La incompetencia como bandera
Publicado: Lun Abr 05, 2010 7:54 pm
Miguel Ángel Ramírez es el singular culpable de la situación que atraviesa la Unión Deportiva, que yo calificaría como la más ardua de los últimos 5 años. Y lo es porque se ha rodeado de profesionales de poca o nula competencia. Ahora cabe verdaderamente pararse a pensar en quién ha estado en manos esta sociedad. Y para ello analizaremos la situación desde varias caras del prisma.
La primera y de mayor envergadura es la gestión deportiva. Miguel Ángel llegó a esta entidad con un nombre encima de la mesa, Juanito. Si bien se presupone una cierta amistad entre ambos desde hace tiempo, Juanito era una persona que para Miguel Ángel tenía solvencia para gestionar dicha parcela. Su apuesta fue Josip Visjnic, un entrenador serbio que despuntaba en el Alcalá de la 2ªB, categoría en la que militábamos aquella temporada. Lo cierto es que, aunque no jugábamos a prácticamente nada, los partidos los sacábamos adelante. Y no nos fue mal. Repentinamente, Visjnic presentó su dimisión. Alegó, si mal no recuerdo, motivos personales. Fue un hecho cuanto menos excéntrico. A esas alturas de la temporada, con el trabajo bien encaminado, solo quedaba dar el toque final. Fue entonces cuando Juanito decidió ponerse al mando del equipo desde el banquillo. Mantuvo los resultados y llegamos al Play-off. Aquí era a vida o muerte. El primer partido fue ante el filial de la Real Sociedad. El 1-0 del primer partido se antojaba corto. Casi nos lo hacen pagar caro en Donostia. Se obró el milagro, Nauzet Alemán en el último minuto enganchó el derechazo que todos tenemos en nuestras retinas. A veces me paro a pensar y me doy cuenta de lo que hubiera sido de nosotros si aquello se hubiera ido a las nubes. Posiblemente estaríamos ahora mismo jugando contra el Alcalá, nuevamente. Hay que recordar que durante ese año la tranquilidad brilló por su ausencia, fue un año difícil, la responsabilidad pesaba (y mucho) sobre las espaldas de los once que saltaban. Una vez se obró el milagro y visto lo que posteriormente ocurrió cuando eliminamos al Linares, dio la sensación de que lo duro se paso contra la Real B, el resto fluyó solo. De Linares sacamos un merecido empate a dos y aquí, tras el descanso, rematamos la faena. Estábamos en segunda, pero sigo pensando que si Nauzet la llega a tirar fuera, ahora estaríamos en el pozo. Esa temporada los males se soterraron por el ascenso. Muchos, incluido yo, nos hicimos los ciegos. El ascenso valía más que eso.
Esa temporada se sentó una base que fue la que nos hizo pagar errores futuros. Quizás aquella temporada de 2ªB debimos de exigir más. Las tres siguientes temporadas pasaron con más penas que glorias. Primero con Sánchez Aguiar, después con su confidente Vidales y hasta con él mismo. Recordemos que fue Juanito el que juró y perjuró que lo de él eran los despachos y no los banquillos. Pues bien que se colocó en cuanto tuvo ocasión. Y no solo eso, sino que cuando él no estuvo, dejó el cargo a sus amigos, aunque se llegó a decir que la relación Juanito-Sánchez Aguiar quedó deteriorada tras la destitución de este. No me extraña, valiente es el que lo aguanta. Entre él y el parlanchín de Vidales se repartían bien el pastel. Vamos, el puesto de entrenador parecía que se regía por un sistema turnista. Solo hubo un hombre, que con sus aciertos y errores, plantó cara a Juanito y Vidales (si estos lo llegan a saber antes...). Juan Manuel Rodríguez plantó cara y salió por la puerta de atrás. Además, en silencio. Hasta hoy. Que cada cual saque sus conclusiones. Todo esto formó una vorágine, con la afición entremedio, que hizo que el presidente decidiera cesarlo. Fue algo tan extraño que todavía le doy vueltas. Un mes antes de tomar esa decisión, Miguel Ángel respondía valeroso a las críticas surgidas hacia Juanito. Digno de final de Titanic, desde luego. Fue un: o los dos o ninguno. Romántico cuanto menos.
