¡¡¡ LARGA VIDA A LA UNIÓN DEPORTIVA LAS PALMAS !!!
SENTIMIENTO ETERNO
Apenas me quedaban fuerzas… cada suspiro podía ser el último. Las horas se consumían lentamente y, con ellas, mi futuro y cualquier posibilidad de subsistencia se desvanecían. La habitación, oscura y fría, deshabitada de humanidad, estaba cerrada a cal y canto a la espera de decisiones. El silencio imponía su ley, únicamente alterada por un débil griterío proveniente del exterior que mantenía activo el aparato al que me habían conectado, y a mí, a mí me daba vida. ¡Mi nombre, gritaban mi nombre! ¡No estoy sola!
Me habría encantado poder levantarme y agradecer las muestras de apoyo de aquellas personas que se habían congregado bajo mi ventana, pero me resultaba imposible. Una y otra vez lo intentaba. No estaba en mí… No podía abrir los ojos… mi cuerpo no respondía a ninguna orden. “¿Qué me han hecho? ¿Por qué no puedo moverme?” me repetía incesantemente, intentando, en vano, huir de aquel extraño lugar. La angustia se apoderaba de mi cordura por momentos... Yo era totalmente consciente de lo que sucedía a mi alrededor, pero cualquier intento de acción o de comunicación con el exterior quedaba en impotentes pensamientos internos que me debilitaban aún más, física y psicológicamente. Tenía que mantener la calma y aunar fuerzas, por todas aquellas personas, tan desconocidas pero al mismo tiempo tan mías, por ellos, que me gritaban desde fuera, noche y día, sin descanso. Estaba muy débil, pero jamás me habría perdonado fallarles. Traté de tranquilizarme, relajé el cuerpo cuanto pude y me limité a mirar hacia el techo concentrada en el aparato y los ánimos de la gente.
De pronto se abrió la puerta. Otra vez las voces que me habían visitado días atrás y que, reunidas entorno a mí, debatían, sin ponerse de acuerdo, mi porvenir, pensé. ¿Habrían tomado ya una decisión? Uno tras otro fueron entrando a la habitación, con paso ceremonioso, despacio y en silencio. Aquella tarde hubo más movimiento del habitual, intuía más gente a mi alrededor. Una de las voces, de las pocas que no me resultaba familiar, se acercó hasta la ventana, desde donde atisbó el gentío, oculto tras las cortinas. - ¡Pobres ilusos! – exclamó en voz alta, provocando la sonrisa de los presentes. Acto seguido cerró casi por completo la persiana, dejando que se colaran apenas unos rayos de luz por los recovecos que no cubría el aluminio. Otra vez el silencio y más oscuridad. Me sentía observada.
Instantes después se acercó al cabezal de la cama en la que yacía, otro de los negociadores. Un destello luminoso, cuan oro y brillantes, recorrió en milésimas de segundo todo mi cuerpo, hasta posarse en mis ojos. - ¡Ay que ver a lo que has llegado, querida! - ironizó. - Tú que te paseabas tan coqueta y alegre allá donde fueras, conquistando los corazones de todo el que te observaba… ¿Qué hacemos ahora contigo? - Podía oler su aliento, sentir su respiración, su sonrisa. Era la primera vez que venía a verme, pero su voz… su voz era inconfundible. No quise esperanzarme, ¿tú también me traicionarás como lo han hecho ellos? ¿también has olvidado aquellas celebraciones que gozaste en primera fila? le pregunté desde el inconsciente. Obtuve una carcajada por respuesta.
- Creo que lo mejor será desconectar y no prolongar la agonía. Estamos perdiendo el tiempo. La gente lo entenderá, no tardarán en encapricharse con su sustituta y olvidar lo que esta puta de mala muerte les ha dado. Estoy seguro. – afirmó mientras se apartaba de la cama bruscamente.
- ¿Y si no fuese así? ¿Y si la gente nos recriminara su muerte? ¿Sabes qué significaría eso? – Preguntó otro de los presentes, uno de los más influyentes, por lo que pude intuir en el trato con el que la mayoría se dirigía a él en anteriores reuniones. También uno de los más nerviosos esa tarde, le temblaba la voz y no paraba de dar vueltas de un lado a otro de la habitación. Se palpaba la tensión más que nunca, el tiempo se les echaba encima. - Más nos valdría desaparecer de la isla, nos jugamos el cuello, todos, tú, y tú… tú también… y tú… - fue señalando uno a uno a los congregados, con un índice tembloroso y amenazante. - ¡Todos! ¡Estamos perdidos! – concluyó, aflojándose el nudo de la corbata.
- Sabes mejor que nadie lo fácil que es manipular a la sociedad en esta tierra. Contamos incluso con el apoyo de los medios de comunicación, ¿qué puede fallar? – respondió, frotándose la barbilla, sonrisa irónica, y un gesto de complicidad hacia otros dos negociadores, periodistas, quienes asintieron con la cabeza.
