Verdad y propaganda, por Pablo Checa

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Si el tiempo pone a cada uno en su sitio, muy mal lo ha debido hacer la Unión Deportiva Las Palmas hasta la fecha si, una vez transcurrido un tercio de la temporada más un partido, para un total de 15, está más cerca del descenso (7 puntos) que del ascenso directo (8 puntos), objetivo irrenunciable para la segunda plantilla más cara de la segunda competición nacional. Es este un dato objetivo, cuantificable y fácilmente comprobable. Imposible discutirlo. ¿Que por nombres en agosto era la mejor? Probablemente, pero ya se sabe que todos llevamos un entrenador en nuestro interior al que, tal vez, sacamos con demasiada frecuencia, con más o menos criterio, con nuestra razón como única y universal. Y es aquí donde radica el principal problema de esta UD. No en el entrenador, que también (más por Manolo Jiménez, con 14 partidos en la mochila, que por el bueno de Paco Herrera, con apenas uno), sino en tan potente plantilla.

Nombre por nombre, la pinta que tenía Las Palmas en agosto era inmaculada, guindas incluidas como Rubén Castro o Timor e, incluso, Raúl Fernández. Hasta se había conseguido a un tipo como Cala, tan solvente que recién llegado fue nombrado capitán. Lo dicho: la pinta, como en los mejores manjares, no podía ser mejor. El emplatado, perfecto. Cuchillo y tenedor: procedamos. Los primeros bocados, sabrosos. Los siguientes, sosos. Y la digestión, pesadísima. Apenas estamos más allá de los entrantes y la comida empieza a caer muy pesada. Algo falla. Dicen los puristas que hay que saber diferenciar entre buenos futbolistas, buena plantilla y buen equipo. Y en el caso que nos ocupa, a la Unión Deportiva le sobra de lo primero pero carece de lo segundo y tercero sin que, en este caso, importe el orden en un producto inalterable por lo malo.

Arrastra este grupo un grave problema de incompatibilidad, lo que deja entredicho a su discutida política deportiva. Y es que da la sensación de que se reunió un buen puñado de nombres sin el exhaustivo estudio combinativo previo tan necesario en el fútbol profesional. Un claro ejemplo, el tridente. Seguramente tendrá Herrera toda la razón cuando dice, convencido, que prefiere a Araujo muy cerca de Rubén Castro, lo que implica desterrar a una banda a Rafa Mir, donde está más solo que Tom Hanks en el rodaje de la angustiosa película “Náufrago”. Y el cuarto delantero, Pekhart, responde al mismo tipo de jugador que el propio Mir, por lo que tampoco es que haya mucha alternativa en el banquillo. Y si el equipo juega con tres delanteros, condenas al centro del campo, donde Timor, Galarreta (ahora lesionado), Javi Castellano, Maikel Mesa o Tana no consiguen hacerse con el control. Y así podríamos estar toda esta tribuna, pero bueno es que el amigo lector apoye con sus propias combinaciones o ejemplos y se produzca ese feedback tan necesario entre el periodista y “la calle”.

Como medida de urgencia, y ante la evidente proa al marisco con Manolo Jiménez en el banquillo, se vino Paco Herrera raudo a Gran Canaria. Insiste quien en esto escribe en que no tiene sentido poner en entredicho la capacidad del extremeño como entrenador, como tampoco lo tiene discutir a Jiménez. Pero, indudablemente, el fichaje del nuevo técnico amarillo tiene un marcado tinte populista. Se fue muy mal del club pero muy bien de Gran Canaria. Y pocas imágenes tan icónicas de aquella hermosa tarde de junio de 2015 como la suya abrazado a Ramírez y saludando a un EGC a punto de reventar de pasión. Quiere el presidente de la UD apagar con abundante agua el incendio provocado por la destitución de Jiménez, y nadie mejor para ello que Herrera. Si la gente lo quiere tanto, al menos no nos miran tanto a nosotros. Lo que se llama desviar la atención. Y que nadie se confunda. A quienes tenemos la suerte de seguir diariamente a la UD nos conviene, como a los que más, que el equipo esté en Primera División. ¿Qué los periodistas tenemos que apoyar al equipo? Por supuesto. ¿Cuál es la mejor forma de hacerlo? Contando la verdad con toda la solidez argumental posible. Lo contrario es engaño, panfleto y propaganda. Y a mí, al menos, no me pagan para eso.

PD: De la política de precios hablamos otro día 😉

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