Cinco años de paciencia, por Miguel HERNÁNDEZ

Miguel Hernández | 25 octubre, 2012 | 15:52 |  

La eterna promesa ha hablado. Ha levantado la cabeza, oteado el horizonte y clavado el dardo. Debería hacerlo sobre el tapete, pero en vista que su fortuna como futbolista conduce hacia derroteros desconocidos, ambiciona ahora con ser una promesa de la lírica, una vez conseguido el curso avanzado de peinetas hacia la afición. Un canterano polivalente: se queja mucho y reacciona con cortes de mangas cuando el respetable protesta por su bajo rendimiento, como sucedió en Alcorcón.

Mientras Sergio Suárez piensa en pájaros preñados, le están comiendo la tostada. Los de abajo vienen con fuerza, ambición, ganas de demostrar y de triunfar en la Unión Deportiva Las Palmas. La eterna promesa, en cambio, lleva cinco años dando bandazos, viviendo de los réditos de media temporada notable con Juan Manuel Rodríguez y cinco partidos aceptables con Paco Jémez. ¿El resto? Hagan memoria. Nada de nada.

A Suárez se le exige desde la grada, el vestuario, directiva y medios de comunicación porque lo que ofrece sobre el terreno de juego está a años luz de su verdadera valía. Lo dijo Jémez en su tiempo: “Estoy muy cabreado con Sergio porque tiene todos los ingredientes para ser un buen jugador de Primera, y de equipos buenos. Como entrenador me cabrea mucho porque no rinde todo lo que podría. Tiene unas condiciones espectaculares tanto técnicas como físicas, pero tiene que exigirse mucho más a sí mismo”.

En Pío XII, este mismo verano, varios dirigentes de la Dirección Deportiva planteaban sus dudas acerca de la continuidad en el equipo de Sergio y su hermano, Francis. Consideraban que se había esperado suficiente por ellos y los resultados obtenidos no eran óptimos, a pesar de las múltiples oportunidades que han contado para demostrar su valía en estos últimos cinco años. Miguel Ángel Ramírez, un enamorado del fútbol de los Suárez, les ha regalado una nueva reválida a pesar de las voces discordantes.

Mientras Sergio decepciona demandando más paciencia, de manera inversa se agota la misma en otros estamentos. Quizá sea el momento de gesticular menos, madurar más, cambiar la actitud y ser consciente que las carreras futbolísticas se afianzan con hechos, no con la mística. Todavía existen atrevidos, en los que me incluyo, que confiamos en un paso hacia adelante definitivo de Sergio. Este sábado tendrá una nueva oportunidad: de él depende contestar con hechos o seguir exprimiendo el catálogo de las excusas de poca monta hasta junio.

 

por Miguel Hernández
 @mhernandez
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