Esto no es algo que pase exclusivamente aquí sino que pasa en todas partes. La televisión, la radio y la prensa tienen el coco comido a la gente y parece que es obligatorio ser del Madrid o el Barcelona.
Yo los llamo aficionados televisivos porque su pasión futbolera está vetada con la de vivir el fútbol en directo. Ellos no saben lo que es vivir, sufrir, llorar y disfrutar cada 15 días las emociones que tu equipo te ofrece en un terreno de juego. Desconocen lo que es oler el césped y vivir una tarde de fútbol en un estadio. Ellos son aficionados de una coca cola en el bar que tiene Canal Satélite y jamás sabrán cual es el verdadero sabor del fútbol porque nunca lo han catado.
Aprovecho para postear el relato que publicó nuestro amigo TURU FLORES y que viene a cuento con este tema.
VIVIR Y VER
Dieguito tenía ocho años y apenas levantaba dos palmos del suelo, era bastante pequeñito de estatura para su edad. En el cole resultaba gracioso verlo al lado de sus compañeros de clase. Siempre que podía llevaba puesta una camisa de la Unión Deportiva Las Palmas, él la llevaba orgulloso ya que veía que su papá también se la ponía todos los fines de semana.
Los demás niños del colegio, sus amigos Brian, Kevin y Rayco,.. también solían llevar camisas de fútbol,pero no la amarilla sino la de otros equipos,Brian del Barcelona, Kevin del Real Madrid y Rayco del Valencia, además se sabían las alineaciones de esos equipos de carretilla y presumían en el colegio cuando sus equipos conseguían algún logro importante. Dieguito nunca había podido sacar pecho con su camiseta amarilla ya que su equipo y el de su padre no pasaba por sus mejores momentos.
Aún así , para él ,cada día de partido era una fiesta, era feliz yendo a ver, cada quince días junto a su padre a la Unión Deportiva Las Palmas al estadio , cosa que sus amigos no hacían, ellos eran felices viendo a sus equipos por la tele. Dieguito vivía el fútbol, ellos únicamente lo veían.
Se acercaba el final del curso y ya sus amigos no llevaban las camisas de fútbol, ya no hablaban de fútbol, semanas atrás unos reían y otros lloraban con los éxitos y con los fracasos de sus equipo, el Barcelona había ganado todo y el Madrid nada, pero ahora no hablaban de fútbol, esos equipos ya no salían por la tele, la liga había acabado y las vacaciones venideras eran el único tema de conversación entre ellos.
Dieguito se sentía un bicho raro, la Unión Deportiva jugaba en segunda B y la liga todavía no había acabado, quedaba un único partido para acabar la liga y se jugaba ese sábado.
Dieguito llegó al estadio una hora y media antes de que comenzara el partido, estaba expectante, como en una nube, casi todo el mundo llevaba la camisa del mismo color que la suya, amarilla .Él formaba parte de la fiesta. Todo salió a pedir de boca, la Unión Deportiva Las Palmas ganó, vió llorar a su padre de alegría y cuando se dió cuenta estaba caminando sin rumbo en medio de una riada humana llena de cánticos, ondear de bufandas y banderas en una algarabía generalizada.
Mientras tanto en la casa de Kevin, estaban Brian y Rayco y el propio Kevin jugando a la “Playstation”.En un descanso pusieron la tele y vieron una fiesta amarilla recorriendo las calles de su barrio, se asomaron los tres a la ventana y vieron pasar una guagua escoltada por policías con jugadores encima, seguida de miles de personas llenas de júbilo y alegría, entre ellas distinguieron a su compañero de colegio Diego, como no, con su camiseta amarilla.
Dieguito también los vio asomados y cruzaron saludos, ellos balanceando la mano y Dieguito besándose el escudo de la camiseta. Dieguito estaba en la fiesta, ellos únicamente la veían.
Dieguito estaba viviendo el fútbol, ellos únicamente lo veían.
Gracias a
Turu Flores por sintetizar tan bien este sentimiento.