Ya habían dictado sentencia. No pude contener las lágrimas, ardiendo en rabia y desengaño fueron desfilando una a una por mi rostro. Por qué me hacen esto… qué mal les he hecho yo… ¿Acaso no escuchan a la gente, sus gritos? ¿acaso no es suficiente el amor de todo un pueblo? Por qué me hacen esto, ustedes, que en tiempos gloriosos fueron los primeros en proclamar amor y fidelidad hacia mí… ustedes, todos y cada uno de ustedes. Ahora me obligan a morir, a espaldas del pueblo, de quien realmente me ama. Por qué ahora, cuando más les necesito, cuando dependo de ustedes… Aún tengo fuerzas para seguir, quiero seguir… No me dejen ahora, por favor… no me dejen ahora… suplicaba en vano. Ninguno me escuchaba, se negaban a hacerlo. Ninguno salió en mi defensa.
- Será lo mejor – dijo alguien desde el fondo del habitáculo.
Infinidad de recuerdos comenzaron a pasear por mi mente. Cientos de imágenes, vivencias, tristezas, alegrías… Recuerdos de quienes dieron la vida por mi honor… Tonono, Molowny, Guedes, Silva… los diablillos amarillos… aquel Insular repleto de “cachorros canarios”, de banderolas amarillas y azules… los cánticos desde Ultra Naciente contagiando al resto de aficionados… aquellas tardes de fútbol… las victorias heroicas… las lágrimas de mi gente en los momentos difíciles…
Uno tras otro, los recuerdos fueron apoderándose de mi conciencia y, lentamente, fui perdiendo las pocas fuerzas que me quedaban. Me apagaba sin remedio… De fondo, la voz de aquel pequeño que, desde su cuarto, aquella misma tarde le escribía una carta a los negociadores.
Señores empresarios: Me llamo Sebastián, pero mis amigos me llaman Seba. Tengo 8 años y desde pequeñito soy aficionado a la Unión Deportiva Las Palmas. Mi padre siempre me lleva al estadio, con la camiseta amarilla. Él siempre dice que no podría vivir sin la UD, y mi sueño es llegar a ser futbolista de la UD para que él se sienta muy orgulloso de mí. Antes de ir al fútbol jugamos un rato en los aparcamientos que están al lado del estadio. Mi ídolo es Nauzet Alemán, e intento jugar tan bien como él. Desde hace algunos meses mi padre está muy triste, ya no sonríe como antes cuando me viste para ir al fútbol. La semana pasada lloró después de ponerme la camiseta de la UD. Me dijo que ese podía ser el último partido al que fuésemos. ¿Es verdad eso? Por favor, no dejen que muera. Mi padre se pondría muy triste, y como él muchísima gente que ama a este equipo, y yo no podría ver cumplido mi sueño. El fútbol no tiene sentido si no juega la Unión Deportiva. Por favor, hagan todo lo posible por salvarla…
Alguien se acercó al aparato, dispuesto a desenchufarlo y acabar con 57 años de historia. Ya me tenían sustituta, decían. Resignada al destino que me esperaba, pensé en todas y cada una de las personas que me han amado en todo este tiempo…
Un fuerte portazo detuvo el aire en seco. ¡Alto! – se oyó, al tiempo que un grupo de señores irrumpían en la habitación, para sorpresa y asombro de los presentes. Todos empalidecieron al instante, como si hubiesen perdido toda la sangre de sus cuerpos. Dos hombres, uno alto, corpulento, de pelo cano, y otro más bajo, delgado, y con gafas, de unos cuarenta y cinco años ambos, encabezaban la comitiva asaltante. El más corpulento se acercó sin mediar palabra hasta la ventana, levantó por completo la persiana y abrió los cristales.
- ¿Escuchan eso? – preguntó. Los gritos enardecieron… vítores, tambores, silbatos… cualquier objeto servía de improvisado instrumento a las miles de personas que, ataviadas con mis colores, cantaban…
Es la Unión Deportiva Las Palmas,
nuestro equipo señero sin par,
con su juego brioso y brillante
vencerá, vencerá, vencerá...
Mientras una sola de esas personas, y sus hijos, y los hijos de sus hijos… mientras una sola persona en el mundo siga amando a la Unión Deportiva Las Palmas, la Unión Deportiva Las Palmas vivirá – añadió, apartando de un empujón al hombre que se disponía a desenchufar la máquina.
Entonces, abrí los ojos y contemplé el abrazo entre Miguel Ángel Ramírez y Juan José Cobo Plana, el abrazo entre aficionados desconocidos, unidos por un mismo sentimiento, en el estadio y en el exilio, abrazos envueltos en lágrimas de alegría. Había marcado Marcos Márquez, a centro de Nauzet Alemán. ¡Volvía la U.D. Las Palmas!
El relato SENTIMIENTO ETERNO (PIOBCN)
- Tamarán
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El relato SENTIMIENTO ETERNO (PIOBCN)
Con la vuelta a los problemas con los malditos y dichosos avales que ponen nuevamente contra las cuerdas, quiero hacer referencia al magnífico relato de nuestro compañero PIOBCN en el que daba su particular punto de vista sobre esta situación. Ojalá el final sea el mismo que narraba en su relato:
- kevin_ultranaciente
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N.B.Tiempos
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Gracias Tamarán y Telshem por recuperar el relato y el vídeo. Ojalá que el final sea idéntico, tal y como todos queremos. Ojalá, y esta vez sea la definitiva. Ánimos a todos, especialmente a Miguel Ángel Ramírez, quien una vez más tiene una ardua tarea por delante. Nosotros sigamos bajo la ventana, siempre. Saludos
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