Este es uno de los partidos que guardo con mejor recuerdo en la particular hemeroteca de mi memoria. Fue una noche grande, sin duda, con un Insular empetado hasta la bandera y una UD Las Palmas que avasalló sin complejos a un gran FC Barcelona.
Y es que históricamente el Barcelona ha sido tumbado en muchas ocasiones en sus visitas a los viejos muros del Estadio Insular. Recuerdo que en aquella ocasión, y tras la brutal goleada infringida a los culés, se empezó a especular con que los jugadores de Las Palmas estaban dopados. Hubo incluso declaraciones en las que se afirmaban que muchos jugadores amarillos tenían los ojos rojos. Suspicacias absurdas para esconder las vergüenzas de una humillante derrota.
¡Qué gran equipo teníamos aquel año!. Con sólo dos extranjeros (los chilenos Contreras y Santis) la UD formaba un plantel competitivo que también fue capaz de hacer la gran hombrada de remontarle un (1-3) al Real Madrid y terminar ganándole en el último cuarto de hora por (4-3).
Sin duda fueron dos mágicas noches en el Insular que nunca se irán de mi memoria y que atesoro como uno de los regalos más grandes que me ha brindado la UD a lo largo de mi vida.
Grande, Martín Alonso. No sólo por sus palabras en estos momentos sino por haber sabido expresar en unas pocas líneas el sentimiento que emanaba de aquellas históricas noches amarillas.
El lujo de decidir (La mirada de Andersson)
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