Crónica de una muerte anunciada y la esperanza de un Mel-agro, por Javier Fernández

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Javier Fernández de Angulo

  Lo que mal empieza, mal acaba. Llegó nuestro apreciado Paco Herrera de manera precipitada, con el equipo en playoff, y la prensa, directiva y afición queriendo ascender en la jornada 20. Aterrizaba Herrera en Barcelona alejado de nuestra liga y nuestro equipo. Primer partido, primer sopapo, cayeron cuatro, y no nos enteramos porque volvieron a caer cuatro en Córdoba y cuatro en Lugo.  Dejamos de meter goles, y empezamos a encajar. El logro era empatar. Cuando un entrenador ya dice, “Sueño con no perder los próximos partidos” como declaró Paco, es que el equipo que debe ascender está enfermo. Hay partidos que pierden los jugadores, como hay algunos que gana la afición. Pero también hay partidos clave que pierden los entrenadores, nos pasó el año pasado contra el Levante, un equipo hundido de derrota en derrota y un planteamiento equivocado con un espíritu poco aguerrido. Los mismo sucedió en Alcorcón, un equipo sin ganas de morder la victoria,  paseando  por la península con más pena que gloria. No pudimos contra el colista con diez.  Mel viene, tarde, pero viene. Con blasones y experiencia. Y viene tras una hecatombe, Herrera vino para que rezáramos semanas después, “Virgencita que me quede como estoy” .

Si creemos en los milagros, o mejor en los Melagros, hablaremos de San Pepe Mel. Lo importante es creer, y seguir con la ambición que teníamos en la jornada 1.  Suerte y al toro maestro. Además, como escritor le pedimos que escriba algunas líneas de gloria de nuestra querida Unión Deportiva Las Palmas. Argumentos no faltan. Por ahora no salimos del género tragedia.

por Javier Fernández de Angulo
Editor de la revista Gentleman en México
Ex director de GQ, y subdirector de ELLE y VOGUE en España

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