http://www.udlaspalmas.es/Paginas/Actua ... 22&id=2717
EL FÚTBOL A SOL Y SOMBRA / Miguel Díaz
Fortín amarillo
9 de marzo del año corriente. Pasan cuatro minutos del tiempo reglamentario y el colegiado González González anuncia con su silbato el final del partido. Un Málaga casi de Primera se lleva los tres puntos del Gran Canaria (1-2). Más de ocho meses después -pausa veraniega de por medio- y aún nadie ha logrado arrancar otra victoria de feudo amarillo. Es 'El Álamo' particular de la UD Las Palmas.
Durante todo este tiempo han pasado equipos que se lo jugaban todo, otros que no se jugaban nada, rivales temibles con plantillas confeccionadas para gestas mayores, contrarios con nombres mitológicos que asustaban con sus guarismos foráneos y, ahí es nada, hasta un derbi entre medias. Ninguno de ellos fue capaz de romper esa simbiosis que une a este equipo con su propio territorio.
Podemos asumir dos factores estructurales que pudieran servir de condicionantes a la situación: (a) el césped de nuestro recinto de Siete Palmas no es el mejor para el juego del equipo y (b) las pistas de atletismo merman el arrope que desde la grada pudieran recibir los jugadores. No soy ni el primero ni el último que destaque o destacará ambas circunstancias, pero sirvan 'ad hoc' para apuntalar la gesta que se destaca.
Aún con esas, el dato se mantiene vigente. Formó parte de la gran remontada amarilla de final de campeonato: tres victorias y tres empates en los últimos seis partidos de la 2007-2008, y dos empates y dos triunfos en los albores de la 2008-2009. Ninguna derrota en la decena global. Lo que es cierto que, sea lo que sea lo que impulsa a este equipo en casa, cuesta horrores sacar tajada del terreno de juego amarillo.
Decía Juan Manuel en sus primeras comparecencias como entrenador amarillo que le gustaría ver a veinte mil personas llevando en volandas a su equipo cada sábado. Salvo el día del Tenerife, y casi en el partido del Zaragoza, esa cifra no es la habitual. Sin embargo, a pesar de no llegar a las entradas deseadas, la afición sin duda tendrá mucho que ver en esta dulce estadística. Su apoyo, en los momentos difíciles, en los que falta ese impulso, casi siempre ha sido definitorio.
Cuento con el riesgo que corro al sacar pecho con esta columna, porque si a un rival le da por chafarme este orgullo que merezco anotar, colocaré sobre mis espaldas ese sambenito de la desgracia que tan en boga está en el fútbol hoy día. Pero no me preocupa. Porque, como acertadamente recuerdan los futbolistas semana a semana, únicamente pienso en la victoria cada fin de semana. Especialmente en casa. Que quieren que les diga: yo, al menos, sé que puedo organizar planes desde hace mucho para los sábados por la noche, sin temor a que me invada la desazón de la derrota.
Les animo, por la presente, a que nos visiten cada quince días si aún no lo hacen. El 'coliseo de las emociones' les garantiza fútbol del bueno, emociones a raudales y ese cosquilleo que se desata en nuestros estómagos cada vez que los nuestros tienen a bien perforar la meta rival. En el primer minuto, en el último del descuento, cuando menos se lo esperan, o cuando menos méritos se reúnen para hacerlo. Pero hay pocas sensaciones tan orgásmicas -futbolísticamente hablando, valga el caso- como oír retumbar el Gran Canaria al rumor de un gol.
Miguel Díaz
Jefe de Prensa y RR. EE.
UD Las Palmas SAD


