el Helmántico salmantino, tras la segunda victoria de la temporada, la UD muestra su brillante candidatura a estar entre los mejores, el lugar donde tanto deslumbró. Sin embargo, una semana después se pierde la primera batalla. Y se cae precisamente ante un equipo con nombre de alzamiento, el Levante, en nuestra casa, la misma que un mal consejero llamado Angulo quiso convertir en campo neutral desproviniéndola del aliento cercano de la afición y de los colores de Gran Canaria, el amarillo y azul, los mismos colores que viste la Unión Deportiva.
Se suceden nuevas batallas y el equipo parece acusar ese primer golpe. De hecho, padecemos tres derrotas allí donde el sur andaluz y un empate como anfitriones ante un equipo que no nos transmitió la fuerza de su nombre, el Hércules. Las huestes de Kresic se muestran ahora como un ejército abatido, sin garra, ni casta ni coraje. Sin generales que hagan valer sus galones y sobretodo sin vanguardia. Las bajas en forma de lesiones se acumulan y la afición en la grada y en la calle, se torna ahora en valientes gladiadores por el peso de las decepciones sufridas que anhelan transformar nuevamente en ilusión, sobretodo aquellos que nunca abandonaron al equipo, los que siempre estuvieron ahí, cuando más se les necesitaba, cuando más valor se destilaba.
En estos momentos hasta los goles se nos resisten. La portería rival parece embeberse con unos postes descomunales que parecen gigantes, apenas dejan ver las redes. La Unión Deportiva Las Palmas, que siempre quiso marcar los goles más elaborados, los más bonitos, los más sentidos, se siente ahora huérfana del rey gol, el mismo al que tanta pleitesía siempre le hemos rendido en algarabía general, allí en el mítico Insular, ahora en el Gran Canaria, allá donde los amarillos atravesaran las mallas adversarias.
Mientras tanto la batalla llama de nuevo, la guerra no está perdida. El sonido de la corneta de Fernado el Bandera surca los cielos, allí mismo donde Guedes, Tonono y tantas glorias más. Suenan los tambores en la lejanía, parecen cercanos, Kresic y once auténticos gladiadores saben que deben poner toda su casta, garra y coraje. En la grada, la afición está herida pero resiste, son 300, son 10.000, no importa, sólo quiere ver a la Unión Deportiva Las Palmas ganar y vencer, vencer y ganar, batalla tras batalla, luchar hasta el último aliento alzando al viento la orgullosa bandera con los colores que siempre defendió, el amarillo y azul. Esos mismos colores que en tantos y tantos, desde niños ya, significaron orgullo e ilusión.
Empieza la Liga y la ilusión que no se mantiene, va in crescendo. En el Helmántico salmantino, tras la segunda victoria de la temporada, la UD muestra su brillante candidatura a estar entre los mejores, el lugar donde tanto deslumbró. Sin embargo, una semana después se pierde la primera batalla. Y se cae precisamente ante un equipo con nombre de alzamiento, el Levante, en nuestra casa, la misma que un mal consejero llamado Angulo quiso convertir en campo neutral desproviniéndola del aliento cercano de la afición y de los colores de Gran Canaria, el amarillo y azul, los mismos colores que viste la Unión Deportiva.
Se suceden nuevas batallas y el equipo parece acusar ese primer golpe. De hecho, padecemos tres derrotas allí donde el sur andaluz y un empate como anfitriones ante un equipo que no nos transmitió la fuerza de su nombre, el Hércules. Las huestes de Kresic se muestran ahora como un ejército abatido, sin garra, ni casta ni coraje. Sin generales que hagan valer sus galones y sobretodo sin vanguardia. Las bajas en forma de lesiones se acumulan y la afición en la grada y en la calle, se torna ahora en valientes gladiadores por el peso de las decepciones sufridas que anhelan transformar nuevamente en ilusión, sobretodo aquellos que nunca abandonaron al equipo, los que siempre estuvieron ahí, cuando más se les necesitaba, cuando más valor se destilaba.
En estos momentos hasta los goles se nos resisten. La portería rival parece embeberse con unos postes descomunales que parecen gigantes, apenas dejan ver las redes. La Unión Deportiva Las Palmas, que siempre quiso marcar los goles más elaborados, los más bonitos, los más sentidos, se siente ahora huérfana del rey gol, el mismo al que tanta pleitesía siempre le hemos rendido en algarabía general, allí en el mítico Insular, ahora en el Gran Canaria, allá donde los amarillos atravesaran las mallas adversarias.
Mientras tanto la batalla llama de nuevo, la guerra no está perdida. El sonido de la corneta de Fernado el Bandera surca los cielos, allí mismo donde Guedes, Tonono y tantas glorias más. Suenan los tambores en la lejanía, parecen cercanos, Kresic y once auténticos gladiadores saben que deben poner toda su casta, garra y coraje. En la grada, la afición está herida pero resiste, son 300, son 10.000, no importa, sólo quiere ver a la Unión Deportiva Las Palmas ganar y vencer, vencer y ganar, batalla tras batalla, luchar hasta el último aliento alzando al viento la orgullosa bandera con los colores que siempre defendió, el amarillo y azul. Esos mismos colores que en tantos y tantos, desde niños ya, significaron orgullo e ilusión.