Por primera vez en este eterno debate voy a romper una lanza argumentada sobre mi posición acerca de el Moco. Tengo que sincerarme con ustedes, yo también le adoro. Es la personificación del fútbol espectáculo, de la alegría y de la creatividad con el balón en los pies.
Antes de que jugase en el primer equipo de la Unión Deportiva Las Palmas, David González militó en el Huracán y estuvo varias temporadas en el filial amarillo. Allí fue cuando me enamoré empedernidamente del juego del jugador de La Feria. Con mis ojos pude comprobar
in situ como los rumores acerca de aquel gran jugador eran reales. La primera vez que lo vi, la sensación fue simplemente orgásmica. Regates increíbles, movimientos desafiando a la ley de la gravedad y un desparpajo digno de un crack en ciernes.
No fueron pocos los debates que surgían espontáneamente en clase acerca de la calidad de David. Había invitado a varios de mis amigos futboleros a verlo en acción y aprovechábamos las clases -especialmente la de Historia- para debatir a través de comparaciones su calidad y técnica. Muchos lo comparaban con Robinho, una joven promesa brasileña famosa por sus bicicletas, otros con Robben, un esquelético holandés que hacía todo de maravilla... pero para mí, que las comparaciones son una ofensa, David "el Moco" era el mejor jugador que habían visto mis ojos. Estas afirmaciones no estuvieron absueltas de burlas por aquellos que no conocían el juego del grancanario. Otros rebatían, si es tan bueno,
¿por qué no está en el Real Madrid o en el Barcelona?
Pues tenían razón los condenados. Me había dejado encandilar por su juego vistoso y bonito y no lograba ver más allá de mi fanatismo
pro-moquiano. Hice un análisis de aquel Las Palmas Atlético -donde jugaban, entre otros, Momo, Scifo, Borja del Rosario o Nauzet Alemán- y logré entender que el Moco era simplemente eso: diversión. Los demás jugadores ponían las cualidades futbolísticas y el Moco el espectáculo. "Ahora entiendo porqué no está jugando con el primer equipo o en un equipo de mayor renombre", me dije.
Lo cierto, es que ahí seguía, estancado en Las Palmas Atlético -o en el Universidad, donde jugó una temporada- y no lograba subir y dar un salto cualitativo en cuanto al equipo. Fue entonces cuando se le dio la oportunidad de jugar en la primera plantila amarilla. Ningún entrenador, con el paso del tiempo, contó con él. Eso me dio que pensar, y es que en muchas ocasiones una buena pregunta es mejor que una buena respuesta... ¿por qué ningún entrenador confía en el Moco? Yo, desde mi ignorancia futbolística, pude entrever la posibilidad de que el equipo perdía más que ganaba cuando David estaba en el campo.
Poco a poco él y los entrenadores se han ido dando cuenta que si se potencian otras virtudes de David González se podría sacar mucho más partido al jugador de La Feria, que eso sí, en creatividad e imaginación no le gana nadie. Debe defender más, ser más generoso con los compañeros, hacer jugadas más cerca del área rival, potenciar más su físico y velocidad; y, por supuesto, quitarse de la cabeza esa idea de "yo y los demás" y luchar por el equipo, como lo que es, un conjunto.
Para concluir debo decir que tanto fanatismo -como el que me pasaba a mí en principio- no es bueno. Hay que saber ver más allá de nuestras propias limitaciones. Por supuesto que las opiniones del Moco van a seguir siendo un debate intenso en este foro, pero como bien ha dicho dErEk es preferible argumentar las opiniones. En este caso, creo que están más argumentadas las de "Moco no es para tanto" que "Moco es el amo". Y es verdad, Moco es el amo, pero no es para tanto
Saludos