Deportivo y Málaga contradicen a Ramírez

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MIguel Ángel Ramírez / Web Oficial

La temporada va llegando a su fin y el paso de las jornadas coloca a cada equipo en su lugar. La UD Las Palmas, que venció por la mínima ante el Córdoba y acaricia la permanencia a falta de tan solo cuatro fechas, está matemáticamente fuera de unos puestos de playoff a los que sí aspiran los otros descendidos el pasado año. 

Hace unas semanas, preguntado por la deriva de la UD Las Palmas, su presidente achacaba un mal común a los tres equipos descendidos el pasado curso a la Segunda División: no se habían adaptado a una categoría en la que se necesitaba más hombres que nombres. Cierto es que ni Deportivo, Málaga ni los amarillos han mostrado su superioridad presupuestaria en el terreno de juego. Pero las formas de terminar la temporada de unos y otros evidencia que el mal parado es la UD.

Sin opciones por arriba y aliviado por abajo, el letargo final del año para esta UD Las Palmas va a ser infinito. Regresará el baile de nombres y especulaciones y habrá que ver quién paga los platos rotos. Y es que no luchar por nada es a menudo el mayor síntoma de mediocridad, especialmente cuando uno compara plantillas y potencial de los equipos inmersos en los puestos que dan posibilidad de ascender en el mes de junio.

Saber reconducir la situación es una virtud poco habitual en este club. Pero sí se ha producido en los otros dos que han llevado un camino paralelo a la UD. El Málaga disfrutó este fin de semana de una goleada que le devolvía a los puestos de playoffs y el Deportivo suma siete puntos de nueve posibles desde que su directiva dimitió. Los gallegos están ya a un solo punto de meterse en la promoción por el ascenso y con un calendario relativamente favorable para ello tras superar una crisis de resultados a tiempo.

Por lo tanto, las palabras de Ramírez vuelven a caer en saco roto: en esta Segunda División hay tiempo para solventar todo tipo de contratiempos. Incluso una mala planificación anterior. A la UD Las Palmas le ha faltado cintura y mirarse en el espejo de los compañeros con los que descendieron al infierno de la mano.