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Antonio Guayre, un ejemplo de superación

Escrito el: 09 Noviembre 2009 17:17 | Autor: Miguel Hernández | Archivado en: General | Etiquetas: | Sin comentarios »

Tenía once años, y una inconciencia inmaculada. Bendita ella, añorada por su inocencia y recordada por momentos clave imborrables en el presente. Hoy es el turno de describir la historia de un ejemplo de superación, de un ídolo que, sin enterarme, desapareció para vestir los mismos colores en otras latitudes. Como en todas las historias de amor, «uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde». Lo peor de todo, es que nunca me hice a la idea.


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Guayre, el pasado sábado ante el Rayo. Momento en el que se reconcilió con el gol. Muchos más, como éste, nos esperan esta temporada. / Mykel


Antonio Guayre Betancor debutaba con la Unión Deportiva Las Palmas en Primera División de mano de Sergio Kresic el 14 de octubre de 2000, con una sufrida victoria ante el Málaga por 2-1 merced a los tantos de Oularé – ¡qué bestia!- y de Orlandito Suárez. Él, con diecinueve primaveras, se convirtió en mi jugador favorito. En un auténtico ídolo.

Con el paso de los partidos ganó en seguridad. Vislumbró un futuro prometedor y los clubes españoles no pararon de hablar de aquel chaval que maravillaba en la Unión Deportiva. Lo sufrieron las defensas a la misma velocidad que la parroquia amarilla comenzó a venerarle. Quizá por eso, tampoco se hizo a la idea de lo que había perdido cuando al término de esa campaña, el Villarreal pagaba 6 millones de euros por el jugador de La Isleta. Siempre dijo que volvería, aunque nunca le creímos.

Creció en Castellón y se hizo indiscutible en un Villarreal europeo de la mano de Manuel Pellegrini. Se convirtió en internacional absoluto, pero el técnico chileno decidió relegarle al banquillo. Fichó por el Celta de Vigo en el 2006, fecha desde la cual comenzaría su calvario. Las lesiones se cebaron con el habilidoso delantero grancanario de una forma descabellada. La carrera de Guayre se tambaleaba. Fichó por el Numancia y, cuando todo parecía volver a su cauce, volvió a recaer.

El pasado sábado consiguió su primer gol oficial tras tres temporadas sin conocer esa sensación. La esperanza vuelve a crecer en una afición que ha visto cumplido uno de sus sueños: que aquel pibe de La Isleta volviera a vestir los colores de su tierra. El lazo de unión es latente y pronto copará todas las serigrafías, las que lucirán con orgullo por la vuelta del hijo pródigo los seguidores del representativo. Ha vuelto Guayre. Es tiempo de disfrutar, así como de rendir cuentas con el destino y agradecerle este gesto.