Yo estuve allí, por Eduardo Hernández Salas

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Foto: UD Las Palmas

OPINIÓN | Seguramente cuando estés leyendo esto –si has nacido después de 1978–, no recordarás que tal día como hoy de hace 40 años nuestra UD Las Palmas disputaba a un todo FC Barcelona la final de la Copa del Rey en el Estadio Santiago Bernabéu de Madrid.

Desde el día 16 ya empezaron a despegar aviones con destino a Madrid: llenos de aficionados que con sus camisetas y bufandas amarillas a lo largo de aquellos días y hasta horas antes del comienzo del partido volcaron sobre la capital de España a aquella bulliciosa y alegre marea amarilla. Con sus timples, guitarras y chácaras pusimos «patas arriba» a una ciudad que nos acogía con cariño y ánimos como si fuéramos su equipo. Algo tendrá que ver que nos jugábamos la final ante el FC Barcelona.

Los Gofiones –todos al completo–, pusieron en la Plaza Mayor de la Villa la nota más emotiva de la jornada cantando el Himno de nuestro equipo y sobre todo el pasodoble «Islas Canarias». Era el día del fútbol canario, abanderado como siempre ha estado por nuestro equipo.

Sabíamos que aquel 19 de abril de 1978, ganando, empatando o perdiendo, iba a ser una fecha histórica para el historial de nuestro equipo.

Tres horas antes de comenzar el partido el Bernabéu lucía brillante y hermoso con aquellos colores amarillos en sus graderíos, a la espera de su Majestad el Rey y de los miles de espectadores canarios que agitando sus banderolas al viento, sus riqui-racas, y a los sones de «Andrés repásate el motor….» con Los Gofiones esperábamos impacientes a que los equipos saltaran al campo a disputarse la Copa del Rey.

Y llegó el momento tan esperado. Pero no quiero dejar pasar por alto en nombrar uno a uno a aquellos hombres que se batieron como «jabatos» en aquella final. Estos fueron –según creo recordar–: Carnevali, Gerardo, Roque, Felipe, Félix, Hernández (C), Noly, Jorge, Morete, Brindisi y Maciel. De suplentes: Pérez, Páez, Pepe Juan y Rivero. Entrenador, ni más ni menos, que Miguel Muñoz. Capitanes Hernández y Cruyff. Casi nada.

Todas las ilusiones albergadas hasta entonces se vinieron abajo, cuando el árbitro del partido Franco Martínez –omito el Don–, pita un penalti a favor del Barcelona, poniéndole el partido en franca ventaja para los catalanes. Aunque luego Brindisi marcó el gol amarillo, no fue suficiente ya que al final perdimos por 3 a 1, y la «rasquera» fue tremenda.

Pero amigos han pasado ya 40 años y todavía recordamos como si fuera ayer aquel regreso a Gran Canaria, ¡ni un solo viajero de aquel avión se despojó de la camiseta amarilla! Ha sido el único equipo canario que ha escrito con letras de oro el nombre de nuestra ciudad y por ende el de nuestra querida Gran Canaria, en la fiesta del fútbol español.

Que sepan todos los que nacieron después que nuestra UD Las Palmas fue y es grande, yo diría que muy grande. Y por eso para que no se les olvide… se lo dice «uno» que estuvo allí.

Eduardo Hernández Salas
Abonado número 571