Juan Manuel Rodríguez derriba todos los muros
Resucitó al equipo y tiene números de salvación a mitad de temporada
Ignacio S. Acedo | 21/01/2008
Nada queda de las caras de funeral de Miguel Ángel Ramírez y Juanito el pasado 28 de octubre. Noche cerrada y oscuridad total en los alrededores del estadio de Gran Canaria. Un equipo sin pulso vital y una afición inflamada. Así llegó Juan Manuel Rodríguez. Su discurso constructivo recién aterrizado sonó a osadía. Apeló a la concordia y pregonó su confianza en darle la vuelta a un panorama desolador. Presidente y director deportivo se agarraron al manual del técnico en un gesto desesperado por salvar un proyecto que anunciaba ruina. Poco menos de dos meses después, la apuesta comienza a florecer. Once partidos con Juan Manuel en la banda obraron un milagro que nadie esperaba: iniciar la segunda vuelta en situación solvente, apartados de la zona baja y con margen de maniobra. Con 23 puntos en mitad del camino, el equipo está en idénticos parámetros a los del año pasado. También calca el casillero del curso 2003-04, que supuso el descenso a Segunda B, aunque las sensaciones son ahora diametralmente opuestas.
Ha derribado todos los muros la versión reconducida de la Unión Deportiva impuesta por el nuevo patrón. Combina fútbol y oficio, toma las heridas de guerra como material didáctico y se comporta como un grupo solidario, soldado a un comportamiento sin estridencias y en el que las nuevas piezas se pliegan a la primera.
Son los méritos de un profesional controvertido en el gremio, con seguidores y enemigos, pero que, al margen de cuitas personales, está decidido a aprovechar la coyuntura que le rescató de la Segunda B y hacerse fuerte en Pío XII.
La grada también bendice las maneras y consignas del entrenador. Acude a sus llamamientos, ha suprimido sus censuras cuando se atasca la máquina por aplausos de impulso y cánticos que alientan. La comunión con la hinchada es el otro gran logro que debe anotarse en la hoja de servicios de Juan Manuel. Los jugadores llegaron a reconocer que jugar en casa escocía. Eso antes. Ahora hasta deleitan con taconazos.



