El valor de lo previo, por Paquito Ortiz

La UD Las Palmas comparte el artículo de Paquito Ortiz dentro de la serie "Murmullos de una pelota", que aquí difundimos.

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«Lo más importante de este juego no es el gol, sino la acción previa» (Enzo Francescoli)

La inteligencia de un jugador en un campo de fútbol viene determinada por la capacidad que éste tiene para entender el juego. Un futbolista limitado técnicamente puede ser muy útil al equipo cuando conoce sus limitaciones. Del mismo modo que otro, que técnicamente está muy bien dotado, puede no tener el mismo valor para el grupo.

En el fútbol actual, conviven jugadores de muy distintas características y, aunque todos tienen una preparación parecida, la inteligencia futbolística determinará el valor de aquellos que, claramente, marcan las diferencias. Esa agudeza puede, perfectamente, desarrollarse en cualquier posición táctica dentro del campo. Así, un portero que sea capaz de leer un pase a la espalda de los centrales, un defensa que consiga anticipar, o un centrocampista capaz de jugar al primer toque para salir de una presión, son piezas valoradas dentro de un equipo.

Pero, si el fútbol reconoce y premia algo, por encima de todo, es el gol. Y, aunque a esto puede llegar casi cualquier, en la mayoría de los casos está sujeto a la labor del delantero. En numerosas ocasiones porque la jugada la finaliza él, otras porque es responsable de favorecer el despliegue ofensivo de su equipo, especialmente de los centrocampistas, para en primer lugar mantener la pelota y, posteriormente, favorecer la continuidad de la jugada y los espacios a la espalda de la defensa y, en muchas ocasiones, porque atrae el interés de los defensas favoreciendo el desorden táctico. En no pocas ocasiones, el valor de lo previo no se aprecia desde fuera pero, si se valora, y mucho desde dentro. Aquellos que vieron jugar y observaron a Orlando Suárez sabrán de lo que escribo. Los que jugamos con él lo valoramos y lo agradecemos porque sencillamente, nos hizo mejores.

Atraer, amagar, arrancar, engañar o, simplemente, esperar, son características propias de un delantero. Anticipar lo que sucederá, en cambio, es virtud de los elegidos. Enseñar para esconder, arrancar para parar, esperar para ir, mirar para saber o, incluso, mirar para indicar… Orlandito lo hacía, y muy bien. Jugar con el antes para favorecer el después. El valor de lo previo es la riqueza de un buen delantero. Él, simplemente, fue un jugador extraordinario.

Paquito Ortiz