
De izquierda a derecha, de pie: Federico Páez, Daniel Carnevali, Gerardo Miranda, Felipe Martín, Guillermo Hernández, Roque Díaz, Félix Marrero, Miguel Muñoz (entrenador) y José Antonio Pérez (portero suplente). Agachados: Ernesto Aparicio (masajista), Crispín Maciel, Miguel Ángel Brindisi, Carlos Morete, Jorge Fernández, Noly, Pepe Juan y Rivero.
La UDLas Palmas rendirá un emotivo homenaje el próximo sábado, frente al Alavés, a la plantilla que el 19 de abril de 1978 participó en la única final de la entidad en la Copa del Rey. Se cumplirá ahora el trigésimo aniversario
La historia tiene una cita en los prolegómenos del encuentro que el próximo sábado, 19 de abril, se disputará en el Estadio de Gran Canaria, con motivo de la visita del Alavés. Ese día el consejo de administración de la entidad amarilla homenajeará a los componentes de la plantilla del club que hace ahora treinta años disputó la que ha sido su única final en la Copa del Rey. La mayoría de los jugadores que entonces dirigía Miguel Muñoz se reencontrarán para recibir el calor de los aficionados que aún recuerdan aquellos días de gloria.
El miércoles 19 de abril de 1978 Canarias entera se paralizó para sentarse ante el televisor. Era una final en blanco y negro, como la época. Pero las imágenes de TVE se convirtieron en el puente que enlazó el Archipiélago (las siete islas) con el estadio Santiago Bernabéu. Allí, una comitiva compuesta por doce mil isleños animaba a los hombres de Muñoz. Lo hicieron durante todo el día e incluso en el hotel de concentración del equipo.
Las Palmas salió al campo con Carnevali, Gerardo, Felipe, Hernández, Roque, Félix, Jorge, Noly, Brindisi, Maciel y Morete. Rivero, en el minuto 63, relevó a Félix en el que fue el único cambio grancanario.
El FC Barcelona lo hizo con Mora, De la Cruz, Miguel, Olmo, Zuviría, Neeskens, Fortes, Rexach, Cruyff, Asensi y Esteban. Macizo y Tente Sánchez, en los minutos 39 y 54, sustituyeron a Neeskens y Olmo, respectivamente.
Dirigió el encuentro el murciano Franco Martínez, que se mostró inflexible con la UDLas Palmas en todas sus decisiones. La primera de ellas empezó a declinar el encuentro. Una falta al borde del área de Roque Díaz sobre Esteban se convirtió en el 1-0. A los nueve minutos Carnevali no podía detener el penalti lanzado por Rexach y que había sido decretado por el colegiado.
Las Palmas no se sobrepuso al primer mazazo. En realidad afrontaba el encuentro con muchos problemas. Morete, el goleador argentino, estaba tocado. Se había lesionado en el encuentro de ida de semifinales, disputado frente al Sporting, y esa dolencia la arrastró hasta la final. En idénticas circunstancias estaba Félix Marrero, que no pudo culminar frente al Barça, siendo sustituido.
En el minuto 15, sin apenas haberse recuperado del primer golpe, el FC Barcelona asestó la segunda puñalada. Era una jugada ensayada de córner que Asensi convirtió en gol, tocando de cabeza en el primer poste y sorprendiendo a la zaga.
El Barça se veía campeón, pero Las Palmas apeló a la inspiración de sus notables futbolistas. A los 21 minutos llegó la única alegría canaria en el encuentro. Brindisi se internó por la izquierda y, sin ángulo de disparo, lanzó un chut envenenado que se coló por la escuadra opuesta. En el Santiago Bernabéu se produjo la algarabía entre los isleños, porque había mucho tiempo para la gesta. Pero de nuevo Rexach, en un libre directo a los 28 minutos, cerró el partido.
Las Palmas peleó hasta el final pero no modificó el argumento del choque, que se selló con el 3-1. El Barcelona lograba su decimocuarto título de Copa. Y Las Palmas entraba en la leyenda.
Johan Cruyff, capitán azulgrana, se encargó de recibir el trofeo de manos de SM el Rey. Fue su segundo y último título en España, antes de emigrar meses después al soccer estadounidense. Los Ángeles Aztecs fue su puerta de entrada. Para el Barcelona, aquel título eliminó una etapa de sequía y le permitió participar un año después en la Recopa de Europa, ganada al Fortuna de Düsseldorf en Basilea (4-3).
Ahora, treinta años después, en la isla se rememorará la gran jornada que hizo soñar al océano amarillo y azul.
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