
La familia Cicovic posa en el salón de su casa en Arucas.
Cuando Zeljko Cicovic paseaba con la que sería su mujer por un centro comercial de Belgrado, allá por el año 1995, y adquiría una camiseta con el logotipo de Canarias prometiendo medio en broma a su compañera que algún día vería el Archipiélago, nunca llegó a imaginar que el destino le acabaría trayendo hasta Gran Canaria, primero, como jugador de la UD y luego como miembro totalmente integrado de la sociedad grancanaria y de la aruquense en particular, donde el ex guardameta serbio es querido.
Cuando se cumplen 10 años de su llegada y con la nacionalidad española bajo el brazo -gracias a un Real Decreto emitido por el Consejo de Ministros y por carta de naturaleza-, el carismático cancerbero balcánico se sincera y hace un repaso a su trayectoria profesional y a su vida cotidiana en Arucas, donde vive con su esposa, Lidija, y sus hijos, Marko y Maja, que se han criado aquí con un acento cerrado canario que los delata. Hasta el punto de que muchos se extrañan cuando se enteran de que Cicovic es el progenitor de las dos criaturas, comenta divertido.
La llegada de Cicovic a la Unión Deportiva Las Palmas en 1997 se produce en parte por casualidad y en parte por una corazonada del entonces guardameta internacional yugoslavo, como el mismo comenta: "Debuté con el Rad de Belgrado en primera división con 20 años y jugué la UEFA contra el Olimpiacos griego. Pronto la selección yugoslava se fijó en mí, aunque en realidad yo iba para jugador de baloncesto. Mis condiciones para la portería se acabaron imponiendo y un día acompañé a un compañero a hacer una prueba y me eligieron a mí. Mi progresión fue buena. Pronto se fijaron en mí el poderoso Estrella Roja, con el que llegué a un acuerdo, y otros clubes de la Bundesliga alemana, como el Werder Bremen o el Kaiserslautern, pero también me llegó la oferta de la UD. Muchos me dijeron que estaba loco y al final acepté venir a Las Palmas, pese a que perdía dinero, para poder jugar en la máxima categoría. Me atrajo venir a España y al final me decidí por la Unión Deportiva, algo de lo que no me arrepiento", asegura.
COMIENZOS DIFÍCILES. La barrera idiomática y el contraste cultural fueron algunos de los principales inconvenientes que se encontró Zeljko en sus su primeros meses en Gran Canaria. "Prácticamente no podía entenderme con nadie", relata, "pero con la ayuda de la gente de aquí, que es extraordinaria, y de mis compañeros de equipo todo me fue mucho más fácil y pronto me sentí uno más", señala.
En la Unión Deportiva, donde ahora es entrenador de porteros, Cicovic se siente como en casa, pero en su larga carrera de amarillo vivió momentos dulces y amargos. "Los más bonitos, cuando subimos a Primera División en la temporada 1999-2000 y ese mismo año fui convocado por la selección de mi país para disputar la Eurocopa de Holanda y Bélgica. Luego llegaron los momentos amargos. Los problemas con mi pasaporte y la llegada de los brasileños Álvaro y Baiano, extracomunitarios, me cerraron el paso", recuerda. En esos momentos tuvo la oportunidad de marcharse a Primera División. "Atlético, Valencia y Barcelona se interesaron, pero preferí quedarme. Mi familia estaba muy a gusto aquí y era un gran trastorno volver a rehacer mi vida fuera", razona.
Además, tiene tiempo para evocar los problemas económicos de la entidad amarilla y de su postura firme de no denunciar al club. "Cuando jugaba en Belgrado también pasamos por apuros económicos y jamás denuncié. Es mi forma de ser y no me arrepiento de haber actuado así", declara.
VIDA EN ARUCAS. En la actualidad los Cicovic disfrutan con sus dos hijos en la ciudad de las Flores. "Estamos muy contentos, mis niños, mi mujer y yo. Ellos son canarios. El niño, Marko, de 12 años, juega al fútbol en el Santidad, y Maja, la chica, de 10, es una fenomenal atleta y ha cosechado muchos éxitos. Tiene la casa llena de trofeos.
Como hemos decidido quedarnos a vivir definitivamente aquí en la Isla, he pedido la nacionalidad y estoy muy feliz. Quiero para mis hijos un buen futuro y ellos ya están en trámites para obtener la nacionalidad también. Deseo que mi familia lleve su vida aquí, que es nuestra nueva casa, donde tengo parte de mi corazón y la otra parte puesta en nuestra patria de origen", destaca.
Dice que Arucas es una ciudad muy tranquila y acogedora. "Mi hijo llegó con dos años y mi niña con cinco meses. Prácticamente todo su aprendizaje y su vida la han llevado en Arucas. Aquí tienen sus amigos, sus colegios, sus profesores. Vamos todos los años a Serbia. El mayor está más identificado, pero la pequeña, cuando vamos de viaje me pregunta: ´Papá, ¿cuándo nos volvemos a casa?´ y yo le contesto: ´Cariño, estamos en casa´. Su contestación siempre es la misma: ´Papá, nuestra casa está en Arucas".
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