La crónica firmada por Antonio Sánchez y publicada hoy en la edición impresa de Canarias7 es lamentable, pordiosera, deleznable y grotesca. Apesta por todos lados y su lectura ha resultado un martirio insufrible por soez, desvergonzada, manipuladora y falsa. El resumen de semejante bodrio vomitivo es que los jugadores no quisieron ganar, y no ganaron simplemente porque no les salió de las narices, pecando de poco ambiciosos y destacando, erre que erre, un supuesto fallo de Pindado, la gran mentira de la semana puesta al descubierto por las cámaras de televisión.
Recuerdo los lejanos tiempos de un Sánchez que apenas sabía expresarse en las ondas. Un pobre diablo patético que no daba pie con bola, un inútil, uno más, buitreando y con la baba asomada por su paniaguado careto en el intento de subsistencia diaria a costa de la UD Las Palmas. Deficiencias que se le pasaban por alto ante su juventud e inexperiencia y siendo muy bondadosos. En su caso parece claro que su evolución ha sido nula, mostrando carencias que en circunstancias normales únicamente permitirían a este sujeto habilitarlo exclusivamente para descargar cajas, con todos los respetos para los que se dedican a esa dura labor.
Los tiempos han cambiado y ahora no sólo los periodistas o supuestos periodistas, sino el más común de los mortales puede disponer de información y, lo que es más importante, exponerla públicamente. El poder de antaño se ha deshecho; las mentiras tienen los minutos contados y una vez instaurado el todo vale por parte de algunos desalmados, esos mismos descerebrados entran en el maquiavélico juego de su invención.
Pues ahora a cargar con las consecuencias: los trapos sucios de esos vividores también son públicos. Y ahora la gente si lo puede saber.
