OPINIÓN | Elijo recordar la leyenda, por Javier Amador

Ya no me acuerdo de por qué te vas ni qué pasó para que llegásemos a este punto. Hoy solo recuerdo ese 28 de agosto de 2010 en el que tú y tu «hermanito» Vitolo nos empezaron a mostrar que había otra forma de diseñar el futuro de nuestro equipo. Me lo enseñaste a mí y a los de mi generación, porque mi padre y mi abuelo ya sabían que Las Palmas solo toca el cielo cuando va de la mano de la cantera y jugando al estilo canario. 

También me acuerdo de que allí donde marchaste no fuiste tan feliz como lo has sido con el equipo de tu vida. No digo que me alegre, me hubiera encantado verte en lo más alto, pero sí que me emociona reconocer cómo tu corazón y cabeza bombeaban diferentes hechizos si eran al servicio de la amarilla. 

No he visto a nadie parar el tiempo como tú en cada arrancada a ralentí para acabar dando un pase imposible o para cambiar de ritmo, ejecutar un eslalon vertiginoso y meterte dentro de la portería. No he visto a nadie concentrarse como tú lo haces, con una mueca burlona de provocador de barrio, antes de tirar un penalti o formulando nuevos ángulos por los que llegar a la escuadra desde un libre directo. 

Los genios dejan frases para la historia y tú nos dejaste ese «veo demasiada fiesta aquí y me parece bien», que nos representó y guió a partes iguales. Porque aquí no somos indolentes, como nos puedan querer caricaturizar, pero sabemos que en la vida no se suele solucionar nada poniéndonos demasiado serios.

Gracias por volver, y por volver a volver, gracias por dos ascensos, gracias por ser el padre futbolístico de los Pedri, Moleiro y otros tantos. Gracias por tus arengas al equipo y a la grada. En definitiva, gracias por todo, capitán.

por Javier Amador
Abonado de la Grada Sur











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