La victoria amansa a las fieras

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Convulsa había sido la semana con la discutida salida de Juan Manuel del banquillo. Y no precisamente por inesperada sino más bien por las formas en las que se sucedieron los acontecimientos. Odiado por unos e idolatrado por otros, el ya ex-técnico amarillo mantenía aún el crédito ganado la pasada temporada gracias a una espectacular remontada que rescató al equipo de las catacumbas para auparlo en la zona tranquila de la clasificación.

El faltal desenlace encadenó una corriente de opinión contraria a las maneras empleadas por la dirección del club para tomar la decisión de cesar a Rodríguez. Inmediatamente los jugadores y Miguel Ángel Ramírez se convirtieron en las víctimas elegidas por un sector mayoritario de la prensa para ofrecerlos como culpables de un despido inédito en sus formas.

La decisión del Presidente, criticada por muchos, ponía al club contra las cuertas a pocas fechas del trascendental partido contra el Celta de Trashorras. Ramírez se aprestaba a un juicio popular en el llevaba poco que ganar y demasiado por perder. Los de siempre afilaban sus dientes para dar el primer bocado en la yugular.

El recambio en el banquillo había que buscarlo en casa. Así se lo había manifestado el Presidente a Juanito Rodríguez cuando se acordó la destitución de Juan Manuel. Todas las miradas se dirigieron a Vidales, conocedor al máximo de la plantilla y mano derecha y hombre de confianza del director deportivo.

Vidades recuperó la sonrisa de los jugadores. Descargó un saco de ilusión y con las mismas piezas armó un equipo donde antes había banda. Ajustó los engranajes, adelantó líneas y aumentó la presión. Y Las Palmas fue otra.

Con la victoria cambiaron los titulares derrotistas, los jugadores recuperaron la confianza perdida y Vidales salvó el match ball que lo mantenía en el punto de mira. El cambio de rumbo había surtido el efecto deseado. Que no sea flor de un día.