Si a todo esto le sumamos los nueve fichajes por temporada (en su mayoría fracasos), nos deja un cuadro pintado por un pintor de brocha gorda. Algunos hasta lo perdonaban por haberse tatuado el escudo en el tobillo. Un cúmulo de despropósitos.
Por otro lado tenemos a la radio oficial del club. Un medio propagandístico que el presidente ha utilizado como su voz en las ondas. Ni se ha preocupado en maquillar un poco las opiniones de los dos presentadores, a los que citaré después. Radicalismo puro y duro el que se respira cuando pones la 93.8. Pero sobre todo, el mayor escándalo es el cambio de la temporada pasada (en la que estaba Juanito) a esta. Ignominioso, indecente, indigno, vergonzoso, despreciable...
Todo esto dirigido y presentado por Ruyman Almeida y Manolo Morales. Al primero se le podría considerar el líder. Al segundo, su adulador. Lo de Manolo es curioso, hasta que fichó por UDRadio mantenía una actitud muy crítica hacía el equipo. Yo diría más bien hipercrítica. Todo cambio cuando Miguel Ángel decidió tener al enemigo en casa, ¿qué mejor forma de callarlo? Y este supo responder perfectamente a las consignas de su jefe, nunca muerdas la mano de quien te da de comer.
Y finalmente nos encontramos con Miguel Ángel Ramírez, la cabeza visible. Ha tenido que aguantar lo que no está escrito. Incluso a veces sentía aflicción por su situación. Lo único que me pasaba por la cabeza es la razón por la cual decidió flagelarse tanto. En cualquier momento podía cortar aquello. Se negó en rotundo, pese a que la afición no se lo pudo dejar más claro. Por eso estamos aquí hoy, por su perreta, por su continuo empeño en mantener a un hombre que solo le traía disgustos.
Miguel Ángel, ahora, con toda la que está cayendo, he llegado a la conclusión de que te ha pasado lo mismo que a aquel jugador que se vio solo delante del portero, que se llenó de balón y la acabó tirando por fuera.
Solo me queda darle las gracias por los servicios prestados. Todavía por esta Unión Deportiva quedan muchos presidentes que pasar por el trono...
La primera y de mayor envergadura es la gestión deportiva. Miguel Ángel llegó a esta entidad con un nombre encima de la mesa, Juanito. Si bien se presupone una cierta amistad entre ambos desde hace tiempo, Juanito era una persona que para Miguel Ángel tenía solvencia para gestionar dicha parcela. Su apuesta fue Josip Visjnic, un entrenador serbio que despuntaba en el Alcalá de la 2ªB, categoría en la que militábamos aquella temporada. Lo cierto es que, aunque no jugábamos a prácticamente nada, los partidos los sacábamos adelante. Y no nos fue mal. Repentinamente, Visjnic presentó su dimisión. Alegó, si mal no recuerdo, motivos personales. Fue un hecho cuanto menos excéntrico. A esas alturas de la temporada, con el trabajo bien encaminado, solo quedaba dar el toque final. Fue entonces cuando Juanito decidió ponerse al mando del equipo desde el banquillo. Mantuvo los resultados y llegamos al Play-off. Aquí era a vida o muerte. El primer partido fue ante el filial de la Real Sociedad. El 1-0 del primer partido se antojaba corto. Casi nos lo hacen pagar caro en Donostia. Se obró el milagro, Nauzet Alemán en el último minuto enganchó el derechazo que todos tenemos en nuestras retinas. A veces me paro a pensar y me doy cuenta de lo que hubiera sido de nosotros si aquello se hubiera ido a las nubes. Posiblemente estaríamos ahora mismo jugando contra el Alcalá, nuevamente. Hay que recordar que durante ese año la tranquilidad brilló por su ausencia, fue un año difícil, la responsabilidad pesaba (y mucho) sobre las espaldas de los once que saltaban. Una vez se obró el milagro y visto lo que posteriormente ocurrió cuando eliminamos al Linares, dio la sensación de que lo duro se paso contra la Real B, el resto fluyó solo. De Linares sacamos un merecido empate a dos y aquí, tras el descanso, rematamos la faena. Estábamos en segunda, pero sigo pensando que si Nauzet la llega a tirar fuera, ahora estaríamos en el pozo. Esa temporada los males se soterraron por el ascenso. Muchos, incluido yo, nos hicimos los ciegos. El ascenso valía más que eso.
