25 culpables y un condenado
MANUEL BORREGO - LAS PALMAS DE GRAN CANARIA. Casi cinco años después, Juan Manuel Rodríguez repite el amargo trance de una destitución como máximo responsable del banquillo de la UD Las Palmas. El 13 de diciembre de 2003, tras perder 0-2 con el Cádiz, el técnico grancanario dejaba su puesto a David Vidal. El equipo vivía ajeno al descenso, en el puesto 16 y con 17 puntos, pero se aplicó 'la norma b, apéndice 4' de las invisibles leyes del fútbol. El tiempo quiso que el presidente de aquella etapa, Manuel García Navarro, le felicitara hace unas fechas por su gestión en la salvación del pasado ejercicio y además le pidiera perdón. Entonces, como hoy, Juan Manuel se bebió las lágrimas a la hora de comunicar su marcha.
Entonces, como hoy, era el mismo técnico rebelde, insolente y atrevido, pero carente de autocrítica, el peor de sus defectos. El mismo hombre que sacó de las catacumbas clasificatorias a la UD la pasada temporada es el que hasta ayer se tambaleaba peligrosamente en el alambre. Hasta que cayó.
Si los resultados deportivos no hubieran ejercido su constante presión, Juan Manuel Rodríguez seguiría sin duda preparando la visita del RC Celta de Vigo. Perder el derbi y, especialmente, la manera en que los amarillos cayeron el pasado domingo en Huesca, expresando el técnico tras el partido una versión que no encontró respaldo entre los suyos, le deterioró de manera extraordinaria. Rodríguez y los futbolistas ya no hablaban el mismo lenguaje y las culpas eran huérfanas.
Juan Manuel ha sido objeto de constantes y absurdas comparaciones desde que comenzó su gestión tras llegar del Villa de Santa Brígida. Ésa es una presión añadida tras la que siempre recibió en público el apoyo del presidente Miguel Ángel Ramírez. Incluso en la víspera de su destitución, el titular del club tendió un puente para su continuidad en la Televisión Canaria, en un intento baldío de restablecer la tranquilidad y disipar rumores. Él, el que lleva la batuta del vestuario, era el condenado en un ejército de 25 culpables de esta situación. Condenado y, finalmente, ejecutado quizá por su voluntario aislamiento. No había otra puerta de salida o, al menos, no la encontraron.
Una reunión de la plantilla con la dirección deportiva de la entidad intentó limar las asperezas creadas entre el solitario técnico (Vidales ahora se protege con un ayudante que conoce todos los rincones del vestuario como es Nacho González) y algunos jugadores con opinión cargada de peso. Un segundo intento ayer mismo quedó frustrado por lo que se requirió desde la dirección deportiva la intervención del presidente. No habían puntos en común y tras ello el club asumió el riesgo de tan fatal decisión.
Y Juan Manuel vuelve a dejar el puesto de responsable técnico de la UD. Otra vez en posición liberada de descenso, aunque lejos de las ilusionantes expectativas que el equipo generó en la pretemporada.
Las Palmas no ofrece chispa en el campo y los jugadores expresan en privado sentirse bloqueados. El fútbol tampoco tiene secretos y la UD ha aplicado la 'norma c, apéndice 2' de esas mismas leyes invisibles: nuevo entrenador, nuevas ilusiones. Se acaba un proyecto y germina otro.
Ahora se comprobará si Vidales tiene como dice la pócima mágica para ganar los partidos, la que su antecesor utilizó para firmar una extraordinaria segunda vuelta en la pasada Liga. Y ahora se verá también si los 24 culpables restantes son capaces de convertirse en héroes, de hacer vibrar a quienes han logrado decepcionar.
Los resultados: esos que convierten lanzas en flores y críticas en elogios. Los resultados: los que endiosaron a Juan Manuel y hoy le han traicionado.
Publicado en laprovincia.es
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Artículo de Manuel Borrego sobre la crisis "JMR"
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