Vivir de ilusiones

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Ser seguidor de la Unión Deportiva Las Palmas, siempre ha implicado aglutinar una dosis de masoquismo, mucha paciencia y aplomo ante las adversidades y, sobre todo, una inagotable capacidad para generar y regenerar ilusiones. Lo recuerdo, todavía hoy, con la misma cara de tonto con la que abandoné el sábado el Estadio de Gran Canaria.

El equipo, por fin, apuntaba maneras y saber estar sobre el terreno de juego, pese al 4-3-3 –primera ilusión-. Salvo algunos errores puntuales e infantiles, dominábamos el partido por completo frente al líder de la categoría y candidato al ascenso – segunda ilusión-. E incluso, en la segunda mitad del encuentro, empezamos a jugar a un fútbol espectacular. Aunque esto último quizá se debiera a las ansias de percibir un mínimo de sentido en el juego del conjunto amarillo, tras varios meses de ineptitud futbolística. Es igual, seguimos ilusionándonos.

¡Vaya tarde! ¡Golazo de Pitu y posterior ovación en el Gran Canaria, el público en pie! ¡Este sí es nuestro Jorge! ¡La magia de David González! ¡Por fin se ha encontrado a sí misma la UD! Pensamiento general del respetable, acompañado con “olés y olés”. Y la mayor satisfacción posible, minuto 89 e íbamos por delante en el marcador, tres puntos vitales… Qué ilusos, sí… Nos remontan el partido y uno ya no sabe si darse cabezazos contra el asiento o salir corriendo, para no volver al Estadio. Pierdo la vista en el césped mientras los jugadores se retiran al vestuario, sin saber qué pensar, qué conclusiones extraer, qué decir del encuentro… Mis sensaciones son ambiguas, he pasado de la euforia al desánimo en apenas cuatro minutos. Sin embargo, pese a la decepción inevitable, esta vez sí coincido con el presidente Ramírez. Esta Unión Deportiva sí merece un nuevo voto de confianza, por masoquismo. Quizá Javier Vidales merezca un último ejercicio de paciencia y aplomo, y encamine, a partir de ahora, el rumbo del equipo. Y me resulta inexplicable, con el dolor del 2-3 abrasándome todo el cuerpo, que hoy vuelva a tener ilusión en el próximo partido contra el Girona. Nadie nos dijo que nacer con el corazón amarillo y azul fuera un devenir sencillo y feliz. Me doy unas palmadas en el pecho. ¡Bendita condena! cómo dicen algunos.

Por Jonás Oliva

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