Esa temporada se sentó una base que fue la que nos hizo pagar errores futuros. Quizás aquella temporada de 2ªB debimos de exigir más. Las tres siguientes temporadas pasaron con más penas que glorias. Primero con Sánchez Aguiar, después con su confidente Vidales y hasta con él mismo. Recordemos que fue Juanito el que juró y perjuró que lo de él eran los despachos y no los banquillos. Pues bien que se colocó en cuanto tuvo ocasión. Y no solo eso, sino que cuando él no estuvo, dejó el cargo a sus amigos, aunque se llegó a decir que la relación Juanito-Sánchez Aguiar quedó deteriorada tras la destitución de este. No me extraña, valiente es el que lo aguanta. Entre él y el parlanchín de Vidales se repartían bien el pastel. Vamos, el puesto de entrenador parecía que se regía por un sistema turnista. Solo hubo un hombre, que con sus aciertos y errores, plantó cara a Juanito y Vidales (si estos lo llegan a saber antes...). Juan Manuel Rodríguez plantó cara y salió por la puerta de atrás. Además, en silencio. Hasta hoy. Que cada cual saque sus conclusiones. Todo esto formó una vorágine, con la afición entremedio, que hizo que el presidente decidiera cesarlo. Fue algo tan extraño que todavía le doy vueltas. Un mes antes de tomar esa decisión, Miguel Ángel respondía valeroso a las críticas surgidas hacia Juanito. Digno de final de Titanic, desde luego. Fue un: o los dos o ninguno. Romántico cuanto menos.
Si a todo esto le sumamos los nueve fichajes por temporada (en su mayoría fracasos), nos deja un cuadro pintado por un pintor de brocha gorda. Algunos hasta lo perdonaban por haberse tatuado el escudo en el tobillo. Un cúmulo de despropósitos.
Por otro lado tenemos a la radio oficial del club. Un medio propagandístico que el presidente ha utilizado como su voz en las ondas. Ni se ha preocupado en maquillar un poco las opiniones de los dos presentadores, a los que citaré después. Radicalismo puro y duro el que se respira cuando pones la 93.8. Pero sobre todo, el mayor escándalo es el cambio de la temporada pasada (en la que estaba Juanito) a esta. Ignominioso, indecente, indigno, vergonzoso, despreciable...
Todo esto dirigido y presentado por Ruyman Almeida y Manolo Morales. Al primero se le podría considerar el líder. Al segundo, su adulador. Lo de Manolo es curioso, hasta que fichó por UDRadio mantenía una actitud muy crítica hacía el equipo. Yo diría más bien hipercrítica. Todo cambio cuando Miguel Ángel decidió tener al enemigo en casa, ¿qué mejor forma de callarlo? Y este supo responder perfectamente a las consignas de su jefe, nunca muerdas la mano de quien te da de comer.
Y finalmente nos encontramos con Miguel Ángel Ramírez, la cabeza visible. Ha tenido que aguantar lo que no está escrito. Incluso a veces sentía aflicción por su situación. Lo único que me pasaba por la cabeza es la razón por la cual decidió flagelarse tanto. En cualquier momento podía cortar aquello. Se negó en rotundo, pese a que la afición no se lo pudo dejar más claro. Por eso estamos aquí hoy, por su perreta, por su continuo empeño en mantener a un hombre que solo le traía disgustos.
Miguel Ángel, ahora, con toda la que está cayendo, he llegado a la conclusión de que te ha pasado lo mismo que a aquel jugador que se vio solo delante del portero, que se llenó de balón y la acabó tirando por fuera.
Solo me queda darle las gracias por los servicios prestados. Todavía por esta Unión Deportiva quedan muchos presidentes que pasar por el trono...
