Sección principal del foro donde se debate la actualidad del club y del primer equipo amarillo. La Unión Deportiva Las Palmas es nuestra razón de ser, opina en el punto de encuentro de la afición más concurrido de Internet.
¿Estaba justificado el temor al campo, al rival, o a los dos juntos ayer en Alcorcón?
Paco Jémez desfiguró a su equipo en Santo Domingo. Cambió tanto el sistema de juego que sus futbolistas apenas se encontraron sobre el terreno de juego. La falta de conexión trajo una goleada sonrojante que engorda las dudas sobre el grupo
VALENTÍN DE FÉLIX LAS PALMAS DE G.C.
Qué tiene de distinta esta goleada y las anteriores? Todo. El fondo y la forma. Lo latente y lo ausente. Por primera vez en la temporada hubo deshonra y eso necesariamente escuece. Las Palmas se desfiguró a sí misma, con ligera intervención del adversario, que acertó cinco veces casi sin percibirlo. Cayó víctima de su miedo injustificado, de la exagerada valoración del entrenador a un adversario aseado y el poco respeto a su propias fuerzas. El mensaje transmitido en la alineación, el discurso de la semana, las excusas previas, las posteriores. Todo resultó ser un sumatorio de asuntos que mancillaron el orgullo centenario del Real Club Victoria y dejaron tiritando el prestigio de la entidad en un campo periférico. Todos convienen, incluso después de la manita, que el Alcorcón no es el Milán de Arrigo Sacchi, ni el Barcelona de Pep Guardiola. ¿Había justificación para tanto temor al campo, al rival, a los dos juntos?
A principios de Liga todos hablaron de sufrimiento, pero nadie lo articuló de esta manera. Nadie habló de que se perdería la cordura en el juego o que el grupo se desangraría por las esquinas de cualquier barriada. Estamos en un momento crucial donde ya se debate si la falta de aptitud dentro del equipo, debido a deficiencias propias de una economía de guerra, al final va a desencadenar en una falta de actitud. Goleadas como ésta engordan el debate.
Patapum pa' adelante, decía con marcado acento vasco el guiñol de Javier Clemente en el inolvidable programa de Canal Plus. No hay manera más ilustrativa de describir el juego de la Unión Deportiva ayer en Santo Domingo. Al equipo de Paco Jémez da grima compararlo con el once lustroso de inicios de la primera vuelta, aquel que abrazaba la magia, que fue comparado con la maquinaria del FC Barcelona, aquel que volaba sobre los contrarios sin mirarles ni siquiera el escudo de la camiseta.
Después de la revolución con revolcón de ayer, todos esperan la contrarrevolución del técnico andaluz, la vuelta de los proscritos frente al Villarreal B, el próximo sábado con una afición recelosa. Jémez se ha debido dar cuenta ayer que la cara B del equipo es tan frágil, que los ejercicios de reprimenda a Javi Guerrero, Mariano Barbosa, David González y compañía deberán quedar a partir de ahora en una discreta segunda línea. Porque ahora no es tan previsible que el presidente de la entidad, Miguel Ángel Ramírez, salga de nuevo a escena con el pecho descubierto para proteger a su entrenador si hay un nuevo error fatal, una nueva mancha.