El fútbol que se jugaba en España hace décadas no tenía, ni de lejos, el glamour de lo que hoy llaman "la liga de las estrellas"; no se permitía la presencia de jugadores extranjeros y los dos equipos de Madrid y el F.C. Barcelona se repartían la hegemonía con mimbres nacionales: Amancio, Pirri, Velázquez, Fusté, Gallego, Sadurní, Adelardo, Luis, Gárate, .... El Athletic de Bilbao y el Valencia aparecían de vez en cuando y gente como Arieta, Uriarte, Sol o Paquito también sonaban, el Zaragoza mantenía el último esplendor de los magníficos y la Real comenzaba a crear escuela tras un paso por 2ª División.
Pero entre los fijos de la categoría de oro había un equipo que jugaba al fútbol de maravilla y con un estilo tan propio como distinto al resto: la Unión Deportiva Las Palmas, que en los últimos años de la década de los 60 tuvo su época dorada y llegó a ser subcampeón de Liga en la temporada 1968-69. El equipo canario jugaba un fútbol pausado, elegante y ofensivo que hizo las delicias de sus aficionados y de todo aquél a quien gustaba el buen fútbol durante unos cuantos años. El gran artífice de este equipo fue Luis Molwny, un hombre que figura en la gran historia del fútbol español por muchos motivos: fue un jugador excepcional en la plantilla del Real Madrid que conquistó 5 copas de Europa junto a fenómenos de la talla de Di Estéfano, Gento, Kopa, Puskas y Héctor Rial, compartió con Miguel Muñoz y Salvador Artigas los galones de seleccionador nacional en una breve etapa de transición e hizo de apagafuegos con el Real Madrid en diversas ocasiones, siempre con un éxito excepcional y consiguiendo una Liga y una Copa. Pero Molowny también está en el cuadro de honor del fútbol por haber construido como director técnico y dirigido como entrenador (1967-1970) a la mejor UD Las Palmas de su historia.
Enfrentarse a la UD Las Palmas siempre era algo especial, y no solamente porque los partidos eran nocturnos y porque en aquella época acudir a Gran Canaria ofrecía la oportunidad de compras baratas, sino fundamentalmente porque saltar a disputar un encuentro en el estadio Insular era hacerlo ante una afición distinta y frente a un equipo especial. Los amarillos imponían un fútbol de lujo, con un ritmo cadencioso, como una continuo vals sobre el césped en el que quien lo baila domina absolutamente la técnica de esa danza.
La UD Las Palmas de entonces tenía tres jugadores -todos de la isla de Gran Canaria- que destacaban por encima de todos. Guedes, un medio volante de la época alto y moreno, que llegó a ser titular de la selección española y aportaba un gran despliegue físico, pero sobre todo una gran clase y el manejo de una zurda de oro. Tonono, un central con buena técnica, de esos que abundaban entonces -Violeta, Zoco, Glaría, José Manuel, ...- y sabían sacar el balón jugado, subir al ataque más allá de los corners y dominar el área casi con la mirada. El juego sereno de Tonono era imprescindible tanto en su equipo como en la "roja"; Tonono era un ejemplo de deportividad y "fair play", con una alta capacidad técnica y gran colocación. Su precisión en el corte y el pase le ganó el apodo de el Omega (preciso como un reloj suizo).
El tercer mosquetero canario fue Germán, un auténtico prodigio técnico; Germán Dévora era un interior izquierdo de lujo, un "10", número mágico que han portado fenómenos como Pelé, Overtah, Maradona o Antognoni; en España había entonces unos cuantos "10" de primera fila: Velázquez, José María, Villa, Marcial, Alberto, ... Germán tenía una gran técnica y visión de juego, con un cambio de ritmo prodigioso que desconcertaba al contrario, facilitado por su habilidad para regatear en un palmo de terreno o simplemente con un quiebro de cintura. De juego afiligranado y espectacular, era a su vez práctico y eficaz en el juego colectivo. Estaba dotado de unas cualidades excepcionales para medir el "tempo" del partido, organizando todo el juego de su equipo; a la vez que tenía cierta facilidad para el gol.
La U.D. Las Palmas tenía por supuesto otros jugadores que pusieron su granito de arena en los triunfos y en el buen juego de los canarios. En el lateral derecho jugaba Aparicio hasta que apareció Martín Marrero, un rápido y peleón de quien aseguran que fue el primer "carrilero" del fútbol español, siendo cuatro veces internacional con la absoluta. En el lateral izquierdo jugaban José Luis y Hernández. Castellano, que fue dos veces internacional, era un jugador más defensivo que su compañero, tenía buen disparo y remataba bien de cabeza, aunque por encima de todo su gran virtud era la regularidad.
Justo Gilberto era un interior derecho de gran fuerza y con buen disparo; era un centrocampista trabajador y ofensivo, algo que en el futbol de hoy en día parece incompatible, pero de lo que entonces había bastantes ejemplos, como el "magnífico" Eleuterio Santos, también canario por cierto, el valencianista Pepe Claramunt, el atlético Irureta o Juan Manuel Asensi,un zurdo puro que pasó del Elche al Barça. Gilberto I era un extremo zurdo con más técnica y regate que velocidad, pero que se hizo con el número 11 de los canarios prácticamente en propiedad. El extremo derecho era León, rápido, vertical y con capacidad goleadora, mientras que el ariete José Juan, un delantero centro peleón y oportunista, completaba la delantera. El fornido central Oscar, el volante Niz, el extremo Bosmediano y los jóvenes Melián, Trona, Estevez y Pepe Juán completában, entre otros, un plantel de la casa y brillante.
Años después la Unión Deportiva tuvo otro equipo competitivo, en el que aún quedaban unos cuantos de los jugadores citados y cuya calidad se veía intensificada por cuatro jugadores argentinos, todos ellos internacionales con la albiceleste, que fueron llegando al club en años sucesivos; el primero en llegar, en 1973, fue el meta Daniel Alberto Carnevalli, que tras haber jugado en Rosario Central, Atlante y Chacarita Juniors, cubrió toda una época del club, al año siguiente llegó Enrique Wolf, un lateral derecho que había jugado en Racing y River y que el mister francés Pierre Sinibaldi reconvirtió a interior que tras deslumbrar en el Insular acabó triunfando también en el Bernabeu con la elástica merengue; posteriormente llegaría Carlos Manuel Morete, un goleador de River que además de por sus goles se hizo célebre por jugar con las medias bajadas y finalmente, en 1976, llegaría el maestro Miguel Angel Brindisi, posiblemente el mediocampista argentino con más clase de su época, que llegó del Huracán. El fútbol de todos estos jugadores empujó a la Unión Deportiva a otra época de triunfos que culminó con la Final de Copa del rey que jugó y perdió contra el Barça de Cruyff en 1978.
Sin estar en el ánimo cuadrar ninguna comparación, se pueden observar ciertas similitudes de lo que se está viviendo en la actualidad con ese pasado reciente, sustituyendo el ritmo cadencioso por una moderna velocidad, un fútbol, evidentemente, más actualizado y físico. Pero como dice Tamarán,
fútbol grancanario,(con el aporte de unos cuantos tinefeños en aquellos tiempos) sin género de duda, y con ese sello único e irrepetible que sólo se da en esta bendita isla de Gran Canaria.
Desde la humildad, la paciencia y la mesura, pero siempre con la ambición y las más altas metas en el punto de mira, disfrutemos el momento y quedemos expectantes. El talento se ha recuperado. Ahora sólo queda que el tiempo haga su trabajo.
(
http://modestino.blogspot.com)