Estirar el chicle

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Suena a tópico manido, pero la UD ha vuelto a dejarse puntos en una carrera por el ascenso en la que compite claramente en desventaja. Ahora sólo falta saber el momento exacto en el que se dejará de estirar el chicle para convertir este gran proyecto en uno que no cumple las expectativas. 

Víctima de su pasado, o no, Las Palmas vive en un bucle peligroso del que no termina de salir. Hace unos meses un punto ante el Zaragoza habría sido un buen síntoma, pero las circunstancias hacen que la UD esté en un punto donde, por un lado, ve el vacío y, por el otro, se mantiene en una cuerda floja en la que no son capaces de sostenerse con ningún tipo de argumento futbolístico porque ya han dejado pasar demasiados trenes desde la llegada de Paco Herrera como salvador a la isla.

A 18 jornadas del final, la mejoría de los amarillos se ha dejado notar a cuenta gotas con un dominio de los partidos en los que su falta de pegada les ha condenado. Como en otro contexto, hoy ante el Zaragoza los insulares no fueron capaces de matar el partido en el momento justo y lo acabaron pagando con creces. El mano a mano de Fidel estará esta noche en la cabeza de muchos, rumiando como la oportunidad perfecta para darle la gran estocada final a un rival directo ahora mismo en la tabla.

De ese modo, ahora todo pasa porque los de arriba empiecen a perder puntos de forma demencial y que la UD comience a sumar de forma constante, en casa y fuera, para que esto cambie. El discurso a principio de temporada era el de conseguir que este equipo cambiase su dinámica perdedora que arrastraba, que cogiese color y que encontrase en la figura de Manolo Jiménez su mesías particular: sin jugar un fútbol preciosista, lo que se buscaban eran victorias que sostuviesen un proyecto millonario.

Sin embargo, la realidad ha sido distinta y desde la victoria ante el Málaga en el Estadio de Gran Canaria no se ha vuelto a ver a ese equipo que aspiraba al ascenso, sino más bien todo lo contrario. Las muestras de su propia enfermedad se vieron reflejadas en su duelo ante el conjunto maño: ocasiones que se van al limbo, equipos contrarios que con poco generan peligro, pese a la mejoría defensiva, y una valentía a la hora de atacar que ha llegado bastante tarde para la gesta que se busca.

Por todo eso, y aunque la UD quizás mereció más en la noche de hoy, sólo queda estirar el chicle, aunque no sepa ya a nada, para saber hasta cuándo podrá el equipo mantener viva la llama de los objetivos marcados. Aun así, queda poco.