Hay que comprender a Jonathan Viera, por Cristian Gil

Artículo de opinión escrito por Cristian Gil, redactor de udlaspalmas.NET

Compartir

E

l mundo del fútbol ya no es el que era. Todos los aspectos que lo rodean se han visto afectados por un cambio económico completamente irreversible, siendo el aficionado la única arista que todavía se resiste a una transformación inevitable. Le pese a quien le pese, el dinero ha ganado un peso importante y específico hasta el punto de que el mercado de fichajes se ha vuelto loco.

Puede parecer peor o mejor, pero la realidad es que el dinero manda. Los jugadores piensan en sí mismos como pensaría cualquiera al que le pusieran una oferta de trabajo donde le suben considerablemente el salario por hacer el mismo trabajo. Sin embargo, cuando se trata del fútbol, la persona que cambia de lugar de trabajo en busca de conseguir un contrato más acaba convertido en un traidor y en un mercenario.

Precisamente, por esa misma razón Jonathan Viera se ha convertido, para algunos, en Judas. El de La Feria ha pasado de héroe a villano una vez ha abandonado Las Palmas por un dinero irrechazable; su sueldo se verá incrementado de forma importante y va a percibir un pastizal sólo por estampar su firma en el contrato que le va a unir al Beijing Guoan. Prácticamente cualquiera habría aceptado esa oferta, pero no todos lo entienden.

Siendo todo lo sincero que puedo, me voy a permitir el lujo de defender los intereses de un jugador que nunca se ha cansado de defender el escudo de Las Palmas, que rechazó el pasado verano varias propuestas para dejar la UD ganando más dinero y que siempre ha ido de cara cuando han puesto sobre su mesa contratos con mucho ceros. Jonhy regresó a la isla perdiendo dinero porque quiso y ahora se va porque quiere.

Jonathan Viera ha sido la estrella más brillante del firmamento amarillo de los últimos tiempos y ahora, después de muchos días siendo feliz en la que es su casa, ha decidido cambiar de camino. Como ya dije en su momento, estaba en su derecho de tomar una decisión sobre su futuro y lo ha hecho, pensando en sí mismo y en el futuro de su familia como hubiese hecho cualquiera con una oferta de esas características.

Podemos estar más de acuerdo o menos, podemos no entender que Viera deja a la UD con el mercado cerrado y con el equipo en puestos de descenso, pero esta propuesta era un tren que sólo pasa una vez y ha decidido cogerlo. Aunque duela o sea difícil de comprender, hay que aceptarlo aún siendo complicado compartirlo. El de La Feria ha ejercido su libertad para cambiar de trabajo y me parece completamente respetable.

Viera está haciendo lo mismo que hizo Roque el verano pasado cuando se marchó a Gales o lo mismo que hizo Boateng cuando se fue al Eintracht: velar por sus intereses. Lo que sucede con este caso es que nos duele de más porque es un patrimonio de la UD, porque es la bandera y porque es nuestra estrella. Nos jode y nos repatea porque es él, el ídolo de toda una nueva generación de aficionados amarillos.

Para mí, Jonathan Viera no es ningún traidor y nunca lo trataré como tal. Antes que él fueron muchos los que se marcharon y, además, lo hicieron de peor manera. La UD existió antes que Viera y seguirá existiendo una vez se ha marchado.

Le echaremos de menos aunque, insisto, hay que intentar comprenderlo.